59 kilómetros de ida y vuelta

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Yo lo estaba tirando todo a mis espaldas. Tenía que viajar 59 kilómetros de ida y vuelta para ir a trabajar. También lo había escogido así. O no me había tocado de otra. Pero en realidad estaba deseando La Habana desde que me fui de ella. En el pueblo donde vivía me habían censurado. Ernesto, aquel director improvisado vigilaba todo lo que yo publicaba en un blog que me había hecho. Ni sé para qué. Pero ahí escupía palabras. Y me gustaba. Se molestó cuando escribí ahí que era algo estúpido prohibirle a un periodista que se olvidara del periodismo crítico porque había que decir lo bueno por aquellos días históricos.

Así llevamos años. Diciendo lo bueno, en días históricos y en cualquier día. El ejercicio en profundidad del periodismo anda perdido. Y yo, por eso y por más, cada día quería saber menos del periodismo. Y me importaba menos lo que sucedía con el periodismo y con los que lo hacen. Había llegado a repugnarme. A nausearme.

Luego se molestó más porque se enteró no sé por quién (yo publicaba mis estados en Facebook personalizados para que él y los demás jefes no los vieran) que yo había posteado que mi jefe me había llamado la atención. Así, eso fue lo que escribí: Sinónimo de “templar” que no sea cursi, y que no sea “follar” porque “follar” es de los españolitos… Me han llamado la atención porque dije -según me dijo- una mala palabra en mi blog… Bastó con el debate.

Por aquellos días yo había escrito un relato y usé la palabra “templar” como sinónimo de “singar”. Vaya, que no quise ser tan explícita. Y así y todo, los informantes se Sigue leyendo

Una emotion de carita feliz en cumpleaños

johannaTe vas a la calle. Nadie sabe que mañana es 19. La gente que te asedia hoy no sabe qué sucedió el 19. La pasas bien. Te diviertes porque quieres. Te ríes mucho porque pruebas ese licor que tanto te gusta y a los efectos que te provoca, te ríes. Eres maldita. Eres impúdica. Eres hasta mala; y lo disfrutas. Pero no puedes portarte mal. Has de llegar a tu casa antes de las doce, como en los cuentos de hadas que dejaste allá cuando eras niña. En tu casa tienes los primeros regalos. ¿Regalos? ¿Por qué te van a regalar? Supones que sea porque naciste un 19. De septiembre para ser más específica. Entonces deduces que es tu cumpleaños y que los de afuera (los de mañana) van a estar al tanto de tu cumpleaños. Tú no. Tú lo crees un circo. O lo crees el día en que la sociedad te obliga a mostrar una emotion de carita feliz. Nadie puede saber si por las noches te desvelas, si no te alcanza el dinero a fin de mes, si cuando escuchas “Everglow” de Coldplay o “Demasiado” de Silvio sientes ganas de agarrar un martillo y romper el ordenador con él. Nadie puede saber si amaneces cansada, preocupada, si por fin maldices a la puta madre del último inepto con quien te cruzaste o si te causa náuseas el saludo que has de ofrecer a esa amiga que no es tan amiga. Nadie puede saber. No mañana. Tu función mañana es salir impecable. Atrevida. Bonita, si es que la palabra describe. Tu función mañana es recordar –oll the time – la emotion de carita feliz. La gente va a quererte mucho mañana. Facebook se va a llenar de felicitaciones; unas muy sinceras, otras no tanto. Y te regalarán muchos likes y envolverán tu diario en una aventura repugnante. ¡Son unos farsantes todos! Hasta tú, que también te has metido a vivir ahí en ese mundo de mentiras. La vida mañana será la misma vida que llevaste hoy, y ayer, y la semana pasada y todos tus años. Es que mañana será un día más en todos tus días.

