La más humana de las profesiones

MedicinaAl Dr Moriyón y a mi primo Milko, los médicos de mi familia

No sé que sentimiento podrá experimentar luego de tantos años sin ejercer la medicina. Hoy el doctor Moriyón no va a ponerse su bata blanca, ni va a entregar una guardia en Maternidad de Línea, ni va a entrar al salón de parto a hacer nacer otra vida.

Tampoco dará aquellas clases magistrales en la facultad del Hospital Docente Calixto García del Vedado; y menos va a agarrar utensilios para hacer una césarea.

Hoy quizás se haya levantado con la felicitación de su esposa e hijos; y quizás, en algún momento, su mirada -perenne- lo haya llevado a repasar aquellos ratos en los que fue feliz dando esperanza, a través de la más humana de las profesiones.

El Precio de una operación en Cuba

HospitalFinalmente mi madre fue intervenida en el Centro Nacional de Cirugía de Mínimo Acceso en La Habana. Ella medio cobarde tenía un poco de nervios antes de entrar al salón. Pero -según me dijo cuando salió- la doctora Yuleidys le brindaba mucha confianza. Mi madre es muy miedosa para el médico, pero debía llegar hasta el final porque esos cuerpos extraños en su útero (los fibromas) hacían que mes tras mes su hemoglobina bajara y se sintiera débil, cansada, sin fuerzas para hacer… nada.

Fue una operación sencilla, donde le extrajeron el útero y los fibromas. Mientras la acompañaba en la sala le hice varias preguntas por curiosa que soy porque nunca he entrado a un salón de operaciones.

-¿Estabas nerviosa mamá?

-Si mija, claro. Tú sabes que tu madre es poca cosa para los médicos, pero la doctora Yuleidis y la anestesióloga me hicieron calmarme un poco. Allí en el salón me decían: “Arriba guajira que tienes que salir rápido para que festejes el 26 en Artemisa, los 26 de tu hija,y pa´ que los dolores esos que te acaban la vida todos los meses te los quites de arriba ya”. Sigue leyendo

Emilio

5“No es, no, la luz del día
La que me llama,
Sino tus manecitas
En mi almohada.
Me hablan de que estás lejos:
¡Locuras me hablan!
Ellos tienen tu sombra.
¡Yo tengo tu alma!”

José Martí, Ismaelillo, Hijo del Alma

Es mi mejor amigo y él lo sabe. Resabioso. Con bigotes. Jamás usa sandalias y menos, short que muestre sus piernas; pantalón, siempre pantalón y pulovers a la antigua. Por ser “a la antigua” creí que nuestra relación no sería tal cual es. Pero mi padre es muy inteligente.

Tuve miedo de su reacción el día en que me hice noviecita de Ajelandrito, tuve miedo de su reacción el día que supo que ya su niñita, su vejez como él mismo dice había perdido la virginidad, tuve miedo cuando llegué a mi casa de San Cristóbal una vez pasadas las tres de la madrugada y él me esperaba en el sillón. Esa noche solo me dijo: “Es que estaba preocupado”. Sigue leyendo

13 de junio

Hoy desperté preocupada y con un único pensamiento: “Ojalá y haya llegado el agua, hace 21 días que no lavo y ya la ropa sucia hace colinas en el cesto donde la guardo”. Amanecí con sueño, le pregunté a mi madre en la cocina:

-¿Llegó el agua?

– Sí. Me dijo.

Cuando salí del baño escuhé a mi abuela preguntarle a mi madre si mi hermano iba a venir hoy.

“Contra, pero si hoy es 13 de junio, es el cumpleaños de mi madre”. Pensé. Salí del baño y le di un abrazo que duró unos minutos. Un abrazo bien apretado. Le dije con una sonrisa entre labios que no me matara por haber despertado y no haberle dado la primera felicitación.

