Tercera carta a mi madre 

Mamá:
Mi hermano y yo fuimos al cementerio, mamá. Fui porque como ya te dije, sé que en vida atendías a todos tus difuntos. Y tengo la cosa rara de que tu sepultura no esté fea ni desatendida. Habré de pagarle a alguien para que todos los fines de semana se encargue del lugar. Me sentí extraña tocando ese pedazo de granito brilloso y el cemento que selló la tapa de la bóveda. Hacía pucheros. Hablaba con Joan y le decía que esto que nos había pasado era mentira. Te pusimos margaritas porque no encontramos azucenas. Pero también son lindas. El cementerio estaba lleno de flores el día de las madres; pero ni así me gustó. Tú sabes que yo no presumo de hacer cuando no hay remedio. Entonces me parece demasiado sin sentido ir allí a llenar unas jardineras de flores domingo tras domingo. No es allí tu lugar y ese día me convencí. Es la segunda vez que esto me sucede en el cementerio desde que estás sepultada: Siento, cuando veo esa tumba, que no estás ahí. Así me pasó el día 20 de abril cuando me quedé al final sola después que se fueran los demás. Quería hablar contigo allí y no pude. Te puse una azucena y me fui. Ese domingo me sucedió lo mismo. Quería hablar contigo y no pude. Me parece demasiado estúpido hablar con un cuadrado de cemento. Entonces vine a la casa y me dispuse a hacer deberes. H soñó contigo. Dice que le dijiste que habías vuelto por mí para que yo viera que estabas bien dizque porque estabas preocupada por mi sufrimiento. Yo sufro sí, mamá. Pero ya es distinto. Es un dolor que no se va, pero… diría que se parecen a las contracciones del parto. Va y viene. O sea que me río, que disfruto, que paseo, que me sigo poniendo shores cortos y a veces hasta blusas cortas, que estoy loca por ponerme un bikini para ir a la playa, que quiero retomar la escuela de francés…. en serio estoy haciendo mi vida tal cual me pediste. No estás en el cementerio mamá. No lo estás. Estas aquí adentro mío, en mis memorias, en la carita de Isabella que se te parece tanto, en mi exquisita manera de hablar… y hasta en la taza de café que añoro en las mañanas, en tu olor que anda disperso por toda la casa cuando uso tu perfume. Quedarme muda frente a una sepultura de cemento y granito dos veces seguidas y venir a buscarte en mi interior me provoca un alivio inmenso. Yo me creía menos espiritual. Y tú debes estar contenta de que así no sea. No sé por qué me sucede. Concluyo de esto que tu lugar sigue estando junto a nosotros y no en un hueco oscuro donde un cuerpo putrefacto se descompone ahora mismo. Quiero darte las gracias por tu dedicación y tus regaños, de estos últimos he aprendido mucho ahora que te fuiste. Hoy el día me ha amanecido un poco agridulce mamá porque hace un mes que no te veo, pero Isabella me ha dado muchos besos y me ha hecho sentir importante. Como disco rayado enfatiza en que me quiere mucho mucho mucho. Está intoxicada por tercera vez desde que nació. ¿Te acuerdas la del año pasado? Pues así más o menos se puso este. Lleva tratamiento con antisthamincos. Parece que la niña me quiere en verdad. ¿Será entonces posible algún día estar a tu altura? Ayúdame a que sí.