Llegas a tu casa. Te abrazan. Se te aprieta la garganta. Te preparas para dormir. Duermes. A las cinco y cuarenta y cinco de la madrugada apagas la alarma. Te levantas. Te alistas. Seleccionas una ropa elegante. Te perfumas. Echas en el bolso la emotion de carita feliz y sales. You can do it, you can do it, you can do it… En el camino repites esas cuatro sílabas como quien intenta convertirlas en canción. Así te vas engañando, hasta que terminas creyendo que de verdad puedes.

Profecías

velas encendidas en el mangleHoy fuimos a Cojímar. Mi amigo es paisajista y andaba cazando escenarios. Me le insinué: ¡Cojímar, Cojímar, yo nunca he ido a Cojímar! ¿Vamos?”. Y fuimos. Yo en cambio andaba cazando letras; acaso razones. Cojímar es un pueblito hermoso, como todos los pueblos donde hay mar. Lo descubrimos casi completo.

Cojímar tiene un puente sucio, despreocupado, callado y alborotado a la vez. Tiene un mar de un azul lindísimo y mucha gente devota que le quiere. ¡Ah!, Cojímar tiene algo raro. Cojímar tiene brujería. Mucha. Hoy vi a tres grupos de personas en diferentes pedazos de arena sucia hacerse eso que le dicen “ebbo” en lengua yoruba. Eso me dio risa y me reí casi a carcajadas. Ya estaría atenta. Tenía que saber dónde ponía el pie, por si las moscas. Había dos velas encendidas cerca del mangle. Me llamaron la atención y quise fotografiarlas. Cuando apreté el zoom de la cámara las velas se apagaron. Cuando hice la foto estaban encendidas. Cuando me di la espalda la llama otra vez quedó muerta. Cuando me retiraba de allí las velas eran toda luz. Eso me dio mucho miedo. Llamé a gritos a Roly y echamos a correr. Hoy tuve la certeza de que Cojímar estaba queriendo decirme algo.

El día feliz…

Niña con bandera cubanaHijo:
E
spantado de todo me refugio en tí.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en tí.

José Martí, Ismaelillo

Llegué corriendo a ver hija. Empujé la puerta como casi todas las tardes noches en las que abro y le hago ¡Tra!, y ella sonríe. Rió a carcajadas y me dijo:

-Mamá, ¡me asustaste! ¿Me trajiste cosas?

Yo no le había llevado nada. No le dije que cerrara los ojos, como otras veces para sacar caramelos de mis bolsillos o un paquete de galleticas de mi bolso. Esta vez mamá vino vacía. Pensé entonces en el día de ayer, en la mejor noticia recibida para quienes tenemos que ver con Cuba en cualquiera de las dos orillas, o de las tres o en cualquier parte…

Fue cuando lancé el bolso, me reí, le apreté un cachete y le dije:

-Si mimi; mamá te trajo cosas. Mamá te trajo esperanza, te trajo porvenir…

El post que debía a Halia

Halia9 de octubre, 10:40 PM

Acabo de colgar con la madre de Halia. Griselda tiene la voz llorosa, triste, afligida. Sé que hoy y mañana, lo pasará así. Y sé que no solo estará así esta noche, ni mañana que Halia se va. Griselda estará así todos los días que le están por venir.

Halia también va cruzar mar, como tantos que se aventuran a mejorar la vida. Aquí la realidad no mejora y el cubano de “a pie” solo sabe pasar trabajo y sobrevivir a un salario que solo abastece las necesidades elementales. Por eso Halia se va.

Sabía que un día estaría sintiendo el deseo latente de llorar como si Halia, mi amiga, mi pequeña gigante, se me fuera para siempre. Es que cuando se van, aunque sea a noventa millas no podemos asegurarnos de que el recuentro será pronto. Cuando se van, solo sabemos que les va a ir bien, que tendrán un trabajito bueno, o mejor; y que estarán mandando remesas a los familiares.

Acabo de colgar con Griselda y tuve ganas de abrazarla; pero mi abrazo no va a aliviar el vacío Sigue leyendo

¡Ay Galicia!

