Tercera carta a mi madre 

Mamá:
Mi hermano y yo fuimos al cementerio, mamá. Fui porque como ya te dije, sé que en vida atendías a todos tus difuntos. Y tengo la cosa rara de que tu sepultura no esté fea ni desatendida. Habré de pagarle a alguien para que todos los fines de semana se encargue del lugar. Me sentí extraña tocando ese pedazo de granito brilloso y el cemento que selló la tapa de la bóveda. Hacía pucheros. Hablaba con Joan y le decía que esto que nos había pasado era mentira. Te pusimos margaritas porque no encontramos azucenas. Pero también son lindas. El cementerio estaba lleno de flores el día de las madres; pero ni así me gustó. Tú sabes que yo no presumo de hacer cuando no hay remedio. Entonces me parece demasiado sin sentido ir allí a llenar unas jardineras de flores domingo tras domingo. No es allí tu lugar y ese día me convencí. Es la segunda vez que esto me sucede en el cementerio desde que estás sepultada: Siento, cuando veo esa tumba, que no estás ahí. Así me pasó el día 20 de abril cuando me quedé al final sola después que se fueran los demás. Quería hablar contigo allí y no pude. Te puse una azucena y me fui. Ese domingo me sucedió lo mismo. Quería hablar contigo y no pude. Me parece demasiado estúpido hablar con un cuadrado de cemento. Entonces vine a la casa y me dispuse a hacer deberes. H soñó contigo. Dice que le dijiste que habías vuelto por mí para que yo viera que estabas bien dizque porque estabas preocupada por mi sufrimiento. Yo sufro sí, mamá. Pero ya es distinto. Es un dolor que no se va, pero… diría que se parecen a las contracciones del parto. Va y viene. O sea que me río, que disfruto, que paseo, que me sigo poniendo shores cortos y a veces hasta blusas cortas, que estoy loca por ponerme un bikini para ir a la playa, que quiero retomar la escuela de francés…. en serio estoy haciendo mi vida tal cual me pediste. No estás en el cementerio mamá. No lo estás. Estas aquí adentro mío, en mis memorias, en la carita de Isabella que se te parece tanto, en mi exquisita manera de hablar… y hasta en la taza de café que añoro en las mañanas, en tu olor que anda disperso por toda la casa cuando uso tu perfume. Quedarme muda frente a una sepultura de cemento y granito dos veces seguidas y venir a buscarte en mi interior me provoca un alivio inmenso. Yo me creía menos espiritual. Y tú debes estar contenta de que así no sea. No sé por qué me sucede. Concluyo de esto que tu lugar sigue estando junto a nosotros y no en un hueco oscuro donde un cuerpo putrefacto se descompone ahora mismo. Quiero darte las gracias por tu dedicación y tus regaños, de estos últimos he aprendido mucho ahora que te fuiste. Hoy el día me ha amanecido un poco agridulce mamá porque hace un mes que no te veo, pero Isabella me ha dado muchos besos y me ha hecho sentir importante. Como disco rayado enfatiza en que me quiere mucho mucho mucho. Está intoxicada por tercera vez desde que nació. ¿Te acuerdas la del año pasado? Pues así más o menos se puso este. Lleva tratamiento con antisthamincos. Parece que la niña me quiere en verdad. ¿Será entonces posible algún día estar a tu altura? Ayúdame a que sí.