Siguen pasando cosas feas. Ahora mismo recibí otra llamada horrible. De las mismas cosas feas que no quiero contarte. A veces me quedo perpleja de los horrores que tiene que ver una cuando falta alguien de la familia. Estoy deshecha por ratos y me asquea todo, mamá. Me asquea la familia de sangre que te envidia, me asquea el país, el gobierno, me asquean los vecinos (algunos). A veces tengo ganas de mudarme… A veces no. ¿Sabes? Hay un lugar… hay un lugar que me quita el pensamiento. Cuando me veo ahí es como sí me quitaran el cable que tengo conectado y de verdad despojara todo de mí y quedaran sólo las sensaciones. Tampoco te voy a decir de qué lugar de trata. Ni si es real o lo sueño. Es algo muy mío.  Hoy me he levantado rara. Con una sensación de vacío inmensa y luego de recibir una llamada he sentido rabia, pero a la vez decepción. Más decepción. Cuando eso me pasa quiero irme lejos. Y sé que irme lejos no sería huir sino vivir. Recomenzar. Tengo que hacerte caso y cuidar mucho lo que tengo mamá. Harold, decías tú, que habías ganado un hijo. Mi papá siempre me ha dicho que no me busque novios con el colchón mea’o… Y H es el hombre que más valor me ha dado ante cualquiera, incluso ante su madre. Él me defiende. Es mi nido. Ama a Isa no porque es mi hija, la ama de verdad porque la niña se lo roba. Jamás tengo que pedirle nada a ese hombre, está al pendiente de todo mi bienestar; pero no me refiero al económico sólo, me refiero a mí: a lo que quiero, a lo que me hace bien, a mi espacio, a lo que disipa mi ansiedad. A veces creo que él no merece a alguien de tan malas pulgas como yo; pero otras -y son la mayoría- sé que no va a encontrar ni mi copia exacta en ningún lado Jajaja qué modesta yo soy. Tú decías que era vanidad. ¿Mamá, estabas loca? Yo no soy vanidosa, ni soberbia… A veces un tin, como todos lo somos en algunos momentos. Y tener blanco y negro en la personalidad está bien. Pero soy un pedazo tuyo que anda por ahí. Mis valores son los tuyos y los de mi papá. ¿Cómo ser vanidosa al punto de no tener sensibilidad? No, mamá. Puedes estar tranquila… hasta hoy me ha salido bien la mezcla de cualidades. Creo que estoy un poco triste. Ya te lo dije. Creo que necesito el mar. No verlo desde una ventana, ni pasear por el malecón como el sábado pasado. Necesito el mar en contacto directo conmigo. ¿Sabes, mamá? Yo hablo con el mar, me quedo viendo las olas largo rato. Hablo con mi yo más diabólico en el mar, embarrada de sal, de agua y de sonidos. Iré pronto. Quiero celebrar tu cumpleaños en el mar con las personas que más quiero. Ojalá pueda. Quedan 17 días para que la niña cumpla 7 el día 7. Le tengo un miedo que da espanto al mes de junio. Es el cumpleaños de las dos. De mi hija y de mi madre. Siento un orgullo del día en que nació Isa!!! Es que te recuerdo tan feliz decirle a todos que tu nieta había nacido el día del bibliotecario. Qué cosas tiene la vida!! Mientras te escribo esto lloro con lágrimas silenciosas. Nadie me ve hoy llorar. Todavía me cuestiono los hechos. Si te soy sincera, he aborrecido a Dios y me he apegado mucho más a la filosofía “nietzcheniana” de que fue el hombre quien inventó a Dios y no a la inversa. No me hace mal. Me parece una postura inteligente. Hoy no me lo reprocho. Ojalá no lo hagas tú. Creo, para no hablarte más de eso, que si Dios existe de verdad se tomó un diazepam y se durmió. El mundo está loco madre. Y si en verdad después de morir hay algo más, pues entonces sin distinciones, eh?! Mira que ya tenemos bastante con las de este mundo terrenal.

Tenía muchas ganas de que estuvieras para este cumpleaños de la niña. Es que por tu culpa siempre se le picaba un cake. Sabes que detesto la algarabía, los cumpleaños, la bulla. Sin ti ahora… viene a ser difícil.

Yo no sé si mi paciencia pueda con tanto. Te pido fuerzas madre mía. Ayúdame de verdad a enfrentar todo lo que se me viene. En tanto, confío en mí, en la fortaleza que he tenido, en que siempre me dijeron ser una gallita de pelea y no por gusto, en mi carácter, en mi seguridad, en mi determinación ante todo. El tiempo vuela, mamá. Va pasando. Es perceptible sólo cuando nos sentamos a pensar. Hoy hace un mes que te fuiste. Sí, te fuiste. Yo creo eso: que te has ido de viaje. A ver, es raro: sé que estás muerta. Y me duele profundamente admitirlo en alta voz. Sobre todo cuando paso por el cuarto de mi abuela y veo la foto que puse encima de tu ataúd. No estoy fuera de mi realidad. O sea, no estoy loca. Pero mi consuelo es pensar que estás de viaje, que todavía nos ves, que te ríes lindo cuando soy la madre ideal para Isa, cuando regaño a mi hermano, cuando le chequeo la presión a mi abuela. Yo prefiero y escojo pensar que estás de viaje. Un viaje esotérico del que nadie ha vuelto; pero que te llegan las noticias adonde estás.

