Como pez fuera del agua

piernas-de-mujer-y-nina-jpgEstas gentes que me rodean son una larva
son paridos por una sociedad enferma
que emigra al lugar donde la
desesperanza no vive.
Todos se callan.
Al frente hay un hombre africano que
sintoniza el noticiero
a la derecha este otro lee la sección de humor del periódico
y el del primer asiento visita el mundo
mientras apunta con su dedo cualquier
goegrafía en el mapa.
Yo voy aquí
en este barco herrumbroso
que hace ruido
que no vive
con un ADN no marcado
por el comportamiento de quienes son la
masa
a veces no me encuentro entre los
obreros, ni los sufridos, ni los primeros
con privilegios
ciertamente no sé por dónde vago
ni las ciudades que visito
ni por qué el color violeta del que antes era un
mar turquesa.
Hay un loco que canta un rap a mi lado y
me agiganta con su coro el tiempo.
Yo quiero amar a un hombre para olvidar
la inercia
y
huir con ese hombre.
Pero hay un ancla en este puerto que no me
deja.

El amor se acaba cuando comienza el hambre

piernas-de-mujertengo unas piernas perfectas que me llevan a dónde está el infinito
y unos ojos que cuando miran fijo matan
sin embargo no soy feliz ni he sido ni seré
porque el amor se acaba cuando comienza el hambre
y este planeta sin comidas sin aguas sin afanes
está ahogando el mundo.
hay robots sin corazones y sin cerebros
y no digo que no
todos los hombres me han amado y yo no sé
si los amé o amé el tiempo en que salvaron mi soledad
con otra soledad más intensa
no hay peor melancolía que vivir en compañía
y hablar todas las noches
con la almohada
con las alcobas vacías
con la añoranza.
es difícil
porque el amor se acaba cuando comienza el hambre
y yo con mis piernas perfectas que me llevan a dónde está el infinito
y con mis ojos que cuando miran fijo matan
ni soy ni he sido ni seré feliz
porque es el planeta quien muere de hambre.

Un pasaje a dónde

gota-de-agua

Foto: Leslie Lister Reyes

A mi hija, porque los 59 kilómetros son por ella…

Le pagué veinte pesos. Eran las 5 y trece de la tarde y yo estaba en la esquina más céntrica y bulliciosa del Vedado. Me daba náuseas. En el horario normal anochece a más tardar las seis. Y la esquina de 23 y L era, en aquel momento, una mezcla de depresión y ansiedad. Llovía. Dijeron en el noticiero que iba a entrar un frente frío y eso siempre se acompaña de lluvia. Yo no había visto la televisión para saber. No podía traer sombrilla entonces. Y allí estaba. Mirando a un padre canoso con un niño mojado cruzando la avenida 23. Ellos andaban como yo, aturdidos y sin paraguas o sin capa; o lo que sea. Mojándose. O maldiciendo al país. O al clima. O al Caribe. O a la suerte.

Yo me cubría la cabeza con una bufanda que le hago colgar siempre al asa del bolso. Me gustan. Al igual que las pamelas. Creo que son prendas que no deben faltarle a una mujer. Las hace lucir muy femeninas. Con mucha personalidad. Supongo que la gente estaría pensando que yo era religiosa porque parecía una monja con aquel turbante enredado en la cara. Y a mí qué me importaba lo que creía la gente. Yo lo que no quería eran más golpes en mi vida, y las gotas de lluvia en mis cachetes eran eso: Golpes. Entonces cuando ya no soportaba mi cara y mi pelo mojados, el chofer de un moscovich blanco, destartalado y seguramente igual a todos los moscovich de Cuba se me parquea delante:

-Chofe, ¿ceguera?

-Sí, pero son veinte pesos

Le hice una mueca casi imperceptible. “Coño e´ tu madre”, fue lo primero que Sigue leyendo

Cólera, ¡no me entres!

hija madre abueloLa idea es la siguiente. Supongamos que mi madre (que adoro) es el Partido Demócrata y yo (que me adoro) soy el Republicano:

