Neurosis de la cucaracha

cucarachanegraHay una cucaracha bordeando la puerta de mi cuarto y hay otra cucaracha muerta frente a mi cama. A esta última le di un pisotón fuerte, estremecedor, mortal… tenía tantas ganas de matar que decidí dirigir el pie derecho hacia ella y aplastarla. No el izquierdo, siempre le tengo miedo a todo lo que tiene que ver con el lado del corazón porque siempre, repito, termina jodiéndome. Y no me gusta ser jodida. Entonces me sentí en la gloria cuando quité la vida a ese animal feo, sucio, que se cubre con un carapacho para no mostrarse, a ese bicho insignificante y torpe que dejé entrar a mi cuarto. Apestó el insecto una vez muerto. Había putrefacción. Sin embargo, sigue una cucaracha (la otra) bordeando la puerta de mi cuarto y a esta no quiero hacer más que observarla. Entonces la contemplo. Quiere entrar al lugar de mis zapatos. La detengo, y le muestro vida en otro campo. No va a la sala. Sigue bordeando la puerta de mi cuarto. Estoy envidiando a ese parásito. En este momento añoro ser ese pedazo de sabandija. Es el único modo de sobrevivir. Y sobrevivir, después del holocausto, viene a ser mi prioridad primera.

Estatuto de medianoche

sentenciaEn el cuaderno

hay un garabato

de tinta azul;

parece un círculo,

pero quiso

pintar un corazón.

Entonces llamémosle

“corazón”.

Sobre el cuaderno

hay una lágrima

que cae

cae

cae.

Entonces la hoja

se moja,

se rompe.

Sobre la cama

duerme ella.

Del otro lado,

aquellos dos

-que amigos- Sigue leyendo

Marionetas de estación

tiempo pasado

 

Acaso en un pozo oscuro

Acaso en el infinito,

Acaso en la muerte de

historias disfuncionales.

Acaso en el incoherente

contacto,

en el estúpido saludo

en la hipocresía que no te deja

ganar el hoy.

Acaso en el “no” definitivo.

El pasado no debería

asomarse… ni aparecer.

El pasado,

que inepto y nauseabundo,

juega a matar pedazos de presente.

El pasado ¡sí!

debería ser una especie de tiempo

en estado de coma.

 

Pasos sin aciertos

separaciónCaminaba de espaldas a la avenida. Llevaba camisa negra, mochila grande, negra también y roja. Caminaba así como suele, dando salticos. Iba sin mirar a su lado, tampoco detrás. Detrás estaba ella.

Caminaba de frente a la avenida. Llevaba chaqueta negra, bolso grande, negro también y bufanda roja. Caminaba así como suele, con pasos cortos. Iba sin mirar a su lado, tampoco detrás. Delante estaba él.

Intentó llamarlo.

Enmudeció.

Premeditada felonía a la emoción

wastepaper basket

Foto: Tomada de Internet

No eres mala. O no lo fuiste, porque sí sabes ser mala las veces que quieres (de verdad) joder. Te vas desgastando. Envejeces. Ardes. Estallas. Vuelves allí. Buscas parte de la historia; pero no fuiste mala. Al menos no aquella vez. Por lo cual, ni parte ni enlaces de historia vas a encontrar. No mereces entender nada. Para este entonces, no tiene remedio (como dijo).

Y es cuando te deshaces. Lo deshaces. Lo matas.

Es esa la solución: matar (lo). Premeditas la forma en que has de volverte un homicida.

Haces clic.