Que se llama soledad

Mujer mirando al mar

Foto de la autora

A veces creo que tengo un pacto con la soledad. O que ella me persigue. O que yo nací para esta relación amor odio que nos tenemos. No le tengo miedo. Pero me inquieta. Sobre todo en las noches; cuando tengo demasiado tiempo para pensar. A veces hago inventarios. Analizo todo lo que he ganado y perdido en el último tiempo. Analizo cuán sola estoy en verdad o si no lo estoy tanto. A estas alturas tengo ya una hija; que no pedí por aquel tiempo ni busqué, pero que me cayó del cielo y me arregló la vida. Es ella la única persona en el planeta a la cual le profeso paciencia. Ella me ha sabido educar. Y me acompaña. De verdad lo hace y de la manera más hermosa. De la manera más sincera. A estas alturas he tenido los hombres que me ha dado el deseo tener. Y he estado, muchas veces he estado, demasiado sola teniendo dizque “compañeros”. He tenido buenos amigos que aún son buenos amigos y he perdido buenos amigos que ya no lo son. Y he llorado. En el último tiempo he llorado más por los amigos que por los amores. Mis amigos, los buenos y los malos, me han dejado completamente sola. Todos se han ido de aquí.  Y el que se quedó… el que se quedó en mi orilla -aún en ella- está demasiado distante. Y no hay remedio porque duele. He intentado trabajar dignamente con mi título universitario; pero me ha dolido demasiado engañar a los que sí culpables no son. Entonces he tratado de moverme a través de perfiles afines. Y no ejercer. Porque si ejerzo aquí me van a matar. Porque ser demasiado sincera no sirve en este sitio. Juro que no. He intentado cerrar todos los capítulos de mi vida para seguir en paz: con los hombres, con amigos, con colegas. Unas veces me ha salido bien, otras he tenido que esperar desesperadamente por el tiempo sanador. He tenido ganas de matar, de llorar, de reír, de correr; sobre todo en las noches en que estoy sola.

A eso he llegado en el último tiempo: a una soledad espantosa Sigue leyendo

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Epístola

La Habana, febrero 17 de 2017

Amor mío:
Hoy se cumplen quince días de nuestro primer encuentro y desde entonces tengo repeticiones que me devuelven otra vez a ese lugar de La Habana que hicimos temblar.

Yo no sé, amor,
qué será de mi vida luego de esa explosión
ni adónde van mis pasos torpes
por estas calles
en las que no te encuentro.

Yo me levanto y nos veo juntos en esa imagen donde me besas o en aquella donde sonríes, y me tiro de la cama, y me acomodo el pelo, y permanezco inmóvil unos minutos pensando en la única posibilidad que tuvimos… Y salgo a la calle, y me visto bonita como si nos tropezáramos otra vez en esa esquina de Galiano y me tomaras de la mano y no me dejaras ir jamás… Por algunos minutos pienso en tu asustada reacción y en el primer abrazo Sigue leyendo

Notificaciones

mujer-carreta-2Yo no puedo escribir. Al menos no ahora. No hoy. Tengo demasiado trabajo, estoy leyendo mucho, estudiando además otra vez y presentándome para formar parte de un centro de formación literaria. Solo me asomo para escupir dos cosas:

a-) Recibí esto: “Inmerecido… Agradecido”. Quiero responder esto: “Me da la gana”. De eso se trata la vida, ¿no? De hacer lo que nos da la gana/deseo/instinto/impulso… etc. En esencia, de vivir… Y que no viva el orgullo! Aunque bueno, vive el orgullo. No respondí.

b-) Acaban de proponerme por primera vez en la vida un trabajo cuya condición es tener buena presencia. Así. Tal cual se lee: “Necesitamos alguien como tú”. (Pensé, uff, “están buscando a alguien que gestione los social media, que organice y gestione sistemas de información o que escriba, periodísticamente hablando). Y no. No era eso. Necesitamos una muchacha de buena presencia física, o sea, una niña linda”.

El mundo se está volviendo loco. Se queda en blanco y negro o aparecen nuevos colores. A estas alturas ya ni sé.

Láser

 Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Nada que escribir. Mis ojos están de reposo. Me asomo por aquí solo para que mis lectores del blog lo sepan. Mañana me opero. Dice el médico que no puede hacerme la refracción hasta tanto no me opere del ángulo, que lo tengo muy estrecho y que el láser va impedir que desarrolle luego, más tarde, un glaucoma de ángulo estrecho. Yo tengo mucho miedo. Pienso que será sencillo, que saldré bien. Pero temo. No me indispongo, me predispongo; que no es igual. Me sucede con todo. Le pregunté al médico si podía dejar de hacerme ese tratamiento y me dijo que no. Que era si o si si no quería terminar ciega, como mi bisabuela. Mientras dejo listo todo lo del trabajo que no me tendrá esta semana, tomo tilo. A lo mejor mañana llego al hospital más calmada. No lo he dicho mucho. Nadie sabe que me opero y menos de mi miedo. Ay, el miedo. Ese y yo tenemos historia. Pero no les voy a contar. No ahora. Voy en mute hasta que mis ojitos sean dados de alta. Hasta ese entonces, deséenme suerte. (Si es que eso existe).

