Notificaciones

mujer-carreta-2Yo no puedo escribir. Al menos no ahora. No hoy. Tengo demasiado trabajo, estoy leyendo mucho, estudiando además otra vez y presentándome para formar parte de un centro de formación literaria. Solo me asomo para escupir dos cosas:

a-) Recibí esto: “Inmerecido… Agradecido”. Quiero responder esto: “Me da la gana”. De eso se trata la vida, ¿no? De hacer lo que nos da la gana/deseo/instinto/impulso… etc. En esencia, de vivir… Y que no viva el orgullo! Aunque bueno, vive el orgullo. No respondí.

b-) Acaban de proponerme por primera vez en la vida un trabajo cuya condición es tener buena presencia. Así. Tal cual se lee: “Necesitamos alguien como tú”. (Pensé, uff, “están buscando a alguien que gestione los social media, que organice y gestione sistemas de información o que escriba, periodísticamente hablando). Y no. No era eso. Necesitamos una muchacha de buena presencia física, o sea, una niña linda”.

El mundo se está volviendo loco. Se queda en blanco y negro o aparecen nuevos colores. A estas alturas ya ni sé.

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Láser

 Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Nada que escribir. Mis ojos están de reposo. Me asomo por aquí solo para que mis lectores del blog lo sepan. Mañana me opero. Dice el médico que no puede hacerme la refracción hasta tanto no me opere del ángulo, que lo tengo muy estrecho y que el láser va impedir que desarrolle luego, más tarde, un glaucoma de ángulo estrecho. Yo tengo mucho miedo. Pienso que será sencillo, que saldré bien. Pero temo. No me indispongo, me predispongo; que no es igual. Me sucede con todo. Le pregunté al médico si podía dejar de hacerme ese tratamiento y me dijo que no. Que era si o si si no quería terminar ciega, como mi bisabuela. Mientras dejo listo todo lo del trabajo que no me tendrá esta semana, tomo tilo. A lo mejor mañana llego al hospital más calmada. No lo he dicho mucho. Nadie sabe que me opero y menos de mi miedo. Ay, el miedo. Ese y yo tenemos historia. Pero no les voy a contar. No ahora. Voy en mute hasta que mis ojitos sean dados de alta. Hasta ese entonces, deséenme suerte. (Si es que eso existe).

Consecuencias

Foto: Aliet Arzola Lima

Foto: Aliet Arzola Lima

Facebook está en efervescencia. Mi página de inicio lo confirma. Mi mundo está loco. Bien loco. La gente se arma de broncas aquí; que luego son broncas en la vida no virtual. Me etiquetan y logro ver todo. Más de lo mismo (Pienso). Ojalá se pongan de acuerdo (Pienso). En tanto, yo estoy prefiriendo ser feliz fuera de Facebook. Este fin de semana sentí el trueno más grande que jamás había sentido. ¡Qué cosa tan estrepitosa! Me mojé bajo la lluvia y chapoteé con los charcos y fue tremendamente divertido. Fui a mi pueblo otra vez a ver a una amiga grande que está solo de paso por Cuba. La pasamos increíble. Mi hija me dijo que yo era peleona igual que Oslidia, su seño del círculo. Me dio mucha gracia eso. Me la comí a besos. Estoy pesando casi cinco libras más. Ya tengo el corte de cabello de María Clara, la muchacha de la novela brasileña de turno. Me queda exactamente una semana para echarme otro año más encima -que no lo voy a sentir- y para pasar mi cumpleaños en un aula recibiendo clases, como antes, cuando era estudiante. Estoy haciendo cosas. Muchas cosas…

Plenitud. Creo que así se nombra el estado en que me encuentro.

Cleptómana

Tomada de Internet

Tomada de Internet

Desde que era niña me enseñaron a distinguir los colores. Lo blanco era bueno y lo negro malo. Por tanto intuí que el día era bueno y la noche mala. Gritar, ofender, dar pataletas, contradecir a mis padres, faltar a la escuela, no estudiar y ser egoísta con mis amigos era malo. Y muchas cosas más lo eran. Llevarle una flor a la maestra, ser dulce con todos en casa, utilizar las palabras mágicas de “por favor” “permiso” y “gracias”, respetar horarios, ayudar a los más jodidos y portarme bien era bueno. Y muchas cosas más eran buenas.

Después toda esa percepción cambió. Nunca se es ni tan bueno, ni tan malo. Eso viene a suceder también con las cosas. El absolutismo es repugnante. Nadie debería ser absoluto. Robar, por ejemplo es malo. Y yo soy una ladrona. Y soy buena. (Y mala también). Mi perversión está en robar solo papeles higiénicos. Toda mi vida he robado de los lugares adonde voy, (específicamente de los baños públicos de hoteles y centros de visita) rollos de papeles higiénicos. Me causa un placer casi orgásmico. Me gusta ver como estiro y sale la servilleta blanca, limpia, suave… Y mientras voy halando envuelvo en mi mano la tira de papel y hago con ella una cuerda con la que -según mi perspectiva- puedo dominar el mundo. Acaso la convierto en un lazo con el cual capturo mi objetivo: Amarrar las personas, taparle la boca a un inepto, atar las manos de otro ladrón (pero de sentimientos y objetos caros), trazar un puente blanco y fino que no me deje mojar por los charcos, limpiar mis manos de la suciedad…

Hace unos días robé de uno de los baños de los jardines de un hotel todo el papel higiénico que pude. Mientras lo sacaba del rollo iba imaginando a un hombre malo al que debo matar. Me imaginaba atándolo con el papel y asfixiándolo con mis nalgas encima de su cara, con sus manos inmóviles y mi cuerpo balanceándose sobre su cuerpo.

