Que se llama soledad

Mujer mirando al mar

Foto de la autora

A veces creo que tengo un pacto con la soledad. O que ella me persigue. O que yo nací para esta relación amor odio que nos tenemos. No le tengo miedo. Pero me inquieta. Sobre todo en las noches; cuando tengo demasiado tiempo para pensar. A veces hago inventarios. Analizo todo lo que he ganado y perdido en el último tiempo. Analizo cuán sola estoy en verdad o si no lo estoy tanto. A estas alturas tengo ya una hija; que no pedí por aquel tiempo ni busqué, pero que me cayó del cielo y me arregló la vida. Es ella la única persona en el planeta a la cual le profeso paciencia. Ella me ha sabido educar. Y me acompaña. De verdad lo hace y de la manera más hermosa. De la manera más sincera. A estas alturas he tenido los hombres que me ha dado el deseo tener. Y he estado, muchas veces he estado, demasiado sola teniendo dizque “compañeros”. He tenido buenos amigos que aún son buenos amigos y he perdido buenos amigos que ya no lo son. Y he llorado. En el último tiempo he llorado más por los amigos que por los amores. Mis amigos, los buenos y los malos, me han dejado completamente sola. Todos se han ido de aquí.  Y el que se quedó… el que se quedó en mi orilla -aún en ella- está demasiado distante. Y no hay remedio porque duele. He intentado trabajar dignamente con mi título universitario; pero me ha dolido demasiado engañar a los que sí culpables no son. Entonces he tratado de moverme a través de perfiles afines. Y no ejercer. Porque si ejerzo aquí me van a matar. Porque ser demasiado sincera no sirve en este sitio. Juro que no. He intentado cerrar todos los capítulos de mi vida para seguir en paz: con los hombres, con amigos, con colegas. Unas veces me ha salido bien, otras he tenido que esperar desesperadamente por el tiempo sanador. He tenido ganas de matar, de llorar, de reír, de correr; sobre todo en las noches en que estoy sola.

A eso he llegado en el último tiempo: a una soledad espantosa noche tras noche que no cambio por ningún otro estado ni otra compañía.

Todas las noches,
desesperada,
abro y cierro el ventanal.
De madrugada
las aspas del ventilador
suenan como tambores
como comparsas.
Un teléfono me despierta
una sacudida
un corazón muy a prisa
un silencio ruidoso…
Un hombre que
no está
me toca.

No la cambio; no. Todas mis noches entristezco porque añoro al único hombre que de verdad me ha amado y he amado. Y lloro porque vivo presa de un miedo. Un miedo que son varios. Y que he de matar porque forma parte de la carrera. Esta vez la vida se me burla, y me sacude y me lleva a volar. Y yo tiemblo y como mis uñas. Y poco a poco me adapto a estas noches solas, desveladas, desesperadas… Y me justifico para no irme lejos. Pero de nada vale. Todos los caminos posibles apuntan lejos y he de irme. Entonces la soledad será distinta. Será blanca y llena de frío, sin mantos y con pinos verdes y adornos rojos. Y yo estaré sola como ahora, pero despertando en una cama de dos.  Ya lo dije al inicio: A veces creo que tengo un pacto con la soledad. Pero a ella no temo.

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15 comentarios en “Que se llama soledad

  1. Mira que yo he leído cosas buenas que tú has escrito, pero esto, amén de ser desgarrador y de tocarme tan de cerca, está sublime. Creo que quizás estamos en presencia de la mejor página de tu blog.

    • Tienes razón, Harold. Es SUBLIME. Pero es un desgarro que no merecemos, que no merece la pluma de nuestra poetisa, que no merece ella misma.
      Pero en la otra cosa te quito razones. En este formidable blog hay mejores cosas. Escritos que la enaltecen más allá de cualquier cima poética.
      Pero, al mismo tiempo, la libertad es suya y ello le da todo el derecho a desgarrar, con “sublimidad”, su propio lamento.
      Un abrazo para ustedes, lleno de los mejores tiempos. Ténganse fuerte, desmedidamente.

      Yo, mientras tanto, me quedo con esto:

      Todas las noches,
      desesperada,
      abro y cierro el ventanal.
      De madrugada
      las aspas del ventilador
      suenan como tambores
      como comparsas.
      Un teléfono me despierta
      una sacudida
      un corazón muy a prisa
      un silencio ruidoso…
      Un hombre que
      no está
      me toca.

      • Querido Richard, muchísimas gracias por siempre llegarse hasta aquí. Yo también me quedo con ese pedazo de poema, que no tiene título, pero existe sin necesidad de un nombre. Coincido también en que aquí hay cosas que me han gustado más, pero es así. Una se sienta frente a la página en blanco y no tiene idea de cómo va a quedar lo que desahoga ahí hasta que derrama el punto final. Cariños siempre para usted. Abrazo.

  2. la soledad siempre es complicada, aprendemos a vivir con ella pero no es alguien agradable para que se quede por mucho tiempo… hace poquito alguien me dijo que no había problema en estar solo, pero la edad -créeme- influye mucho en cómo la tratas y te trata e irremediablemente siempre te va a morder pensando en lo que harías o compartirías con otro, sobre todo si encima de lo que añoras, te desborda lo que entregarías…

    • Exactamente… la edad y las circunstancias. Uno sobrelleva estar sola, pero se lo cuestiona. Me acordaste con tu comentario una canción de Noel Nicola que se llama Miedo. El miedo, generalmente hace muy solitarios a los mortales.
      “Miedo a vivir,
      luz encendida hasta la madrugada,
      en el sillón frente a un espejo
      sin ver la arruga que cruza tu cara.
      Un día de éstos llega la muerte
      y no ha pasado nada.

      Miedo al amor, cama tendida
      sin manchas en las sábanas,
      sólo dos pies, sólo dos manos,
      un solo rostro estrujando la almohada.
      Un día de éstos llega la muerte
      y no ha pasado nada”.

  3. La Soledad, vista desde mi ventana, es la tragedia del Mundo desenfocado, al estilo de la película El Hijo de Saul del 2016 aunque claro no tan terrible. Tus palabras Johanna son píxeles de mi realidad y seguramente la de muchos que han pasado por ese laberinto de agonía en minidosis y cámara lenta en el que da la impresión a veces que solo nos movemos nosotros mismos y el mundo queda paralizado. Es la maldición de la invisibilidad que nos acecha, el Grito de Job que nos persigue, el ahogo intermitente.
    Me gusta mucho tu Blog y espero que sigas escribiendo.
    Saludos de un fan de La Joven Cuba.

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