¿Y si no vemos la luz?

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Mi cuarto no es cuadrado
pero es un rectángulo que igual me ahoga
Me ahogan también un Caimán
voces impertinentes
la neblina
los gorriones del jardín
mis lágrimas y desesperación.
Me tiro boca arriba en la cama
dejo en el suelo los papeles
las medias la ropa por lavar
paso el pie por encima del reguero torpe
lo hago a un lado
no lo organizo.
A veces quiero matar a mi familia a los vecinos a los que preguntan
-hola, ¿cuándo te vas?
Sin saber que me cuesta demasiado llanto
demasiada ira
demasiada inconformidad.
No hay ninguna otra forma de amar:
Se ama egoísta y se quiere egoísta
Y deja que los libros de autoayuda vendan mentiras.
Soy yo quien dice la verdad:
Se ama y se quiere el roce
el orgasmo
el beso
el hombro para dormir
los planes
las vacaciones
los viajes
el paso por ti a las 16:00
el hazme un masaje
Se ama y se quiere
las compras a dúo, o a trío
el día de picnic
la felicitación a los hijos
el desayuno y las primeras palabras del día
el decoremos este mes la terraza
el aquí estoy.
Paso de largo.
Entro y salgo de mi cuarto
colocó la ropa al borde de la cama para lavarla después.
Pero lavar cuando el ánimo quiera
No yo.
Yo soy un ser sin corazón o con un corazón lleno de llantos
o un alma desesperada
que llora todas las noches
que se aferra a la espera porque ama.
Duele
Duele demasiado vivir con un corazón atestado de costuras.
Me derrumbo en el suelo
aparto con mis pies el reguero
escribo
seco las lágrimas
hiperventilo
Busco por instantes el equilibrio para salir sana de esto:
La único que se me ocurre para no llegar al delirio es la luz.
Yo no la veo.
Pero en el confío y me prometió que existe.

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Valientes de cesárea o episiotomía

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Antes de parir yo fui de las mujeres que jamás se imaginó como madre. De las que se tapaba los oídos cuando cualquier grupo de niños jugaba Football o bolas o quimbumbia en las calles mientras pasaba solo porque se molestaba con la algarabía. De las que jamás se imaginó sacar piojos de una cabeza, limpiar vómitos o diarreas. Me daba asco. De las que no iba a amamantar, de las que odió siempre cualquier canción de cuna.

Antes de parir yo fui de las mujeres que no admitía sacrificar su cuerpo. Porque su cuerpo era hermoso y no valía la pena un insulso. Antes de parir yo no tenía paciencia. Era egoísta. Malcriada. Infantil. Demasiado intransigente… Mi hija se engendró por -llamémosle- “un accidente irresponsable” y llegó por determinación propia. Como jamás me había planteado la maternidad, y si lo había hecho no iba a ser a los 24 sino a los 35, me pasó que cuando el doctor preguntó el día de la ecografía que qué iba a hacer, enmudecí. Después lloré todo el día. Después lloré toda la noche. Después no lloré más. No quería matar a nadie. Y dejé correr el tiempo. Y me dejé inflar por 41 semanas y tres días.

Jamás fui de las mujeres románticas que veían el embarazo como algo hermoso. Yo lo sigo viendo feo. Las mujeres lucen feas, se les mancha la piel a algunas, se les inflaman los tobillos a otras, hay un grupo que hasta pierde sus dientes. Las más flacas parecen culebras con pelotas de voly en el centro del cuerpo. Y las más gordas… por favor. Jamás fui de las que lloró de emoción al sentir patadas en la panza. Me asusté sí cuando el tobillo de ella fue lo suficientemente grande como para mostrarse por mi piel y hacerse distinguir. Me parecía raro lo que pasaba conmigo y mi cuerpo. Emocionantes tuve durante mi embarazo solo dos momentos: El día en que supe que ella iba a ser ELLA y el día de la episiotomía. Después de la episiotomía me asomaron a un bebé grande, una niña rosada de 8.5 libras, de pelo negro y sin una pizca de parecido a mí. Yo no lloré. Tampoco reí. Lo único que alcancé a hacer fue la pregunta que inició todo:

-¿Ella está bien, doctor?

Pedía a gritos la compañía y ayuda de mi madre cuando nos trasladaron a recuperación. No sabía amamantar, no sabía si quería hacerlo, no sabía qué hacer ante el llanto, no sabía limpiar cacas. Sentía miedo hasta de vestir a aquella niña; totalmente presente en mi vida desde aquel instante hasta hoy. Ese día volví a descubrir otra cosa: No hace falta saber absolutamente nada. Sigue leyendo

