Tribulación de cama de hospital

La vida se me presenta
desde el ventanal de un hospital:
Incierta/ Dura/ Condenada.
La Habana que veo por la ventana no es
La Habana que amaba hace apenas cuatro años atrás.
El parque Maceo hoy no tiene luces
y las farolas del malecón son ocres e imperceptibles.
No hay olas; pero hay frío.
Hay silencio aquí.
Abajo seguro hay bullicio porque La Habana sin bullicio no es esa ciudad que es.
Aquí donde estoy pienso/ pienso/ pienso
En volar
En hacer tierra
En el tiempo
En la distancia
En la camiseta blanca
En un pañuelo
En mis anillos de compromiso
En los libros de amazon que ahora tengo y antes no.
En el día de mi casamiento
En los amigos que se fueron
En los que se quedaron
En el primer regaño de mi madre
y en las veces que me dijo: “no seas tan dura con los otros y menos contigo”.
Aquí donde estoy hay silencio.
Mucho.
Es algo que amo y que hoy odio;
la posibilidad de que amanezca y no me hable jamás es el estado de zozobra más grande por el qué mi madre me ha hecho pasar…
Y duele.
Duele tanto como este silencio que ya no disfruto mientras ella duerme y puede o no
venir la posibilidad de que ya no me llame, de que ya no me hable… De que ya no la vea.

Basta para mí que abra la puerta de mi habitación y pelee por no vestir la cama en las mañanas.

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Que se llama soledad

Mujer mirando al mar

Foto de la autora

A veces creo que tengo un pacto con la soledad. O que ella me persigue. O que yo nací para esta relación amor odio que nos tenemos. No le tengo miedo. Pero me inquieta. Sobre todo en las noches; cuando tengo demasiado tiempo para pensar. A veces hago inventarios. Analizo todo lo que he ganado y perdido en el último tiempo. Analizo cuán sola estoy en verdad o si no lo estoy tanto. A estas alturas tengo ya una hija; que no pedí por aquel tiempo ni busqué, pero que me cayó del cielo y me arregló la vida. Es ella la única persona en el planeta a la cual le profeso paciencia. Ella me ha sabido educar. Y me acompaña. De verdad lo hace y de la manera más hermosa. De la manera más sincera. A estas alturas he tenido los hombres que me ha dado el deseo tener. Y he estado, muchas veces he estado, demasiado sola teniendo dizque “compañeros”. He tenido buenos amigos que aún son buenos amigos y he perdido buenos amigos que ya no lo son. Y he llorado. En el último tiempo he llorado más por los amigos que por los amores. Mis amigos, los buenos y los malos, me han dejado completamente sola. Todos se han ido de aquí.  Y el que se quedó… el que se quedó en mi orilla -aún en ella- está demasiado distante. Y no hay remedio porque duele. He intentado trabajar dignamente con mi título universitario; pero me ha dolido demasiado engañar a los que sí culpables no son. Entonces he tratado de moverme a través de perfiles afines. Y no ejercer. Porque si ejerzo aquí me van a matar. Porque ser demasiado sincera no sirve en este sitio. Juro que no. He intentado cerrar todos los capítulos de mi vida para seguir en paz: con los hombres, con amigos, con colegas. Unas veces me ha salido bien, otras he tenido que esperar desesperadamente por el tiempo sanador. He tenido ganas de matar, de llorar, de reír, de correr; sobre todo en las noches en que estoy sola.

A eso he llegado en el último tiempo: a una soledad espantosa Sigue leyendo

Como pez fuera del agua

piernas-de-mujer-y-nina-jpgEstas gentes que me rodean son una larva
son paridos por una sociedad enferma
que emigra al lugar donde la
desesperanza no vive.
Todos se callan.
Al frente hay un hombre africano que
sintoniza el noticiero
a la derecha este otro lee la sección de humor del periódico
y el del primer asiento visita el mundo
mientras apunta con su dedo cualquier
goegrafía en el mapa.
Yo voy aquí
en este barco herrumbroso
que hace ruido
que no vive
con un ADN no marcado
por el comportamiento de quienes son la
masa
a veces no me encuentro entre los
obreros, ni los sufridos, ni los primeros
con privilegios
ciertamente no sé por dónde vago
ni las ciudades que visito
ni por qué el color violeta del que antes era un
mar turquesa.
Hay un loco que canta un rap a mi lado y
me agiganta con su coro el tiempo.
Yo quiero amar a un hombre para olvidar
la inercia
y
huir con ese hombre.
Pero hay un ancla en este puerto que no me
deja.