“¿Con quién hablabas por teléfono?”No te pongas esa ropa para trabajar”. “¡Quítate ese short para ir a la calle!” “Con esa saya estas muy corta”. “¿Quién ese hombre que te dio botella?” “¡Que la niña se duerma antes de las 9 de la noche!” “¿Tienes que estar el día entero sin trabajar frente a la computadora?” (Como si me causara más placer este trabajo que hago para ser una mujer que vuela alto por salir del nido que unas vacaciones en Varadero) “¿Por qué te ríes ahora revisando el correo?” “¿Y tú tienes algo importante que andas tan elegante?” “¿Y por qué no te peinas con ese flequito que…? ” ¿Te demoras?” “¿A qué hora era la reunión?” “Compra la carne, y se acabó el aceite ya” ¿Adónde van tú y la niña ahora?… 

Es una lista infinita de preguntas y deberes. Y yo -que he aprendido a ser más sensata- soy paciente. A veces temo convertirme en ella cuando mi hija tenga mi edad. (A lo mejor es bueno, porque eso así, he de reconocer que mi madre es el ser humano más noble que existe, aunque no pensemos igual).

Hoy en la mañana, antes de salir a la calle, sentí una nostalgia inmensa. Yo; que desde la cuna he sido una mujer de las que siempre ha pujado por volar anduve llorona y sensible. He de confesar lo que me pasa. Tengo unas violentas ganas de abrazar a mi papá.

 

 

 

El post que debía a Halia (otra vez)

Johanna y HaliaHoy es 13 de agosto. Y  a mí me importa poco eso de las fechas. Pero esta fecha es marcada y (tengo, debo), siento que jamás he de olvidarla.  Hoy es el día en que nació Halia, mi pequeña gigante. Mi amiga. Mi amiga de verdad. Otra de las que se (me) fue.  Tod@s, mis amig@s (que son poc@s) de verdad, se van. Esto lo escribí el mismo día en que Halia se fuera. Hoy lo retomo porque desde mucho antes de las 12 de ahora mismo, yo estoy ansiando llamarla. A lo mejor ando triste y feliz. A lo mejor la extraño. A lo mejor…

PD: ¿Ven la foto? Halia ya vino a Cuba, y nos volvimos a ver 🙂

Esta es la remembranza (en el link) que parí cuando ella se fue y se me apretó tanto el pecho…

9 de octubre, 10:40 PM Acabo de colgar con la madre de Halia. Griselda tiene la voz llorosa, triste, afligida. Sé que hoy y mañana, lo pasará así. Y sé que no solo estará así esta noche, ni mañana …

Origen: El post que debía a Halia

Saga de una novia soltera

apaga la luzEs tarde. Y para ella el tiempo no ha corrido lo suficiente. Hubiese querido adelantar no solo horas, si no días a su reloj. Es tarde. Pero deambula por la casa, por ese silencio torpe. Un silencio que la castiga. Anda desnuda, como una vez se vio mojada frente al espejo de su cuarto. Pero ha dejado de existir. Ella no; el espejo. Se fue cuando se fueron aquellos recuerdos.

Va a la sala. Allí, se quema el pelo. Se alista para la jornada matutina. Ve cómo sale humo de sus cabellos, ahora más lisos. Ve el humo a través del espejo y con el vapor siente que se le va lo único que le viene quedando de memorias. Se recuesta al ordenador. Cruza sus manos. Piensa. Se aturde. Hay demasiado silencio. Intenta entender. Escupe la soledad. Piensa demasiado. Sacude una letra que quizás él esté disfrutando: “Hello, it’s me/I was wondering if after all these years/You’d like to meet, to go over everything/They say that time’s supposed to heal ya/But I ain’t done much healing”

Vuelve a quemar su pelo. Se quita el anillo del dedo anular. Apaga la luz.

Estado Catatónico

Avión por encima de las nubesHace más de un mes que no actualizo este blog. A lo mejor (o a lo peor) estoy tan ocupada que ya no tengo tiempo para escribir. O a lo mejor era -¿soy?– tan feliz, que simplemente, ya no escribo.

Iba a escribir sobre mi maternidad en su tercera edición; a propósito del 7 de junio. Iba a escribir sobre eso del robo de agua al pueblo de Artemisa para abastecer una siembra ilegal de Marihuana (es que eso de tapar la verdad me fastidia, que digo fastidia, ¡eso me jode!), iba a escribir… de cualquier cosa. Pero era -¿soy?– tan feliz y ando tan ocupada, que apenas recuerdo con alguna nostalgia los ratos en los que el teclado se disparaba solo en Mis Razones…Por eso no escribí. Dejé este espacio cerrado; y no precisamente Sigue leyendo