Primera carta a mi madre

Mamá: 
Hoy ya es martes, lo que es de madrugada. No me he podido dormir pensando en ti. Tengo muchas imágenes en la cabeza que me anudan la garganta. Creo que estoy cansada. Tu partida tan abrupta, me ha dejado en estado de letargo. Todavía hablo de ti en presente. No puedo de otro modo. Aunque los médicos ya me habían dicho, yo jamás pude contentarme. Es que la resignación todavía no llega; si es que llega. Hoy hice cosas que de seguro te iban a enorgullecer: recogí todo tu cuarto, lo baldee, sacudí tus ventanas, quíté el polvo a todos tus adornos, tomé la ropa que menos usabas y la envié para la casa de tus primas, acomodé el cajón de las fotos viejas. En los regueros encontré una foto tuya y de mi papá. Tú estabas hermosa y tenías el mismo corte de cabello que yo uso ahora. Mi papá estaba gracioso. Usaba una bacteria de aquellas con aravescos y colorines… pero quedaron lindos. Al menos los dos se reían y eso me puso feliz. Mi hermano y yo hablamos mucho en la tarde de ti. Nos reímos un rato sorprendidos de la inmensa cantidad de detalles que aún guardabas. Hasta las postales por el día de las madres que ya nadie se manda!! Ah, vinieron unas primas tuyas a ver a mi abuela. Ella está triste. Yo no sé si más que nosotros. A veces se porta agresiva; pero la estoy ignorando porque ya va para 90 y el que no estés ya, ha sido lo peor que le ha sucedido. Hoy regresó Isa de San Cristóbal. Llegó super entusiasmada. Hizo muchos cuentos de las vacaciones. De todo lo que bailó y jugó con sus primitas en La Vega. Mi papá la trajo con Jason, mi sobrino, el niño de mi hermana que si lo ves te quedas muda porque está inmenso de alto. Desde que Isa llegó notó la casa diferente porque ya el cuarto de los libros no tiene los libros y tu cuarto esta distinto y sin tu cama todavía. Me ha costado trabajo terminar todo muy rápido. Esta recogida la llevo a mi paso. Es que necesito conocerte más a través de lo que nos has dejado. Isa no te vio. Yo no vacilé en explicarle todo lo que pasó. No le dije nada del cáncer porque ni a ti tuve valor de decirte… y creo que fue mejor porque a sus casi 7 no iba a entender nada de esa enfermedad. Sólo la senté en la esquinita de la cama y hablamos. Hablamos de Coco, la película que ella misma te enseñó…  y después hablamos de ti. Isa necesitaba comprender que la muerte es un proceso definitivo. Yo tengo mucho miedo de que te espere todo el tiempo y por eso decidí hacer lo que se hace: hablar la verdad. Mamá, Isa es una niña astuta!! Ella tenía carita de susto. Cuando le dije que habías fallecido me dijo que no podía ser. Y acto seguido me pregunto si ya nadie le iba a llevar tartaleticas por la cerca de la escuela a la hora de la merienda. Le dije que todo lo que tú hacías con ella, lo haría yo a partir de ahora. Después le expliqué como tenía que recordarte. Por momentos hice pucheros, pero me contuve porque creo que se asustaba. Ya la niña sabe que es en la mente y en el corazón donde estas viva. Te juro que todos los días de mi vida voy a tratar de que jamás lo olvide. Hoy no la pude bañar temprano. Te prometo que mañana si. Yo acabo de asearme ahora y me he quedado sin sueño porque extrañé tus peleas para que apagará la luz del baño y te dejara dormir. Extraño mucho tenerte en la casa y que me mandes. Que me reprimas por dejar mal puestos los zapatos y el bolso encima de la mesa. Creo que te extraño toda la verdad. Mañana, o bueno, ahorita Isa reinicia el curso escolar. Tengo un poco de miedo de no hacer las cosas bien sin tu asesoría. Tengo, además, miedo de extrañarte más de lo que te extraño ahora. Algo me falta y debes saber que eres tú, madre mía. Te pido que me enseñes a hacerlo todo sin ti. Voy a intentar relajarme un rato. Te iré contando de cómo le van las cosas a esta Johanna que ha tenido que nacer ahora. Isa se puso contenta con el jueguito de yaquis que le dejaste de cuando eras niña. Ya le planche el uniforme y le limpié los zapatos. La mochila también está lista. Quiero dejar de escribir y siento que algo se me atraganta. Basta decirte por ahora lo necesario. Recuerda que te extraño. Mucho. Incluso más de lo que pude haber imaginado jamás. A veces hay lágrimas en mis ojos. Sobre todo cuando veo tus pertenencias. Por el contrario cuando veo tus fotos me enorgullezco y siento hasta paz. Disfruta de Isa mañana que le haré la trenza con el cintillo rojo que te gustaba para la escuela. 
Tu niña te quiere mucho. 
Te doy un beso cálido como los últimos que nos dimos. Te abrazo. 
“Tu cachazuda”. 
23/abril/2019  3:24 am