Ella sonrió. Mi madre sabe de mis despistes, y además, es el ser humano más noble que conozco, sé que va a perdonar mi olvido. No sé si tenga gracia salir ahora a la calle y comprar un regalo (algo material) para que no esté brava conmigo. Esa no será la solución. Además, ya lo dije, mi madre tiene un corazón más grande que el cielo o más grande que Internet, como dice mi amiga Patricia 😉 Sigue leyendo

Mi consulta con la psiquiatra

TaniaTania está hoy de cumpleaños. Fue la primera psiquiatra que vi en mi vida. Sí, psiquiatra. ¿Qué tiene que ver? Cualquiera necesita un día una consulta. (Da igual si es con un psiquiatra, con un palero, con un babalawo o el cura de la iglesia católica).  Recuerdo cuando me dijo:

-Toma algún ansiolítico. (Suponen, no?) Mis ataques de ansiedad, mi insomnio, mi desvarío ahí… y yo con ella, porque -ella- es psiquiatra de las buenas.

– ¡Ay Tani! Pero ¿tomar pastillas? ¿Y si creo adicción? Le pregunté.

– No será así, tú eres fuerte. Si no lo fueras, eso que te sucede hoy no te estaría ocupando el pensamiento. Eso te hará más fuerte.

Tania está de cumpleaños y su consultorio hoy amaneció apagado. Cuando ella lo habita amanece los junio 5 con música de la linda. Cuando ella está en el consultorio, sale bien temprano con su bata larga de médico psiquiatra y viene por mi casa a pedir el buchito de café a mi abuela, o a Norma, la abuela de Yaimi. Sigue leyendo

Amiga Mayor

Halia y yoNo tengo certeza de las veces que he hablado de los amigos en este blog; pero sé que son varias. No creo ser una persona que tenga muchos enemigos porque no ha sido mi objetivo dañar a los demás nunca; pero si los tuviera, si hubiera alguien en esta vida que me cree su enemigo, me da igual. A mí me importa más la amistad, me preocupa más ser amiga y leal con quien escojo como aliado en la aventura de ese sentimiento que -cuando es sincero- es uno de los más lindos.

Halia, es mi pequeña gigante. Así le digo. Ella sabe cuánto bien me ha hecho el conocerla y tenerla cerca, desde que probamos que sabe ser amiga mayor y ampararme. En nuestra primera conversación ella me sirvió de paño de lágrimas, apenas sin conocernos, esa vez yo no tenía con quien llorar y ella me prestó un hombro, unos oídos que escucharon a una Johanna deprimida (confieso que mis crisis no son depresivas, si no de ansiedad) lloriqueando porque había acabado un amor de estudiante y porque mis padres de se habían separado y yo no entendía eso a mis 20 años.

Hubo tanta química en esa charla que, después, comenzamos a compartir todo en F y Tercera -Halia era la muchachita de primero de Periodismo del cuarto 2 del 13B, yo estaba en tercer año de la carrera cuando ella empezó la universidad-, compartíamos el calentador, un paquete de galletas, unos platanitos para acompañar la comida mala del comedor, compartíamos ratos en el muro del malecón de La Habana, compartíamos risas, noches de disfraces, comidas a deshoras, conversaciones… Sigue leyendo

La muerte anunciada

Gabriel García Márquez…”y el gozo que le produjo esa mujer, le había permitido entender por qué los hombres tenía miedo a la muerte”.

Cien Años de Soledad, Gabriel García Márquez

Cuando supe que había muerto lloré. Lloré porque era como si lo hubiese conocido de siempre, era como mi abuelo. Lloré porque recordé al papá de mi mamá. Porque mi abuelo y él se parecían mucho. Los dos eran viejitos lindos, bajitos, canosos, inteligentes…

Mi abuelo quería que su nieta fuera la mejor periodista del mundo y especulaba en el barrio y en la Casa de Combatientes de Artemisa que su nieta había empezado a estudiar periodismo en la Universidad de La Habana y que iba a escribir como el que escribió “Cien años de Soledad”; para él, el mejor periodista. Sigue leyendo