No sé cómo entender la crueldad de abril con nosotros mamá… aún así habrá que escribirla; dijera un poeta también. Yo me desahogo. Te escribo y no puedo parar de hacerlo. Eso me libera. Hoy hace exactamente 30 días de aquel 20 y desde entonces me estoy transformando en un ser humano más fuerte. Al menos trato de no tenerle miedo al miedo.

Te extraño a mares cuando no te oigo pelear. ¿Me puedes hacer el torniquete? Sigue quedándome mal.

Tu cachazuda, que jamás va a dejar de ser cachazuda, piensa muchísimo en ti.

(Mayo 20, 12:37 pm)

​”Segunda carta a mi madre” 

Mamá: 
Hace días que tengo atoradas palabras para decirte. Me siento ahora temprano porque cuando acabe tengo mucho por hacer en la casa. Digamos que hoy tengo que asumir tu postura y ponerme un pañuelo en la cabeza, un short… y agarrar la frazada de piso. Después de más de 15 días sin agua, ya tenemos. Debo arreglar el salidero de las tuberías más viejas. En tanto no se haga… los tanques de depósito, incluso ni el del techo, se podrán llenar y pasaremos trabajo. Yo me he acordado mucho de ti porque sin agua tu ibas y cargabas pomos de donde sea. ¿Te acuerdas las veces que te decía: “no los cargues, págale a un hombre aunque sea 1 cuc para que no hagas fuerza”? Aquello era por gusto. Tú eres de la generación del sacrificio. Y está bien. De eso mi generación, ha tenido que aprender a veces. Yo no te imito en ese aspecto. Yo no cargo agua. Será comodidad o lo que sea. Pero si el hombre es más robusto que la cargue él. Lo que hago es esperar a que llegue así sea la una de la madrugada, llenarlo todo y después acostarme. Así voy con este tema hasta destinar algo de dinero para el salidero. No quiero que te pongas brava conmigo ahora. Sé que si estuvieras aquí me ibas a regañar por esto que voy a decirte pero hoy no llevé a Isa a la escuela. Mamá, anoche se fue la corriente. Estuvimos creo que casi 2 horas sin electricidad y hoy en la mañana no escuché la alarma. Había un calor terrible. Había mosquitos. Ese rato a oscuras me atemoriza mucho. Sabes que no resisto la oscuridad. Que vivo la noche porque no se puede morir en ella y nacer en el día; pero sabes que la vivo porque es parte del ciclo. También tenía miedo que murieras de noche. Nunca lo quise. Tú no te debes acordar porque jamás hablé de la muerte delante de ti. Y cuando a ti se te ocurría vaticinar algo en tal sentido yo enseguida te paraba. Había que hablar de la vida. Del futuro. De que verías a Isa crecer. Mi hermano sí sabe eso de que no quería verte muerta de noche y tus mejores amigas también. Fuiste tan buena que aguantaste en coma toda una madrugada hasta las 5 del amanecer 20 para irte de aquí. Escogiste un mes hermoso porque abril tiene una contradicción inmensa entre belleza y nostalgias. Aunque me hayas dejado en un estado que ni yo misma sé nombrar por el vacío, creo que fuiste sabia porque ni la niña estaba en la casa y te fuiste tranquila. 

