Que se llama soledad

Mujer mirando al mar

Foto de la autora

A veces creo que tengo un pacto con la soledad. O que ella me persigue. O que yo nací para esta relación amor odio que nos tenemos. No le tengo miedo. Pero me inquieta. Sobre todo en las noches; cuando tengo demasiado tiempo para pensar. A veces hago inventarios. Analizo todo lo que he ganado y perdido en el último tiempo. Analizo cuán sola estoy en verdad o si no lo estoy tanto. A estas alturas tengo ya una hija; que no pedí por aquel tiempo ni busqué, pero que me cayó del cielo y me arregló la vida. Es ella la única persona en el planeta a la cual le profeso paciencia. Ella me ha sabido educar. Y me acompaña. De verdad lo hace y de la manera más hermosa. De la manera más sincera. A estas alturas he tenido los hombres que me ha dado el deseo tener. Y he estado, muchas veces he estado, demasiado sola teniendo dizque “compañeros”. He tenido buenos amigos que aún son buenos amigos y he perdido buenos amigos que ya no lo son. Y he llorado. En el último tiempo he llorado más por los amigos que por los amores. Mis amigos, los buenos y los malos, me han dejado completamente sola. Todos se han ido de aquí.  Y el que se quedó… el que se quedó en mi orilla -aún en ella- está demasiado distante. Y no hay remedio porque duele. He intentado trabajar dignamente con mi título universitario; pero me ha dolido demasiado engañar a los que sí culpables no son. Entonces he tratado de moverme a través de perfiles afines. Y no ejercer. Porque si ejerzo aquí me van a matar. Porque ser demasiado sincera no sirve en este sitio. Juro que no. He intentado cerrar todos los capítulos de mi vida para seguir en paz: con los hombres, con amigos, con colegas. Unas veces me ha salido bien, otras he tenido que esperar desesperadamente por el tiempo sanador. He tenido ganas de matar, de llorar, de reír, de correr; sobre todo en las noches en que estoy sola.

A eso he llegado en el último tiempo: a una soledad espantosa Sigue leyendo

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Primer plano o Poema 28

Foto: Listestudio

Foto: Listestudio

que sienta las gotas de lluvia chocar contra el pavimento
te me acerca
es noche gris
sin luna
sin besos
con demasiadas ausencias
hoy
lo único que guardo
es un pañuelo
-con semen y amarillo-
y mis lágrimas.
Hoy mi ciudad
no sabe vivir sin close up.

Neurosis de la cucaracha

cucarachanegraHay una cucaracha bordeando la puerta de mi cuarto y hay otra cucaracha muerta frente a mi cama. A esta última le di un pisotón fuerte, estremecedor, mortal… tenía tantas ganas de matar que decidí dirigir el pie derecho hacia ella y aplastarla. No el izquierdo, siempre le tengo miedo a todo lo que tiene que ver con el lado del corazón porque siempre, repito, termina jodiéndome. Y no me gusta ser jodida. Entonces me sentí en la gloria cuando quité la vida a ese animal feo, sucio, que se cubre con un carapacho para no mostrarse, a ese bicho insignificante y torpe que dejé entrar a mi cuarto. Apestó el insecto una vez muerto. Había putrefacción. Sin embargo, sigue una cucaracha (la otra) bordeando la puerta de mi cuarto y a esta no quiero hacer más que observarla. Entonces la contemplo. Quiere entrar al lugar de mis zapatos. La detengo, y le muestro vida en otro campo. No va a la sala. Sigue bordeando la puerta de mi cuarto. Estoy envidiando a ese parásito. En este momento añoro ser ese pedazo de sabandija. Es el único modo de sobrevivir. Y sobrevivir, después del holocausto, viene a ser mi prioridad primera.

Estatuto de medianoche

sentenciaEn el cuaderno

hay un garabato

de tinta azul;

parece un círculo,

pero quiso

pintar un corazón.

Entonces llamémosle

“corazón”.

Sobre el cuaderno

hay una lágrima

que cae

cae

cae.

Entonces la hoja

se moja,

se rompe.

Sobre la cama

duerme ella.

Del otro lado,

aquellos dos

-que amigos- Sigue leyendo

Marionetas de estación

tiempo pasado

 

Acaso en un pozo oscuro

Acaso en el infinito,

Acaso en la muerte de

historias disfuncionales.

Acaso en el incoherente

contacto,

en el estúpido saludo

en la hipocresía que no te deja

ganar el hoy.

Acaso en el “no” definitivo.

El pasado no debería

asomarse… ni aparecer.

El pasado,

que inepto y nauseabundo,

juega a matar pedazos de presente.

El pasado ¡sí!

debería ser una especie de tiempo

en estado de coma.

 

Pasos sin aciertos

separaciónCaminaba de espaldas a la avenida. Llevaba camisa negra, mochila grande, negra también y roja. Caminaba así como suele, dando salticos. Iba sin mirar a su lado, tampoco detrás. Detrás estaba ella.

Caminaba de frente a la avenida. Llevaba chaqueta negra, bolso grande, negro también y bufanda roja. Caminaba así como suele, con pasos cortos. Iba sin mirar a su lado, tampoco detrás. Delante estaba él.

Intentó llamarlo.

Enmudeció.