Consecuencias

Foto: Aliet Arzola Lima

Foto: Aliet Arzola Lima

Facebook está en efervescencia. Mi página de inicio lo confirma. Mi mundo está loco. Bien loco. La gente se arma de broncas aquí; que luego son broncas en la vida no virtual. Me etiquetan y logro ver todo. Más de lo mismo (Pienso). Ojalá se pongan de acuerdo (Pienso). En tanto, yo estoy prefiriendo ser feliz fuera de Facebook. Este fin de semana sentí el trueno más grande que jamás había sentido. ¡Qué cosa tan estrepitosa! Me mojé bajo la lluvia y chapoteé con los charcos y fue tremendamente divertido. Fui a mi pueblo otra vez a ver a una amiga grande que está solo de paso por Cuba. La pasamos increíble. Mi hija me dijo que yo era peleona igual que Oslidia, su seño del círculo. Me dio mucha gracia eso. Me la comí a besos. Estoy pesando casi cinco libras más. Ya tengo el corte de cabello de María Clara, la muchacha de la novela brasileña de turno. Me queda exactamente una semana para echarme otro año más encima -que no lo voy a sentir- y para pasar mi cumpleaños en un aula recibiendo clases, como antes, cuando era estudiante. Estoy haciendo cosas. Muchas cosas…

Plenitud. Creo que así se nombra el estado en que me encuentro.

Cleptómana

Tomada de Internet

Tomada de Internet

Desde que era niña me enseñaron a distinguir los colores. Lo blanco era bueno y lo negro malo. Por tanto intuí que el día era bueno y la noche mala. Gritar, ofender, dar pataletas, contradecir a mis padres, faltar a la escuela, no estudiar y ser egoísta con mis amigos era malo. Y muchas cosas más lo eran. Llevarle una flor a la maestra, ser dulce con todos en casa, utilizar las palabras mágicas de “por favor” “permiso” y “gracias”, respetar horarios, ayudar a los más jodidos y portarme bien era bueno. Y muchas cosas más eran buenas.

Después toda esa percepción cambió. Nunca se es ni tan bueno, ni tan malo. Eso viene a suceder también con las cosas. El absolutismo es repugnante. Nadie debería ser absoluto. Robar, por ejemplo es malo. Y yo soy una ladrona. Y soy buena. (Y mala también). Mi perversión está en robar solo papeles higiénicos. Toda mi vida he robado de los lugares adonde voy, (específicamente de los baños públicos de hoteles y centros de visita) rollos de papeles higiénicos. Me causa un placer casi orgásmico. Me gusta ver como estiro y sale la servilleta blanca, limpia, suave… Y mientras voy halando envuelvo en mi mano la tira de papel y hago con ella una cuerda con la que -según mi perspectiva- puedo dominar el mundo. Acaso la convierto en un lazo con el cual capturo mi objetivo: Amarrar las personas, taparle la boca a un inepto, atar las manos de otro ladrón (pero de sentimientos y objetos caros), trazar un puente blanco y fino que no me deje mojar por los charcos, limpiar mis manos de la suciedad…

Hace unos días robé de uno de los baños de los jardines de un hotel todo el papel higiénico que pude. Mientras lo sacaba del rollo iba imaginando a un hombre malo al que debo matar. Me imaginaba atándolo con el papel y asfixiándolo con mis nalgas encima de su cara, con sus manos inmóviles y mi cuerpo balanceándose sobre su cuerpo.

Desde que era niña me enseñaron a distinguir los colores. Lo blanco era bueno y lo negro malo. Mi perversión está en robar solo papeles higiénicos… Pero existe un hombre malo al que debo matar; y la maldita circunstancia indica que he de robármelo primero.

Cólera, ¡no me entres!

hija madre abueloLa idea es la siguiente. Supongamos que mi madre (que adoro) es el Partido Demócrata y yo (que me adoro) soy el Republicano:

“¿Con quién hablabas por teléfono?”No te pongas esa ropa para trabajar”. “¡Quítate ese short para ir a la calle!” “Con esa saya estas muy corta”. “¿Quién ese hombre que te dio botella?” “¡Que la niña se duerma antes de las 9 de la noche!” “¿Tienes que estar el día entero sin trabajar frente a la computadora?” (Como si me causara más placer este trabajo que hago para ser una mujer que vuela alto por salir del nido que unas vacaciones en Varadero) “¿Por qué te ríes ahora revisando el correo?” “¿Y tú tienes algo importante que andas tan elegante?” “¿Y por qué no te peinas con ese flequito que…? ” ¿Te demoras?” “¿A qué hora era la reunión?” “Compra la carne, y se acabó el aceite ya” ¿Adónde van tú y la niña ahora?… 

Es una lista infinita de preguntas y deberes. Y yo -que he aprendido a ser más sensata- soy paciente. A veces temo convertirme en ella cuando mi hija tenga mi edad. (A lo mejor es bueno, porque eso así, he de reconocer que mi madre es el ser humano más noble que existe, aunque no pensemos igual).

Hoy en la mañana, antes de salir a la calle, sentí una nostalgia inmensa. Yo; que desde la cuna he sido una mujer de las que siempre ha pujado por volar anduve llorona y sensible. He de confesar lo que me pasa. Tengo unas violentas ganas de abrazar a mi papá.