Claustrofobia

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

A las doce y cuarenta y siete de la
madrugada
veo:
seis gafas de sol colgadas de un rosario
en el espejo azul y más de trescientos
libros viejos y roídos por las polillas
tirados a mi derecha en el librero de
guacima.
La carátula del libro de Pedro Juan con
instrucciones para quienes quieran
convertirse en escritores anda en la
esquina de mi cama, que ya no clama
orgasmos ni sombras ni olores.
Claro. Eso lo sé yo. No el mundo.
Afuera nadie sabe que me han resucitado
demasiados golpes.
Ni que la vida me ha vestido de tirana con
tantas decepciones.
A las doce y cincuenta y siete de la
madrugada
veo:
La luna cuarto menguante
La noche oscura
Las constelaciones
La bienvenida
La sala vacía
La muerte prematura
El cielo negro con puntos de plata
El brindis de antier
La foto de un hombre lejano
El Polo Norte.
A la una y tres de la madrugada
pálpito luego de masturbarme
pienso en la distancia
en el hombre ausente
en los aviones
Y
entonces me ahogo.

La soledad es un gato silencioso

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

tengo un poema provocando contracciones
los perros callejeros que son muchos
allá afuera ladran
y muerden la tela de los pantalones de la
gente que no sabe más que caminar y
quitarse la ropa en una esquina
las venas se me vasocongestionan y
se me acerca la muerte vestida de ocre
y me le alejo
y viene una cucaracha a meterse en mi
zapato
y un grillo a grillar
y un gato negro a acariciarme el rostro
y una soga de saco a apretarme el cuello
y voy respirando sin apenas poder
y voy quedándome sin uñas
y me voy hundiendo en esta noche de
silencios y agonías y faltas y soledades
vuelven los perros las aspas del ventilador
los ronquidos el agua del pozo
el mensaje de texto los árboles del patio
los lirios del jardín las bufandas de colores
la sombra viva a tocar la puerta
la orilla vuelve a naufragarme como
otras veces cuando he muerto ahogada
hay un gato que me salva
todas las noches viene
y me mira y lo miro y no hablamos
y se va y vuelve y regresa y se va porque
de manso es jíbaro
y me deja el silencio y sube a los tejados
y no comparte nada conmigo
más que la soledad de todas las noches
todos los días
y todas las vidas que tenemos los dos.

Cumpleaños

mariposa

Foto: Leslie Lister Reyes


“Tus olores me llegan por el aire mojado y se me vienen a depositar en estas manos que te intentan atrapar, así, como cuando jugamos a cazar mariposas para después dejarlas ir. Quiero que seas Mi mariposa. Como la canción de Silvio”…

y qué soy yo sino un artrópodo
amarillo con alas de colores
que se posa
liba y anda a irse libre
hoy no entiendo
ni las ausencias
ni la cordura
ni el tiempo que no es el tiempo
Sino burla
Y vacío infinito
Y horizonte lejano
Y hacedor de máquinas sin sentimientos
hoy mi mente retorcida se envenena
de recuerdos
Y mis ojos ven arriba
la mitad de la luna
que es plateada y un solo lucero,
también de plata
que se mueve y abre un cráter
hoy es oscuro aquí donde vivo
Y no sé si vivo
O me hacen vivir
Alguien habló hoy de cumpleaños
Y yo me convierto en mariposa
para cruzar el mar.

Cloaca

cloaca-medieval

Foto: Tomada de Internet

Siento los sonidos de las ranas
en el patio de noche
hay allí una piedra un cantero,
un árbol de mangos -el árbol no es de cerezos porque mi isla no es Japón-
en el que viven lechuzas
el lirio rojo
charcos invisibles
un grillo.
Camino
me agacho
agarro los bejucos de tilo
a ciegas porque la luna llena
es oscura.

La soledad no limpia las almas

adentro saludo a la muñeca de trapo
me doy puñaladas
hago una fogata con fósforos
me masturbo
pensando en los hombres
que me han amado
Palpito
mal respiro
se me apunta un ataque cardiaco
hiperventilo
me mareo
Where is the air?

La soledad no limpia las almas

El día en que nací me muero
A lo mejor
se pone alegre la funeraria
A lo mejor no.