Nada; que anoche no había ni luna llena porque está menguando. Todo estaba de horror. Lo único que me alumbraba algo era la linterna del teléfono… y los recuerdos. Tuve que tomar el abanico igual que hacías tú conmigo cuando yo tenía la edad de Isa y me ponía a gritar porque los mosquitos me picaban y abanicar y abanicar hasta que la mano me pidiera descanso. ¿Recuerdas los mosquiteros que nos ponías? Entrabas ahí con nosotros cuando aquellos apagones de los años 90 y nos ayudabas a menguar el calor… y los mosquitos. Yo gritaba más que Joan. Él tan callado. Yo tan rebelde e inconforme. Por suerte la electricidad llegó como a la una de la madrugada. Me bañé después y pude dormir. Estos días me he sentido más segura en casa porque mi hermano va y viene. Desde el martes está aquí. Dormimos él y yo juntos porque aunque te tenemos tu cuarto ordenado ya y con tu cama arreglada, ninguno de los dos tiene valor de dormir en él por el momento. Ahí entro y me corrompo. Hace varios días entré y recogí tus perfumes. Había uno que se botaba porque estaba mal colocado y tú olor se dispersó por toda la casa cuando abrí la puerta del closet. Te sentí aquí. Con nosotros. Sentía como si a las tres de la tarde irías a regresar del trabajo. Pero me puse triste porque hay imágenes que no borro. Sobretodo esa de la mañana del 20 de abril cuando te vi de blanco y yo quise ponerte aquel collar de perlas blancas a la par que te imploraba no me dejaras sola con Isa.

Ahora sí me toca ser grande, mamá. ¿Te fuiste para hacerme crecer? ¿Tu recuerdo será lo que me impulsa? Mira, te voy contando: 

Han pasado cosas feas. Cosas que no te voy a contar porque sé que te van a doler y no resistirás; por tanto no sabrás nada. Alégrate de no saber. Las cosas van poco a poco. Joan está con Idalmis tú amiga para La Habana. Salir le viene bien. Él llora menos que yo; pero también se ríe menos que yo. Mi abuela va a sobrevivir a tu deceso. Ella siempre fue la más fuerte de la casa. Y le está haciendo honor a su carácter. De verdad no te preocupes por ella. Yo me he refugiado mucho en la niña, y en Harold… y en vivir y hacer lo que el deseo me plazca. El deseo es un cretino mamá porque siempre no lo podemos hacer todo, pero sí… vamos tratando hasta tanto podamos. Me he propuesto reír más alto y más cantidad de veces. Sí, yo voy a sonreír y me voy a teñir de rojo. Voy a ir siempre que pueda al mar. Voy a ser fuerte (más; si fuera eso posible). Me voy a largar de los sitios en donde no me sienta a gusto. Voy a amar a las personas que me amen. Voy a seguir haciendo bien incluso a quien me hace mal. Voy a conservar el amor, a disfrutar la pasión… 

A vivir… en definitiva, que la vida no es más que un camino pantanoso donde nunca nada está del todo sostenido. Lo único que nos da la garantía de sostener lo mínimo es encontrar nuestra esencia, mamá. Y yo creo llevarla de nacimiento. Yo voy a ser yo… porque eso, sin que me dejes mentir, fue lo que me contagiaste hasta con esa forma linda en la que solía caminar. Yo te observaba y quería superarte. No pude. Pero quiero que estés feliz. Hay una parte inmensa tuya que me habita. La otra: la rebelde, la que no aguanta, la drástica, la radical… soy yo… y eso también es parte de la esencia que me habita. Quiero que sepas que por todo ello te agradezco. 

