We’re gonna get it

 

mujer-lirio

Foto: Tomada de Internet

Cuando vengas por mí
no me hartes
con discursos de amores
ni de única mujer
ni de lo jamás sentido;
Si acaso,
jadea/suda/
muérdeme/estrújame
mírame.

Cuando vengas por mí
no me prometas,
no me idolatres,
no me ames,
no te quieras casar conmigo,
no me quieras llevar
para luego verme en el humo del café.
No te duermas en los montes de
mis senos pequeños e imperfectos,
no te rías,
no me abraces,
no quieras hacer milagros con tu boca
en el oasis de (mi) placer,
No te quieras llevar mi yo contigo
ni escribas mi nombre en
el dorso de tu tarjeta
después.

Cuando vengas por mí
veme sabiendo
impúdica,
coqueta,
loca,
entretenida
espontánea
sencilla.

Cuando vengas por mí
Tú,
jadea/suda
muérdeme/estrújame
¡mírame!
y solo ayúdame a encontrar el talismán que lancé al pozo.

Ley de infortunio

pies de mujerViene la ola y crea un torbellino bajo sus pies. Es un transitar expectante. La ola llega, la moja, la sacude, la revuelca… De lejos la divisa ir y venir. Juega con ella. Una vez en la orilla, la ola rompe contra su cuerpo. Chocan. Pero vuelve ese zigzag que se la lleva. El torbellino bajo sus pies se aleja en ese contoneo. De lejos, divisa el montón de espuma. Se prepara. Se lanza. Busca permanecer. Viene la ola y la abraza, la ahoga, la liquida. No hay testigos. Una mujer se ha muerto en el mar mientras retozaba con las olas.

Del otro lado vive un hombre que espera hace diecinueve años, diez meses y tres días una respuesta al mensaje anterior. Acaba de conocer de una muerte abrupta cuando abrió el mensaje de la botella. Una vez en la orilla viene la ola y crea un torbellino bajos sus pies. Hoy es él quien juega con la ola y deja que lo abrace, lo ahogue, lo liquide…

Pugna contra el tiempo

piernasMe viste de abajo hacia arriba. Claro, se te había caído aquella moneda de insignificante valor, y tú te habías agachado a tomarla del suelo. Justo pegado a mis pies, estaba ese centavo. Un centavo que podías haber ofrecido a aquella mujer enclenque que se veía tirada en la esquina de la acera pidiendo ayuda. Pero tú decidiste tropezarme, chocarme, detenerme… Y por eso me viste de abajo hacia arriba. Estabas pasmado. Tus ojos se quedaron mirando esas piernas, ¡sí, las mías!… Las que todos miran. No reaccionaste. Quise seguir mi paso. Tú estabas fijo delante de mí en medio de la acera estrepitosa, cargada de gente apurada por pasar. Cuando tomaste el centavo, me miraste a los ojos. Fue entonces cuando me detuve yo unos minutos. Ese día yo quería matarte. Ese día tú hubieses querido morir.

Poema 19

nubes

“Hay dos maneras de difundir la luz: siendo la vela o siendo el espejo que la refleja”.
Edith Wharton

Se ha nublado la tarde

Ha habido truenos. (Fuertes)

He llegado agitada.

He corrido.

He arrojado el pañuelo

los papeles

el sobre con la letra

el libro.

He matado a alguien. /

(Si se hubiese muerto)

Y no me importa.

Ha dejado de tronar.

Ha vuelto a ser de luz.

Pasos sin aciertos

separaciónCaminaba de espaldas a la avenida. Llevaba camisa negra, mochila grande, negra también y roja. Caminaba así como suele, dando salticos. Iba sin mirar a su lado, tampoco detrás. Detrás estaba ella.

Caminaba de frente a la avenida. Llevaba chaqueta negra, bolso grande, negro también y bufanda roja. Caminaba así como suele, con pasos cortos. Iba sin mirar a su lado, tampoco detrás. Delante estaba él.

Intentó llamarlo.

Enmudeció.

Alineaciones

Alineación de planetas-Mira…  ¡Es Saturno!

-¡¡No!! ¿Ese no es Júpiter?

-Es Saturno. Saturno es el planeta de los anillos. ¿Tú no recuerdas eso de la primaria?

Y no lo recordaba. Tampoco le fue necesario.

Más; le digo que entre las grandes conjunciones de planetas se hallan Júpiter y Saturno, y que no fue casual el hecho de habernos encontrado allí, con tantas estrellas, caminando casi de puntillas y con una niña en los brazos que me hizo recordar a Piedad, la de “La Muñeca Negra” de Martí.

Hay una posibilidad. Saturno y Júpiter van a provocar otra constelación.