Siguen pasando cosas feas. Ahora mismo recibí otra llamada horrible. De las mismas cosas feas que no quiero contarte. A veces me quedo perpleja de los horrores que tiene que ver una cuando falta alguien de la familia. Estoy deshecha por ratos y me asquea todo, mamá. Me asquea la familia de sangre que te envidia, me asquea el país, el gobierno, me asquean los vecinos (algunos). A veces tengo ganas de mudarme… A veces no. ¿Sabes? Hay un lugar… hay un lugar que me quita el pensamiento. Cuando me veo ahí es como sí me quitaran el cable que tengo conectado y de verdad despojara todo de mí y quedaran sólo las sensaciones. Tampoco te voy a decir de qué lugar de trata. Ni si es real o lo sueño. Es algo muy mío.  Hoy me he levantado rara. Con una sensación de vacío inmensa y luego de recibir una llamada he sentido rabia, pero a la vez decepción. Más decepción. Cuando eso me pasa quiero irme lejos. Y sé que irme lejos no sería huir sino vivir. Recomenzar. Tengo que hacerte caso y cuidar mucho lo que tengo mamá. Harold, decías tú, que habías ganado un hijo. Mi papá siempre me ha dicho que no me busque novios con el colchón mea’o… Y H es el hombre que más valor me ha dado ante cualquiera, incluso ante su madre. Él me defiende. Es mi nido. Ama a Isa no porque es mi hija, la ama de verdad porque la niña se lo roba. Jamás tengo que pedirle nada a ese hombre, está al pendiente de todo mi bienestar; pero no me refiero al económico sólo, me refiero a mí: a lo que quiero, a lo que me hace bien, a mi espacio, a lo que disipa mi ansiedad. A veces creo que él no merece a alguien de tan malas pulgas como yo; pero otras -y son la mayoría- sé que no va a encontrar ni mi copia exacta en ningún lado Jajaja qué modesta yo soy. Tú decías que era vanidad. ¿Mamá, estabas loca? Yo no soy vanidosa, ni soberbia… A veces un tin, como todos lo somos en algunos momentos. Y tener blanco y negro en la personalidad está bien. Pero soy un pedazo tuyo que anda por ahí. Mis valores son los tuyos y los de mi papá. ¿Cómo ser vanidosa al punto de no tener sensibilidad? No, mamá. Puedes estar tranquila… hasta hoy me ha salido bien la mezcla de cualidades. Creo que estoy un poco triste. Ya te lo dije. Creo que necesito el mar. No verlo desde una ventana, ni pasear por el malecón como el sábado pasado. Necesito el mar en contacto directo conmigo. ¿Sabes, mamá? Yo hablo con el mar, me quedo viendo las olas largo rato. Hablo con mi yo más diabólico en el mar, embarrada de sal, de agua y de sonidos. Iré pronto. Quiero celebrar tu cumpleaños en el mar con las personas que más quiero. Ojalá pueda. Quedan 17 días para que la niña cumpla 7 el día 7. Le tengo un miedo que da espanto al mes de junio. Es el cumpleaños de las dos. De mi hija y de mi madre. Siento un orgullo del día en que nació Isa!!! Es que te recuerdo tan feliz decirle a todos que tu nieta había nacido el día del bibliotecario. Qué cosas tiene la vida!! Mientras te escribo esto lloro con lágrimas silenciosas. Nadie me ve hoy llorar. Todavía me cuestiono los hechos. Si te soy sincera, he aborrecido a Dios y me he apegado mucho más a la filosofía “nietzcheniana” de que fue el hombre quien inventó a Dios y no a la inversa. No me hace mal. Me parece una postura inteligente. Hoy no me lo reprocho. Ojalá no lo hagas tú. Creo, para no hablarte más de eso, que si Dios existe de verdad se tomó un diazepam y se durmió. El mundo está loco madre. Y si en verdad después de morir hay algo más, pues entonces sin distinciones, eh?! Mira que ya tenemos bastante con las de este mundo terrenal.

Tenía muchas ganas de que estuvieras para este cumpleaños de la niña. Es que por tu culpa siempre se le picaba un cake. Sabes que detesto la algarabía, los cumpleaños, la bulla. Sin ti ahora… viene a ser difícil.