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La más humana de las profesiones

MedicinaAl Dr Moriyón y a mi primo Milko, los médicos de mi familia

No sé que sentimiento podrá experimentar luego de tantos años sin ejercer la medicina. Hoy el doctor Moriyón no va a ponerse su bata blanca, ni va a entregar una guardia en Maternidad de Línea, ni va a entrar al salón de parto a hacer nacer otra vida.

Tampoco dará aquellas clases magistrales en la facultad del Hospital Docente Calixto García del Vedado; y menos va a agarrar utensilios para hacer una césarea.

Hoy quizás se haya levantado con la felicitación de su esposa e hijos; y quizás, en algún momento, su mirada -perenne- lo haya llevado a repasar aquellos ratos en los que fue feliz dando esperanza, a través de la más humana de las profesiones.

Emilio

5“No es, no, la luz del día
La que me llama,
Sino tus manecitas
En mi almohada.
Me hablan de que estás lejos:
¡Locuras me hablan!
Ellos tienen tu sombra.
¡Yo tengo tu alma!”

José Martí, Ismaelillo, Hijo del Alma

Es mi mejor amigo y él lo sabe. Resabioso. Con bigotes. Jamás usa sandalias y menos, short que muestre sus piernas; pantalón, siempre pantalón y pulovers a la antigua. Por ser “a la antigua” creí que nuestra relación no sería tal cual es. Pero mi padre es muy inteligente.

Tuve miedo de su reacción el día en que me hice noviecita de Ajelandrito, tuve miedo de su reacción el día que supo que ya su niñita, su vejez como él mismo dice había perdido la virginidad, tuve miedo cuando llegué a mi casa de San Cristóbal una vez pasadas las tres de la madrugada y él me esperaba en el sillón. Esa noche solo me dijo: “Es que estaba preocupado”. Sigue leyendo

13 de junio

Hoy desperté preocupada y con un único pensamiento: “Ojalá y haya llegado el agua, hace 21 días que no lavo y ya la ropa sucia hace colinas en el cesto donde la guardo”. Amanecí con sueño, le pregunté a mi madre en la cocina:

-¿Llegó el agua?

– Sí. Me dijo.

Cuando salí del baño escuhé a mi abuela preguntarle a mi madre si mi hermano iba a venir hoy.

“Contra, pero si hoy es 13 de junio, es el cumpleaños de mi madre”. Pensé. Salí del baño y le di un abrazo que duró unos minutos. Un abrazo bien apretado. Le dije con una sonrisa entre labios que no me matara por haber despertado y no haberle dado la primera felicitación.

