Nueve

Fotos: Tomada de Internet

Fotos: Tomada de Internet

las nubes que son
olas
van y vienen

de niña las
veía
pensaba que las veía
pero nunca las he visto
porque no son nubes
son agua
y el agua es transparente
invisible concentrada

y tú sabes que
ni vienen ni van

abriste la
ventanilla
y me faltó el oxígeno

y ahora
que morí por tu culpa
es que veo las nubes
que son olas

que vienen y van

Yo no como huevo frito… ni hervido

huevo fritoNo me gusta el huevo frito. Ni hervido. Ni crudo. En extremo, no me gusta el huevo. Hace mucho tiempo llegué al estado de resignarme ante los consejos de todos los médicos que me han visto: “Come huevo. Es muy saludable”. Dicen. Pero yo no lo como. Y no lo como por varias cosas. El huevo es blando y no me gusta nada así. En la vida hay que ser duro, fuerte, de coraza… El huevo en el interior del cascarón, es una especie de líquido denso, viscoso, pegajoso; y en el interior de ese líquido craso, contiene una semilla de veneno amarilla. Y la semilla de veneno amarilla apesta y ¡es veneno! y ya se sabe lo que hace el veneno.

El olor del huevo y su debilidad provocan en mí una irritabilidad agigantada. Ni aunque lo frías -casi lo quemes- el huevo va a endurecerse, mucho menos oler bien. Siempre será fácil de pinchar con un tenedor. De manera que el huevo no tiene personalidad. No tiene carácter. El huevo es un ente fláccido con pestilencia y, (según los médicos) poseedor de propiedades (que yo no quiero ver) favorecedoras de la salud. Es redondo, o es ovalado. Ahí hay otro defecto. No me gusta lo hemisférico. Porque donde las cosas son hemisféricas (o redondas) a la larga todo va al mismo lugar. No hay más caminos. Lo de la izquierda va a la derecha y viceversa. Al final todo se cruza coincidentemente y a mí me gustan las autopistas despejadas, sin tropiezos, sin marcha atrás, sin dobles sentidos.

El huevo, esa pequeña porción de baba fofa ha sido tolerado por mí en escasas ocasiones. La imprescindible: Cuando la metamorfosis lo convierte en algo dulce.

 

Resultados

tunel en el marLas respuestas que yo no encuentro
me las dan los números.
Si, los números.
Uno los ve y parecen algo en ascenso
1 2 3 4 5 6 7 8…
y suben hasta donde la imaginación
no nos alcanza.
¡Pero bajan!
Bajan desde donde la imaginación
no nos alcanza
hasta el cero,
hasta llegar a ser algo
nulo,
vacío,
muerto,
desértico.
Las respuestas que yo no encuentro
me las dan los números.
y lo hacen a través de operaciones fáciles,
exactas
2+2=4
30-11=19
Me responden
los naturales, los enteros,
los racionales, los reales,
los complejos…
Todos.
Excepto los imaginarios.
Los imaginarios son números malos.
(Existen como solución
a problemas de la vida real,
en los que aparecen intermediarios
con raíces negativas).
Pero; se dijo.
Son malos;
y se complican,
se complican, se complican…

Neurosis de la cucaracha

cucarachanegraHay una cucaracha bordeando la puerta de mi cuarto y hay otra cucaracha muerta frente a mi cama. A esta última le di un pisotón fuerte, estremecedor, mortal… tenía tantas ganas de matar que decidí dirigir el pie derecho hacia ella y aplastarla. No el izquierdo, siempre le tengo miedo a todo lo que tiene que ver con el lado del corazón porque siempre, repito, termina jodiéndome. Y no me gusta ser jodida. Entonces me sentí en la gloria cuando quité la vida a ese animal feo, sucio, que se cubre con un carapacho para no mostrarse, a ese bicho insignificante y torpe que dejé entrar a mi cuarto. Apestó el insecto una vez muerto. Había putrefacción. Sin embargo, sigue una cucaracha (la otra) bordeando la puerta de mi cuarto y a esta no quiero hacer más que observarla. Entonces la contemplo. Quiere entrar al lugar de mis zapatos. La detengo, y le muestro vida en otro campo. No va a la sala. Sigue bordeando la puerta de mi cuarto. Estoy envidiando a ese parásito. En este momento añoro ser ese pedazo de sabandija. Es el único modo de sobrevivir. Y sobrevivir, después del holocausto, viene a ser mi prioridad primera.

Sin cromosomas

cama vacíaHay demasiado calor

y una ciudad que duerme allá afuera.

En este cuarto todo es trastocado:

Los libros unos sobre otros,

los zapatos en el borde de la mesa,

la ropa hecha montones en aquel sillón enclenque,

la otra cama que sirve de retiro…

y el silencio,

ese que acaba por traerme la histeria.

Ahora ya no quedan pensamientos.

Quizás no regresen.

Tal vez esta muerte prematura

sea el resultado de mis torpes decisiones.

Marionetas de estación

tiempo pasado

 

Acaso en un pozo oscuro

Acaso en el infinito,

Acaso en la muerte de

historias disfuncionales.

Acaso en el incoherente

contacto,

en el estúpido saludo

en la hipocresía que no te deja

ganar el hoy.

Acaso en el “no” definitivo.

El pasado no debería

asomarse… ni aparecer.

El pasado,

que inepto y nauseabundo,

juega a matar pedazos de presente.

El pasado ¡sí!

debería ser una especie de tiempo

en estado de coma.

 

Prevalencia de sujetos comunes

serpientes-venenosasHe conocido una serpiente. Una de esas que crees haber visto solo en las pelis de terror. Una especie que te envenena. Un bicho raro; y malo. Es una cobra. Te envuelve. Primero te endulza, te seduce; pero -ojo- es un bicho sin corazón. Los bichos sin corazón tienen dos bandos, o tres, o juegan sin identidad alguna. Se crean todo un pseudo mundo en el que solo habitan ellos y su maldad. He conocido una serpiente y he gritado de horror cuando la tuve enfrente. Y luego vi a la madre, a la tía, a la prima y a la hermana. Eran idénticas: Bajas, viles, mentirosas, impostoras, hipócritas.

Y luego también fui a la calle y vi muchas serpientes malas, bajas, viles, mentirosas, impostoras e hipócritas. Me quise proteger. Saqué un papel blanco y anoté unas letras: Sinceridad, respeto, bondad, elegancia. Si así me visto, he de estar protegida. Hay demasiadas serpientes malas en mi mundo; y en el de los demás.