Yo no sé si mi paciencia pueda con tanto. Te pido fuerzas madre mía. Ayúdame de verdad a enfrentar todo lo que se me viene. En tanto, confío en mí, en la fortaleza que he tenido, en que siempre me dijeron ser una gallita de pelea y no por gusto, en mi carácter, en mi seguridad, en mi determinación ante todo. El tiempo vuela, mamá. Va pasando. Es perceptible sólo cuando nos sentamos a pensar. Hoy hace un mes que te fuiste. Sí, te fuiste. Yo creo eso: que te has ido de viaje. A ver, es raro: sé que estás muerta. Y me duele profundamente admitirlo en alta voz. Sobre todo cuando paso por el cuarto de mi abuela y veo la foto que puse encima de tu ataúd. No estoy fuera de mi realidad. O sea, no estoy loca. Pero mi consuelo es pensar que estás de viaje, que todavía nos ves, que te ríes lindo cuando soy la madre ideal para Isa, cuando regaño a mi hermano, cuando le chequeo la presión a mi abuela. Yo prefiero y escojo pensar que estás de viaje. Un viaje esotérico del que nadie ha vuelto; pero que te llegan las noticias adonde estás.

No sé cómo entender la crueldad de abril con nosotros mamá… aún así habrá que escribirla; dijera un poeta también. Yo me desahogo. Te escribo y no puedo parar de hacerlo. Eso me libera. Hoy hace exactamente 30 días de aquel 20 y desde entonces me estoy transformando en un ser humano más fuerte. Al menos trato de no tenerle miedo al miedo.

Te extraño a mares cuando no te oigo pelear. ¿Me puedes hacer el torniquete? Sigue quedándome mal.

Tu cachazuda, que jamás va a dejar de ser cachazuda, piensa muchísimo en ti.

(Mayo 20, 12:37 pm)