Ella sonrió. Mi madre sabe de mis despistes, y además, es el ser humano más noble que conozco, sé que va a perdonar mi olvido. No sé si tenga gracia salir ahora a la calle y comprar un regalo (algo material) para que no esté brava conmigo. Esa no será la solución. Además, ya lo dije, mi madre tiene un corazón más grande que el cielo o más grande que Internet, como dice mi amiga Patricia 😉 Sigue leyendo

Mi consulta con la psiquiatra

TaniaTania está hoy de cumpleaños. Fue la primera psiquiatra que vi en mi vida. Sí, psiquiatra. ¿Qué tiene que ver? Cualquiera necesita un día una consulta. (Da igual si es con un psiquiatra, con un palero, con un babalawo o el cura de la iglesia católica).  Recuerdo cuando me dijo:

-Toma algún ansiolítico. (Suponen, no?) Mis ataques de ansiedad, mi insomnio, mi desvarío ahí… y yo con ella, porque -ella- es psiquiatra de las buenas.

– ¡Ay Tani! Pero ¿tomar pastillas? ¿Y si creo adicción? Le pregunté.

– No será así, tú eres fuerte. Si no lo fueras, eso que te sucede hoy no te estaría ocupando el pensamiento. Eso te hará más fuerte.

Tania está de cumpleaños y su consultorio hoy amaneció apagado. Cuando ella lo habita amanece los junio 5 con música de la linda. Cuando ella está en el consultorio, sale bien temprano con su bata larga de médico psiquiatra y viene por mi casa a pedir el buchito de café a mi abuela, o a Norma, la abuela de Yaimi. Sigue leyendo

Amiga Mayor

Halia y yoNo tengo certeza de las veces que he hablado de los amigos en este blog; pero sé que son varias. No creo ser una persona que tenga muchos enemigos porque no ha sido mi objetivo dañar a los demás nunca; pero si los tuviera, si hubiera alguien en esta vida que me cree su enemigo, me da igual. A mí me importa más la amistad, me preocupa más ser amiga y leal con quien escojo como aliado en la aventura de ese sentimiento que -cuando es sincero- es uno de los más lindos.

Halia, es mi pequeña gigante. Así le digo. Ella sabe cuánto bien me ha hecho el conocerla y tenerla cerca, desde que probamos que sabe ser amiga mayor y ampararme. En nuestra primera conversación ella me sirvió de paño de lágrimas, apenas sin conocernos, esa vez yo no tenía con quien llorar y ella me prestó un hombro, unos oídos que escucharon a una Johanna deprimida (confieso que mis crisis no son depresivas, si no de ansiedad) lloriqueando porque había acabado un amor de estudiante y porque mis padres de se habían separado y yo no entendía eso a mis 20 años.

Hubo tanta química en esa charla que, después, comenzamos a compartir todo en F y Tercera -Halia era la muchachita de primero de Periodismo del cuarto 2 del 13B, yo estaba en tercer año de la carrera cuando ella empezó la universidad-, compartíamos el calentador, un paquete de galletas, unos platanitos para acompañar la comida mala del comedor, compartíamos ratos en el muro del malecón de La Habana, compartíamos risas, noches de disfraces, comidas a deshoras, conversaciones… Sigue leyendo

La muerte anunciada

Gabriel García Márquez…”y el gozo que le produjo esa mujer, le había permitido entender por qué los hombres tenía miedo a la muerte”.

Cien Años de Soledad, Gabriel García Márquez

Cuando supe que había muerto lloré. Lloré porque era como si lo hubiese conocido de siempre, era como mi abuelo. Lloré porque recordé al papá de mi mamá. Porque mi abuelo y él se parecían mucho. Los dos eran viejitos lindos, bajitos, canosos, inteligentes…

Mi abuelo quería que su nieta fuera la mejor periodista del mundo y especulaba en el barrio y en la Casa de Combatientes de Artemisa que su nieta había empezado a estudiar periodismo en la Universidad de La Habana y que iba a escribir como el que escribió “Cien años de Soledad”; para él, el mejor periodista. Sigue leyendo