Te voy a contar de Isa: Está inmensa. Está linda. Se parece a ti… y te extraña. Sabes?! Te escribió una carta por el Día de las madres que dice: “Te quiero abuelita Toña con todo mi corazón donde quiera que estés”. Isabella es astuta, ya te lo dije en la carta anterior. Hace unos días estaba cabizbaja antes de ir a la escuela. Le pregunté qué sentía y me dijo que mal de estómago. La observé y le dije que no estaba enferma. Ella fue a tu cuarto ya con el uniforme, salió y se sentó en uno de esos sillones viejos de mi abuela que hay en la sala. Me le acerqué y le pregunté si estaba extrañando a abuelita y asintió que sí con la cabeza sin pronunciar palabra. Conversé con ella y le dije que tenía que sonreír mucho y ser una niña feliz porque tú querías eso. Lloré. Y le di besitos y quieros y la lleve a la escuela. Tampoco me regañes por esto pero no hay manera de que pueda llegar a la escuela a las y media Jajaja siempre es cuando están al cerrar el portón. La niña por ese lado es más cachazuda que yo. Sabes que hizo anoche? Estábamos mi hermano y yo hablando de destupir los hoyos de la ducha del baño y ella dijo clarito que tú sabías hacerlo mejor. Que si tú no te hubieras enfermado con esa cosa hepatitis (Ella sigue creyendo eso) y no te hubieras puesto mal, tú habrías arreglado la ducha. Yo me recosté al lavamanos y me puse a llorar. Ya no lloro en alta voz. Ni grito con desespero como cuando te vi en coma o muerta. Lloro bajito y salen solas unas lágrimas que me anudan la garganta y enrojecen los ojos. Cuando Isa me vio me dijo que ya había empezado con el lagrimeo ese. Clarito me dijo y firme y sin nervios como si fuera adulta: “No te preocupes mami que tú no estás sola que yo soy tu niña y estoy aquí para ayudarte”. Te juro mamá que no supe ni que hacer cuando recibí esa respuesta de Isa. A los minutos de eso, mientras en el cuarto le arreglaba la cama para que se acostara, mi hermano me llamó para que viera a Isabella fregando la cocina. Qué linda mamá!!! La niña quiere ser útil en este momento. Quiere ayudar . Quiere participar. Yo me reí mucho cuando la vi fregar. Pero la dejé ser parte. El psicólogo me dijo que eso estaba bien, incluso que no escondiera de ella mis ratos de tristeza porque los niños necesitan aprender a vivir con el dolor que algunas veces provoca la dureza de la vida, y no crecer en una burbuja donde todo es lindo.

Le tengo un poco de miedo al domingo. Es mi primer Día de las madres en que soy huérfana. No he querido pensar mucho en la fecha. En realidad estoy tratando de pensar menos para sufrir menos ansiedad. Tengo un rincón donde no pienso en nada. Pero no te lo puedo decir porque no te gustará así que solo te diré que me hace bien. El domingo iremos al cementerio. No he ido desde el 20 de abril. No me gustan esos lugares llenos de cemento y lápidas que aguantan todo lo que la hipocresía de cualquiera sea capaz de plasmar. Voy a ir por ti. Porque sé que en vida atendías a todos tus difuntos. Iré algunas veces. No te puedo prometer que domingo tras domingo porque es mentira. Creo que la mejor manera de tenerte viva es hablándote como te hablo y siendo genuina en mi actuar. Ah, que lo olvido: Mi papá está siendo el excelente padre que ha sido siempre. Me llama todos los días por teléfono. Ya estamos grandes sí, pero nunca lo estaremos para ustedes. 

Te huelo, mamá. Te extraño. Hay demasiado silencio muchas veces porque yo apenas hablo con vecinos. Ya me conoces. Pero estoy, creo, siendo fuerte… y me enfoco en que soy dichosa de tenerte como madre. Nadie nadie nadie nadie ha podido decirme algo malo de ti. Nadie. Eso me enorgullece. Siguen llamando tus amigas para saber de nosotros. Ellas te querían. El domingo trataré de llevarte azucenas que sé son las que más te gustan.  Te iré contando. Ahora tomo la frazada que como solías decir: “Hay que quitarse el batón y ponerse el sayón”. 
Ahhhhh, se me olvidaba también: Ya te soñé desde que te fuiste por primera vez. Yo, que casi nunca sueño soñé que empujabas la puerta de mi cuarto para que me apurara en llevar a la niña a la escuela. Fue un sueño corto, pero me alegro de que haya sido eso. Siento entonces que estás ahí, guiándome en mi conducta como madre, en esta carrera en la que me apoyaste tanto. Yo sé que te fuiste, pero sé que cumpliste mi pedido de no dejarme sola con la niña. Gracias por eso madre mía. 
Ahora sí me voy. Te voy a felicitar ya porque no sé si el domingo prefiera estar sola feliz en charla con mi interior. Sé feliz sabiendo que Joan y yo vamos a estar juntos… siempre. 
Feliz día mamá, que la vida me permita alcanzarte es mi único deseo. Mi hija merece tener una madre que se parezca a la mía… aunque muchas veces te haya reclamado tanto, tu hija siempre quiso que pudiéramos coincidir. 
 Tu cachazuda te extraña. 