Desde que era niña me enseñaron a distinguir los colores. Lo blanco era bueno y lo negro malo. Mi perversión está en robar solo papeles higiénicos… Pero existe un hombre malo al que debo matar; y la maldita circunstancia indica que he de robármelo primero.

Cólera, ¡no me entres!

hija madre abueloLa idea es la siguiente. Supongamos que mi madre (que adoro) es el Partido Demócrata y yo (que me adoro) soy el Republicano:

“¿Con quién hablabas por teléfono?”No te pongas esa ropa para trabajar”. “¡Quítate ese short para ir a la calle!” “Con esa saya estas muy corta”. “¿Quién ese hombre que te dio botella?” “¡Que la niña se duerma antes de las 9 de la noche!” “¿Tienes que estar el día entero sin trabajar frente a la computadora?” (Como si me causara más placer este trabajo que hago para ser una mujer que vuela alto por salir del nido que unas vacaciones en Varadero) “¿Por qué te ríes ahora revisando el correo?” “¿Y tú tienes algo importante que andas tan elegante?” “¿Y por qué no te peinas con ese flequito que…? ” ¿Te demoras?” “¿A qué hora era la reunión?” “Compra la carne, y se acabó el aceite ya” ¿Adónde van tú y la niña ahora?… 

Es una lista infinita de preguntas y deberes. Y yo -que he aprendido a ser más sensata- soy paciente. A veces temo convertirme en ella cuando mi hija tenga mi edad. (A lo mejor es bueno, porque eso así, he de reconocer que mi madre es el ser humano más noble que existe, aunque no pensemos igual).

Hoy en la mañana, antes de salir a la calle, sentí una nostalgia inmensa. Yo; que desde la cuna he sido una mujer de las que siempre ha pujado por volar anduve llorona y sensible. He de confesar lo que me pasa. Tengo unas violentas ganas de abrazar a mi papá.

 

 

 

El post que debía a Halia (otra vez)

Johanna y HaliaHoy es 13 de agosto. Y  a mí me importa poco eso de las fechas. Pero esta fecha es marcada y (tengo, debo), siento que jamás he de olvidarla.  Hoy es el día en que nació Halia, mi pequeña gigante. Mi amiga. Mi amiga de verdad. Otra de las que se (me) fue.  Tod@s, mis amig@s (que son poc@s) de verdad, se van. Esto lo escribí el mismo día en que Halia se fuera. Hoy lo retomo porque desde mucho antes de las 12 de ahora mismo, yo estoy ansiando llamarla. A lo mejor ando triste y feliz. A lo mejor la extraño. A lo mejor…

PD: ¿Ven la foto? Halia ya vino a Cuba, y nos volvimos a ver 🙂

Esta es la remembranza (en el link) que parí cuando ella se fue y se me apretó tanto el pecho…

9 de octubre, 10:40 PM Acabo de colgar con la madre de Halia. Griselda tiene la voz llorosa, triste, afligida. Sé que hoy y mañana, lo pasará así. Y sé que no solo estará así esta noche, ni mañana …

Origen: El post que debía a Halia

Mientras mi casa duerme…

desorden de juguetes niñaSon las 0:32 AM, o lo que es lo mismo 12:32 de madrugada. Ando sin sueño, pero he de acostarme a descansar. Estaba frente al ordenador y mi vejiga apretada me empujó a ir al baño. No quería levantarme porque escribía un correo que me iba a ayudar a quitar sueños fangosos. Terminé el correo. Pulsé “send”. Y fue inevitable: Corrí al baño. Luego me vi en el espejo. Me cepillé los dientes. Caminé al cuarto de mi madre. Las vi dormir a las dos… Sonreí.

Ya en la sala, alcé los pies, tropecé con pomos de pintura vacíos, con dos peluches, con la sillita naranja pequeña… y con el sofá. El sofá de mi casa parece un árbol de las más felices navidades. A veces yo misma me quejo de ese desorden. Cuando eso pasa, vienen a mí de forma automática las palabras de aquella anciana (bisabuela de Isabella) que osó decirme un día “No, no te preocupes por los juguetes. La casa que exhibe ese tipo de reguero, es una casa feliz. En la casa donde no hay un niño no hay felicidad y ese reguero no debería inquietarte”. Y es entonces cuando me rio sola en medio de la sala a la 1:10 de madrugada. Y es entonces cuando saco la cámara y hago esta foto y vengo a mi blog y lo actualizo… Y digo que soy feliz y apago la PC… y me acuesto.