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Primera carta a mi madre

Mamá: 
Hoy ya es martes, lo que es de madrugada. No me he podido dormir pensando en ti. Tengo muchas imágenes en la cabeza que me anudan la garganta. Creo que estoy cansada. Tu partida tan abrupta, me ha dejado en estado de letargo. Todavía hablo de ti en presente. No puedo de otro modo. Aunque los médicos ya me habían dicho, yo jamás pude contentarme. Es que la resignación todavía no llega; si es que llega. Hoy hice cosas que de seguro te iban a enorgullecer: recogí todo tu cuarto, lo baldee, sacudí tus ventanas, quíté el polvo a todos tus adornos, tomé la ropa que menos usabas y la envié para la casa de tus primas, acomodé el cajón de las fotos viejas. En los regueros encontré una foto tuya y de mi papá. Tú estabas hermosa y tenías el mismo corte de cabello que yo uso ahora. Mi papá estaba gracioso. Usaba una bacteria de aquellas con aravescos y colorines… pero quedaron lindos. Al menos los dos se reían y eso me puso feliz. Mi hermano y yo hablamos mucho en la tarde de ti. Nos reímos un rato sorprendidos de la inmensa cantidad de detalles que aún guardabas. Hasta las postales por el día de las madres que ya nadie se manda!! Ah, vinieron unas primas tuyas a ver a mi abuela. Ella está triste. Yo no sé si más que nosotros. A veces se porta agresiva; pero la estoy ignorando porque ya va para 90 y el que no estés ya, ha sido lo peor que le ha sucedido. Hoy regresó Isa de San Cristóbal. Llegó super entusiasmada. Hizo muchos cuentos de las vacaciones. De todo lo que bailó y jugó con sus primitas en La Vega. Mi papá la trajo con Jason, mi sobrino, el niño de mi hermana que si lo ves te quedas muda porque está inmenso de alto. Desde que Isa llegó notó la casa diferente porque ya el cuarto de los libros no tiene los libros y tu cuarto esta distinto y sin tu cama todavía. Me ha costado trabajo terminar todo muy rápido. Esta recogida la llevo a mi paso. Es que necesito conocerte más a través de lo que nos has dejado. Isa no te vio. Yo no vacilé en explicarle todo lo que pasó. No le dije nada del cáncer porque ni a ti tuve valor de decirte… y creo que fue mejor porque a sus casi 7 no iba a entender nada de esa enfermedad. Sólo la senté en la esquinita de la cama y hablamos. Hablamos de Coco, la película que ella misma te enseñó…  y después hablamos de ti. Isa necesitaba comprender que la muerte es un proceso definitivo. Yo tengo mucho miedo de que te espere todo el tiempo y por eso decidí hacer lo que se hace: hablar la verdad. Mamá, Isa es una niña astuta!! Ella tenía carita de susto. Cuando le dije que habías fallecido me dijo que no podía ser. Y acto seguido me pregunto si ya nadie le iba a llevar tartaleticas por la cerca de la escuela a la hora de la merienda. Le dije que todo lo que tú hacías con ella, lo haría yo a partir de ahora. Después le expliqué como tenía que recordarte. Por momentos hice pucheros, pero me contuve porque creo que se asustaba. Ya la niña sabe que es en la mente y en el corazón donde estas viva. Te juro que todos los días de mi vida voy a tratar de que jamás lo olvide. Hoy no la pude bañar temprano. Te prometo que mañana si. Yo acabo de asearme ahora y me he quedado sin sueño porque extrañé tus peleas para que apagará la luz del baño y te dejara dormir. Extraño mucho tenerte en la casa y que me mandes. Que me reprimas por dejar mal puestos los zapatos y el bolso encima de la mesa. Creo que te extraño toda la verdad. Mañana, o bueno, ahorita Isa reinicia el curso escolar. Tengo un poco de miedo de no hacer las cosas bien sin tu asesoría. Tengo, además, miedo de extrañarte más de lo que te extraño ahora. Algo me falta y debes saber que eres tú, madre mía. Te pido que me enseñes a hacerlo todo sin ti. Voy a intentar relajarme un rato. Te iré contando de cómo le van las cosas a esta Johanna que ha tenido que nacer ahora. Isa se puso contenta con el jueguito de yaquis que le dejaste de cuando eras niña. Ya le planche el uniforme y le limpié los zapatos. La mochila también está lista. Quiero dejar de escribir y siento que algo se me atraganta. Basta decirte por ahora lo necesario. Recuerda que te extraño. Mucho. Incluso más de lo que pude haber imaginado jamás. A veces hay lágrimas en mis ojos. Sobre todo cuando veo tus pertenencias. Por el contrario cuando veo tus fotos me enorgullezco y siento hasta paz. Disfruta de Isa mañana que le haré la trenza con el cintillo rojo que te gustaba para la escuela. 
Tu niña te quiere mucho. 
Te doy un beso cálido como los últimos que nos dimos. Te abrazo. 
“Tu cachazuda”. 
23/abril/2019  3:24 am

María 

Estoy, madre mía,
queriendo encontrarte en cada arruga
que me hallo y en las canas que el rojo teñido no deja ver.
Estoy, madre mía, apurada por la vida, queriendo alcanzarte a mis 30

Tal vez a los cuarenta y cinco…

Sin embargo

Te me agigantas/te me agigantas/te me agigantas

Hay demasiada bondad en tu alma como para que alguien te iguale.

Alcanzarte sería pedir
que no salga el sol.

Tribulación de cama de hospital

La vida se me presenta
desde el ventanal de un hospital:
Incierta/ Dura/ Condenada.
La Habana que veo por la ventana no es
La Habana que amaba hace apenas cuatro años atrás.
El parque Maceo hoy no tiene luces
y las farolas del malecón son ocres e imperceptibles.
No hay olas; pero hay frío.
Hay silencio aquí.
Abajo seguro hay bullicio porque La Habana sin bullicio no es esa ciudad que es.
Aquí donde estoy pienso/ pienso/ pienso
En volar
En hacer tierra
En el tiempo
En la distancia
En la camiseta blanca
En un pañuelo
En mis anillos de compromiso
En los libros de amazon que ahora tengo y antes no.
En el día de mi casamiento
En los amigos que se fueron
En los que se quedaron
En el primer regaño de mi madre
y en las veces que me dijo: “no seas tan dura con los otros y menos contigo”.
Aquí donde estoy hay silencio.
Mucho.
Es algo que amo y que hoy odio;
la posibilidad de que amanezca y no me hable jamás es el estado de zozobra más grande por el qué mi madre me ha hecho pasar…
Y duele.
Duele tanto como este silencio que ya no disfruto mientras ella duerme y puede o no
venir la posibilidad de que ya no me llame, de que ya no me hable… De que ya no la vea.