(Mayo 9, 11:48 am)

Primera carta a mi madre

Mamá: 
Hoy ya es martes, lo que es de madrugada. No me he podido dormir pensando en ti. Tengo muchas imágenes en la cabeza que me anudan la garganta. Creo que estoy cansada. Tu partida tan abrupta, me ha dejado en estado de letargo. Todavía hablo de ti en presente. No puedo de otro modo. Aunque los médicos ya me habían dicho, yo jamás pude contentarme. Es que la resignación todavía no llega; si es que llega. Hoy hice cosas que de seguro te iban a enorgullecer: recogí todo tu cuarto, lo baldee, sacudí tus ventanas, quíté el polvo a todos tus adornos, tomé la ropa que menos usabas y la envié para la casa de tus primas, acomodé el cajón de las fotos viejas. En los regueros encontré una foto tuya y de mi papá. Tú estabas hermosa y tenías el mismo corte de cabello que yo uso ahora. Mi papá estaba gracioso. Usaba una bacteria de aquellas con aravescos y colorines… pero quedaron lindos. Al menos los dos se reían y eso me puso feliz. Mi hermano y yo hablamos mucho en la tarde de ti. Nos reímos un rato sorprendidos de la inmensa cantidad de detalles que aún guardabas. Hasta las postales por el día de las madres que ya nadie se manda!! Ah, vinieron unas primas tuyas a ver a mi abuela. Ella está triste. Yo no sé si más que nosotros. A veces se porta agresiva; pero la estoy ignorando porque ya va para 90 y el que no estés ya, ha sido lo peor que le ha sucedido. Hoy regresó Isa de San Cristóbal. Llegó super entusiasmada. Hizo muchos cuentos de las vacaciones. De todo lo que bailó y jugó con sus primitas en La Vega. Mi papá la trajo con Jason, mi sobrino, el niño de mi hermana que si lo ves te quedas muda porque está inmenso de alto. Desde que Isa llegó notó la casa diferente porque ya el cuarto de los libros no tiene los libros y tu cuarto esta distinto y sin tu cama todavía. Me ha costado trabajo terminar todo muy rápido. Esta recogida la llevo a mi paso. Es que necesito conocerte más a través de lo que nos has dejado. Isa no te vio. Yo no vacilé en explicarle todo lo que pasó. No le dije nada del cáncer porque ni a ti tuve valor de decirte… y creo que fue mejor porque a sus casi 7 no iba a entender nada de esa enfermedad. Sólo la senté en la esquinita de la cama y hablamos. Hablamos de Coco, la película que ella misma te enseñó…  y después hablamos de ti. Isa necesitaba comprender que la muerte es un proceso definitivo. Yo tengo mucho miedo de que te espere todo el tiempo y por eso decidí hacer lo que se hace: hablar la verdad. Mamá, Isa es una niña astuta!! Ella tenía carita de susto. Cuando le dije que habías fallecido me dijo que no podía ser. Y acto seguido me pregunto si ya nadie le iba a llevar tartaleticas por la cerca de la escuela a la hora de la merienda. Le dije que todo lo que tú hacías con ella, lo haría yo a partir de ahora. Después le expliqué como tenía que recordarte. Por momentos hice pucheros, pero me contuve porque creo que se asustaba. Ya la niña sabe que es en la mente y en el corazón donde estas viva. Te juro que todos los días de mi vida voy a tratar de que jamás lo olvide. Hoy no la pude bañar temprano. Te prometo que mañana si. Yo acabo de asearme ahora y me he quedado sin sueño porque extrañé tus peleas para que apagará la luz del baño y te dejara dormir. Extraño mucho tenerte en la casa y que me mandes. Que me reprimas por dejar mal puestos los zapatos y el bolso encima de la mesa. Creo que te extraño toda la verdad. Mañana, o bueno, ahorita Isa reinicia el curso escolar. Tengo un poco de miedo de no hacer las cosas bien sin tu asesoría. Tengo, además, miedo de extrañarte más de lo que te extraño ahora. Algo me falta y debes saber que eres tú, madre mía. Te pido que me enseñes a hacerlo todo sin ti. Voy a intentar relajarme un rato. Te iré contando de cómo le van las cosas a esta Johanna que ha tenido que nacer ahora. Isa se puso contenta con el jueguito de yaquis que le dejaste de cuando eras niña. Ya le planche el uniforme y le limpié los zapatos. La mochila también está lista. Quiero dejar de escribir y siento que algo se me atraganta. Basta decirte por ahora lo necesario. Recuerda que te extraño. Mucho. Incluso más de lo que pude haber imaginado jamás. A veces hay lágrimas en mis ojos. Sobre todo cuando veo tus pertenencias. Por el contrario cuando veo tus fotos me enorgullezco y siento hasta paz. Disfruta de Isa mañana que le haré la trenza con el cintillo rojo que te gustaba para la escuela. 
Tu niña te quiere mucho. 
Te doy un beso cálido como los últimos que nos dimos. Te abrazo. 
“Tu cachazuda”. 
23/abril/2019  3:24 am