A Aliet por ser un amigo en palabras mayúsculas, a mi hija… y al futuro; porque nunca se sabe…

pasaportesEnciendo el ordenador. Yo no soy más que un espectro dando vueltas por la habitación. Iba a jugar a la súper ama de casa, pero hace tres días que en el barrio no hay agua. ¡Hasta la cisterna del consultorio se quedó vacía! Nadie está limpiando. Menos lavando. Norma y Lazarita, deben tener el fregadero aún con la loza de anoche, como mi abuela, la pobre. No pueden fregar, Norma y Lazarita por el agua; mi abuela por el agua y porque no tiene detergente.

Iba a bañarme y lavarme el pelo para salir a resolver lo de la foto del carne. Hacer trámites de cambio de dirección es peor que te roben la cartera en una guagua. Al final, te quedas sin dinero igual. Esos trámites cuestan. Después de todo el papeleo cuestan los viajes, y hasta reírte allí en las oficinas, y que te viren para atrás por un número, por un poder del otro propietario, por una “E” en un nombre que debe ser “O”…

Y te viran así con una tranquilidad que asombra. ¡Qué bien se ve que no es la vieja esa la que se monta en un P6 desde Mantilla hasta no sé qué parte del Vedado y después en un P4 hasta La Lisa! Claro, a ella no le duele. Le duele a una ver como Adelfo con sus más de 70, llega sudado, cansado, y… ufff. ¡Pena me da hablar de eso! Nada, que ahora tengo que hacerme la foto nueva porque dice la vieja que la de la foto no soy yo. Que ahora soy pelirroja y tengo el cabello más corto. Y tengo que hacerme la foto, pero no puedo lavarme el pelo, no hay agua ni para descargar el inodoro. Y si no me puedo lavar el pelo, menos bañarme. Pero he de hacerme la foto.

Iba a llevarle a la niña un poquito de batido porque no le gusta la leche. Hoy se fue en ayunas para el circulo infantil. Pero en el círculo no dejan entrar a las madres hasta que no llega la hora de la recogida. Iba a darle dinero a mi abuela para que sacara los mandados, pero hasta mañana no cobro.

Por eso enciendo el ordenador. Total, Sigue leyendo

Nacer

NacimientoMi madre decidió que naciera. “Tu no estabas planificada”, “No estabas en los planes”… es lo que casi siempre me dice cuando llega otro 19 más en el mes de Septiembre. Sí. Nací gracias a ella. Y a ella le agradezco. Aunque en ocasiones sienta -con ánimos de exagerar- que Septiembre me ha mutilado (El link un intento de poema sucio). Mi madre me dio la oportunidad de ser más que un embrión. Entró al salón para que mi tío -ginécologo en aquel entonces del América Arias (Maternidad de Línea) le interrumpiera el embarazo y los pies le temblaron de miedo; dejó a mi tío con la inyección para anestesiarla. Fue entonces que decidió darme vida.
Lo he dicho reiteradas veces; no me gustan las fechas señaladas, pero el 19 de septiembre es el día en que Emilio y mi madre son felices, en que muchos de mis amigos, los que de verdad han sido mis amigos en los momentos difíciles y en los ratos de gozo, toman unos minutos para llamarme, felicitarme, recordarme… Es el día en que -incluso- los viejos amores también me piensan…

El 19 de septiembre, al final del día, cuando pongo la cabeza en la almohada, mis ojos se humedecen, mis ideas vuelan, mi cabeza piensa -y te piensa- mi sonrisa se destapa…

Cuando el calendario marca mi cumpleaños, antes de dormir, agradezco a mi madre por haberme dado la oportunidad de nacer, de crecer, de ser madre igual que ella…

La historia de Johanna, comenzó cuando mi madre -como yo- tuvo miedo a abortar y decidió sentir los cloqueos habiatuales de un recién nacido. Cada mes de septiembre, mi cumpleños pasa,  y me deja el sabor de agradecerle a la Vida por las lágrimas que me han hecho mejor ser humano, y por tanta dicha, solo posible en este mundo, y no en otro.