Necesidades… no tan necesarias

IntimidadesPara ella lo más importante es una relación amorosa. Y yo le digo que no puede pensar así, que tiene que aprender a vivir su vida sabiéndose capaz de sentirse plena con las cosas que de por ella ha de hacer y hace. Me dice que no le importa, que yo no soy capaz de entenderla porque nunca he enfocado mi vida en saberme dependiente de nadie y que soy feliz cuando me disfruto libre.

Me dice de hablar ahora, precisamente ahora que yo estoy viendo el Noticiero y hasta me emociono con este lío de la apertura de la embajada de Cuba en Washington. Le digo que me espere en el portal que ya voy para allá. Ella llora desesperada. Yo la escucho. Agrega que le importa poco o “un carajo” lo que va a pasar entre estos pueblos, que el centro de su vida -repito- es una relación amorosa.

Mi amiga se ha muerto estando viva. Mi amiga no vive porque no se conoce. “Para ti esto no es importante Joha, nunca lo ha sido, tú eres diferente, tú te vas, tú vienes, tú estás bien con alguien y si no sirve, pues lo arrancas y sigues, tú puedes hacerlo todo sola… yo no”. Yo necesito una relación amorosa. Pero amorosa de verdad, no vivir con alguien como si fuera mi hermano”.

Le presto mis oídos, la escucho con atención y le digo par de disparates que ni sé cómo pudieron haber salido de mi cabeza. Las amigas de verdad se ayudan ¿no? Y esta es amiga mía en palabras mayúsculas.

Y luego me quedo pensando. ¿Será que le dije algo alocado? ¿Será que fui insensible a su pena?

¿Será que soy yo la que no entiende nada de la vida? Puede ser. Todo puede ser cuando uno solo es una aprendiz.

Ella me duele y me duele su tema. Es que me jode el hecho de que otros necesiten de algo, más -incluso- de lo que pueden llegar a desearlo o quererlo. Cuando comenzamos a depender, comenzamos también a morir de algún modo. Y eso, es lo único que no he querido hacer en ese “lío” de las relaciones. Tal vez por eso Yaimi no me entienda. De verdad.

Anuncios

Estado Catatónico

Avión por encima de las nubesHace más de un mes que no actualizo este blog. A lo mejor (o a lo peor) estoy tan ocupada que ya no tengo tiempo para escribir. O a lo mejor era -¿soy?– tan feliz, que simplemente, ya no escribo.

Iba a escribir sobre mi maternidad en su tercera edición; a propósito del 7 de junio. Iba a escribir sobre eso del robo de agua al pueblo de Artemisa para abastecer una siembra ilegal de Marihuana (es que eso de tapar la verdad me fastidia, que digo fastidia, ¡eso me jode!), iba a escribir… de cualquier cosa. Pero era -¿soy?– tan feliz y ando tan ocupada, que apenas recuerdo con alguna nostalgia los ratos en los que el teclado se disparaba solo en Mis Razones…Por eso no escribí. Dejé este espacio cerrado; y no precisamente Sigue leyendo

Espejismo

EspejismoIban solos. Iban en un auto por los tramos de la autopista. Ella iba con miedo. Él no sé. Ella conversaba y sentía que él la veía diferente. Hablaron con la certeza de que no sería la última vez en la cual estarían frente a frente. Hablaron más con los ojos, con la mirada, con los latidos -quizás intensos- de la bomba que los traía medio inquietos.

Su boca era lo más ansiado desde que lo descubrió; pero era lo más temido. Iban en ese auto y cruzaban un paisaje de ensueño; pensaban que habría otro encuentro; una próxima vez.

Se despidieron con un abrazo especial. Fue un encuentro extraño; pero grato. Ella -ahora que lo piensa- tuvo deseos de besarlo, de seguir conversándolo, de tenerlo.

Él las tuvo más. Una mujer como ella provoca la resistencia de pocos hombres. Nada sucedió. Él se fue a dos horas de ella y a unos cuantos kilómetros. Sigue leyendo

Presagio

Delfines

¿Y entonces… que sentiste?

– No sé…

– ¿Qué es lo que no sabes?

– Bueno… no sé exactamente que sentí. Sentí positivo, sentí mucha empatía, me sentí protegida, segura… no sé…. Somos amigos, lo normal era sentir así…

-¡¡¿¿Amigos??!! ¡¿Amigos?!… No me hagas reír. Ustedes no son amigos. Primero, apenas se conocen, y segundo… ¿quién te dijo que un hombre y una mujer como tú pueden ser amigos? Tú sabes que ese tipo no quiere ser tu amigo…

– Oye… ¡para, ¿si!? Que apenas nos conocemos es verdad, pero es mi amigo; y un hombre y una mujer como yo SÍ pueden ser amigos, ahí te equivocas. Él y yo somos amigos, o al menos intentamos serlo…

– ¿Tú estás segura de que será solo amistad?

Iba a responder premeditadamente. Pero pensó unos segundos. Segundos suficientes para recordar la ternura y el brillo en la mirada, para verlo aun sabiéndolo tan lejos, para sentir que estaba admirando muchas cosas en él…

– Segura, segura… no estoy. Nadie está seguro de nada en esta vida; solo de la muerte. No sé si será solo amistad. Lo que sea, intuyo, va a funcionar, y eso sí lo sé con certeza.

– ¡Mmmm!!! ¿Y cómo puedes asegurarlo entonces?

– ¡Por la Química!

Me visto de mi

Femme FataleQuizás ella tenga razón. Quizás me hayan perseguido los fantasmas. Quizás mi recato fue la forma más sutil de explicar -como ella misma dice- los amores de cine, la soledad en el alma, el romanticismo a flor de piel, los desvaríos… Quizás…

Quizás esa señorona de los 40´ que habita en la foto sepa mirar y pensar con la picardía inagotable de una mujer de verdad. Quizás -cuando es sensata- tenga escrúpulos; o quizás no, cuando pierde la cordura.

Quizás sea mala o calculadora… o quizás sea transparente y sincera… Sí, quizás esa señora de los años 40´ que se fuma un pitillo al mejor estilo Femme Fatale pueda transformarse y extraer lo que quiere a través de un insaciable apetito sexual o a través de una mirada cautiva que seduce, que enloquece, que enamora…

Quizás la señora glamourosa de los años 40´ -que ella vio en la foto- y yo, seamos la misma persona… o tal vez no…

La imagen tiene puesto un traje. Un traje que desnuda su alma, que también es la mía. La de la imagen soy yo.

… Y yo, en todos los escenarios, prefiero vestirme de mi.

Anteojos

Anteojos

Nunca los uso. No me gustan porque ocultan mi verdad. Ocultan mis ojos. Y mis ojos son los que delantan mi interior, mis sentimientos.

Muchos me han dicho que si no uso gafas cuando entre en los ta´ (treinta) voy a parecer más vieja, que tendré patas de gallina, que se manchará mi cara, que se me caerán los párpados, que se me fastidiará la vista por el sol que me castiga en la calle las veces que salgo sin anteojos.

Y a mi qué. No saben ellos que las gafas me quitan lo transparente. No saben ellos que raras son las ocasiones que me expongo al sol sin cuidados; uso sombrillas, camino por la sombra y si el sol es muy fuerte como en los meses de julio y agosto, salgo en las noches. Así me conservo. Pero sigo sin usar anteojos. Sigue leyendo