María 

Estoy, madre mía,
queriendo encontrarte en cada arruga
que me hallo y en las canas que el rojo teñido no deja ver.
Estoy, madre mía, apurada por la vida, queriendo alcanzarte a mis 30

Tal vez a los cuarenta y cinco…

Sin embargo

Te me agigantas/te me agigantas/te me agigantas

Hay demasiada bondad en tu alma como para que alguien te iguale.

Alcanzarte sería pedir
que no salga el sol.

Plenitud de un alma hueca

Gorrión soloA veces no tengo familia
ni hogar
ni amor al lugar donde nací
ni al otro en que vivo
ni al país encarcelado que es un Caimán que no muerde a nadie porque le arrancaron los dientes.
A veces pasa que estoy demasiado sola.
Antes dolía.
Ahora no.

Dualidades 

Entre el mar enfurecido
y entre el mar en calma
yo no sé donde me hallo
si el viento imaginario
me lanza al mar loco
o al mar quieto.
Si es la paz mi cura
O la incertidumbre mi salvación
Yo no sé adónde van estos pasos
Ni las miradas que intentan divisar algo que no divisan por la endija de los espejuelos.
Yo no sé vida
qué es lo que estás haciendo conmigo
Digo no/ digo no/ digo no
Digo si/ digo si/ digo si
Y todavía no aclaro mi propósito aquí en este lugar donde los buenos se van primero,
el mar quieto me salva
y el oleaje desorbitado no se me puede desprender. 

Tribulación de cama de hospital

La vida se me presenta
desde el ventanal de un hospital:
Incierta/ Dura/ Condenada.
La Habana que veo por la ventana no es
La Habana que amaba hace apenas cuatro años atrás.
El parque Maceo hoy no tiene luces
y las farolas del malecón son ocres e imperceptibles.
No hay olas; pero hay frío.
Hay silencio aquí.
Abajo seguro hay bullicio porque La Habana sin bullicio no es esa ciudad que es.
Aquí donde estoy pienso/ pienso/ pienso
En volar
En hacer tierra
En el tiempo
En la distancia
En la camiseta blanca
En un pañuelo
En mis anillos de compromiso
En los libros de amazon que ahora tengo y antes no.
En el día de mi casamiento
En los amigos que se fueron
En los que se quedaron
En el primer regaño de mi madre
y en las veces que me dijo: “no seas tan dura con los otros y menos contigo”.
Aquí donde estoy hay silencio.
Mucho.
Es algo que amo y que hoy odio;
la posibilidad de que amanezca y no me hable jamás es el estado de zozobra más grande por el qué mi madre me ha hecho pasar…
Y duele.
Duele tanto como este silencio que ya no disfruto mientras ella duerme y puede o no
venir la posibilidad de que ya no me llame, de que ya no me hable… De que ya no la vea.

Basta para mí que abra la puerta de mi habitación y pelee por no vestir la cama en las mañanas.