Que se llama soledad

Mujer mirando al mar

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A veces creo que tengo un pacto con la soledad. O que ella me persigue. O que yo nací para esta relación amor odio que nos tenemos. No le tengo miedo. Pero me inquieta. Sobre todo en las noches; cuando tengo demasiado tiempo para pensar. A veces hago inventarios. Analizo todo lo que he ganado y perdido en el último tiempo. Analizo cuán sola estoy en verdad o si no lo estoy tanto. A estas alturas tengo ya una hija; que no pedí por aquel tiempo ni busqué, pero que me cayó del cielo y me arregló la vida. Es ella la única persona en el planeta a la cual le profeso paciencia. Ella me ha sabido educar. Y me acompaña. De verdad lo hace y de la manera más hermosa. De la manera más sincera. A estas alturas he tenido los hombres que me ha dado el deseo tener. Y he estado, muchas veces he estado, demasiado sola teniendo dizque “compañeros”. He tenido buenos amigos que aún son buenos amigos y he perdido buenos amigos que ya no lo son. Y he llorado. En el último tiempo he llorado más por los amigos que por los amores. Mis amigos, los buenos y los malos, me han dejado completamente sola. Todos se han ido de aquí.  Y el que se quedó… el que se quedó en mi orilla -aún en ella- está demasiado distante. Y no hay remedio porque duele. He intentado trabajar dignamente con mi título universitario; pero me ha dolido demasiado engañar a los que sí culpables no son. Entonces he tratado de moverme a través de perfiles afines. Y no ejercer. Porque si ejerzo aquí me van a matar. Porque ser demasiado sincera no sirve en este sitio. Juro que no. He intentado cerrar todos los capítulos de mi vida para seguir en paz: con los hombres, con amigos, con colegas. Unas veces me ha salido bien, otras he tenido que esperar desesperadamente por el tiempo sanador. He tenido ganas de matar, de llorar, de reír, de correr; sobre todo en las noches en que estoy sola.

A eso he llegado en el último tiempo: a una soledad espantosa Sigue leyendo

Epístola

La Habana, febrero 17 de 2017

Amor mío:
Hoy se cumplen quince días de nuestro primer encuentro y desde entonces tengo repeticiones que me devuelven otra vez a ese lugar de La Habana que hicimos temblar.

Yo no sé, amor,
qué será de mi vida luego de esa explosión
ni adónde van mis pasos torpes
por estas calles
en las que no te encuentro.

Yo me levanto y nos veo juntos en esa imagen donde me besas o en aquella donde sonríes, y me tiro de la cama, y me acomodo el pelo, y permanezco inmóvil unos minutos pensando en la única posibilidad que tuvimos… Y salgo a la calle, y me visto bonita como si nos tropezáramos otra vez en esa esquina de Galiano y me tomaras de la mano y no me dejaras ir jamás… Por algunos minutos pienso en tu asustada reacción y en el primer abrazo Sigue leyendo

Como pez fuera del agua

piernas-de-mujer-y-nina-jpgEstas gentes que me rodean son una larva
son paridos por una sociedad enferma
que emigra al lugar donde la
desesperanza no vive.
Todos se callan.
Al frente hay un hombre africano que
sintoniza el noticiero
a la derecha este otro lee la sección de humor del periódico
y el del primer asiento visita el mundo
mientras apunta con su dedo cualquier
goegrafía en el mapa.
Yo voy aquí
en este barco herrumbroso
que hace ruido
que no vive
con un ADN no marcado
por el comportamiento de quienes son la
masa
a veces no me encuentro entre los
obreros, ni los sufridos, ni los primeros
con privilegios
ciertamente no sé por dónde vago
ni las ciudades que visito
ni por qué el color violeta del que antes era un
mar turquesa.
Hay un loco que canta un rap a mi lado y
me agiganta con su coro el tiempo.
Yo quiero amar a un hombre para olvidar
la inercia
y
huir con ese hombre.
Pero hay un ancla en este puerto que no me
deja.

El amor se acaba cuando comienza el hambre

piernas-de-mujertengo unas piernas perfectas que me llevan a dónde está el infinito
y unos ojos que cuando miran fijo matan
sin embargo no soy feliz ni he sido ni seré
porque el amor se acaba cuando comienza el hambre
y este planeta sin comidas sin aguas sin afanes
está ahogando el mundo.
hay robots sin corazones y sin cerebros
y no digo que no
todos los hombres me han amado y yo no sé
si los amé o amé el tiempo en que salvaron mi soledad
con otra soledad más intensa
no hay peor melancolía que vivir en compañía
y hablar todas las noches
con la almohada
con las alcobas vacías
con la añoranza.
es difícil
porque el amor se acaba cuando comienza el hambre
y yo con mis piernas perfectas que me llevan a dónde está el infinito
y con mis ojos que cuando miran fijo matan
ni soy ni he sido ni seré feliz
porque es el planeta quien muere de hambre.

Un árbol de navidad y la muñeca azul

isabella-y-johannabueno
así
ella
el SOL
entonces quiere un árbol de navidad
de color blanco con adornos rojos y azules
y plateados como el menguante
dice:
Mamita, mamita, mami
mamá
mamitica
repite
repite
y se ríe
y rompe el silencio
de todos las noches.
por las mañanas
abre los ojos
y cambia mi perspectiva
y me devuelve a mí cuando
tenía cuatro años
entonces me besa
me susurra
me acaricia la mejilla
enamora mi oído
“cómprame un gatico mamá
un arbolito de navidad para el invierno
y la muñeca azul”
bueno
así
ella
el SOL
la compañía de verdad.