Basta para mí que abra la puerta de mi habitación y pelee por no vestir la cama en las mañanas.

¿Y si no vemos la luz?

Foto de la autora

Mi cuarto no es cuadrado
pero es un rectángulo que igual me ahoga
Me ahogan también un Caimán
voces impertinentes
la neblina
los gorriones del jardín
mis lágrimas y desesperación.
Me tiro boca arriba en la cama
dejo en el suelo los papeles
las medias la ropa por lavar
paso el pie por encima del reguero torpe
lo hago a un lado
no lo organizo.
A veces quiero matar a mi familia a los vecinos a los que preguntan
-hola, ¿cuándo te vas?
Sin saber que me cuesta demasiado llanto
demasiada ira
demasiada inconformidad.
No hay ninguna otra forma de amar:
Se ama egoísta y se quiere egoísta
Y deja que los libros de autoayuda vendan mentiras.
Soy yo quien dice la verdad:
Se ama y se quiere el roce
el orgasmo
el beso
el hombro para dormir
los planes
las vacaciones
los viajes
el paso por ti a las 16:00
el hazme un masaje
Se ama y se quiere
las compras a dúo, o a trío
el día de picnic
la felicitación a los hijos
el desayuno y las primeras palabras del día
el decoremos este mes la terraza
el aquí estoy.
Paso de largo.
Entro y salgo de mi cuarto
colocó la ropa al borde de la cama para lavarla después.
Pero lavar cuando el ánimo quiera
No yo.
Yo soy un ser sin corazón o con un corazón lleno de llantos
o un alma desesperada
que llora todas las noches
que se aferra a la espera porque ama.
Duele
Duele demasiado vivir con un corazón atestado de costuras.
Me derrumbo en el suelo
aparto con mis pies el reguero
escribo
seco las lágrimas
hiperventilo
Busco por instantes el equilibrio para salir sana de esto:
La único que se me ocurre para no llegar al delirio es la luz.
Yo no la veo.
Pero en el confío y me prometió que existe.

La parábola del azulejo y yo

Joaquín y yo hemos construido, sin proponérnoslo, una especie de sociedad en la que los dos somos ganadores.

Foto de la autora

Joaquín vive en cautiverio. Aún así come alpiste todos los días, toma a punta de pico el agua que le doy, muda su plumaje y canta hermoso. Todas las mañanas canta. Aletea de día por toda la jaula. A veces permanece quieto. Duerme en las noches y nos despierta con su cantar. Yo lo observó desde que lo adopté y lo reparo. Es que él y yo nos parecemos mucho: Los dos estamos fuera de hábitat.

Joaquín y yo queremos ser amigos. Siempre que voy a la terraza espero a verlo cantar. Cuando lo hace sonrío. Después me voy. Yo también vivo en cautiverio. Aun así todos los días me levanto y quito la cortina de la ventana  para poder respirar bien. Me alimento sin deseos; pero me alimento. Tomo agua también; pero a “pico de pomo”. Más de la que solía tomar cuando aparentemente era libre. Todavía canto porque intento soltar letras. A veces también permanezco quieta. Demasiado. Otras aleteo igual desesperada y deambulo por mi jaula que es mi cuarto sin aliento y sin paz. A veces me alegro muchísimo de parecerme a Joaquín. Él, a diferencia de sus iguales, al menos está a salvo de los buitres. Y yo ahora también. Afuera hay aves demasiado carroñeras. Aquí no. Aquí estamos solo nosotros; aunque extrañemos -ocasionalmente- la vida antes de la jaula. En la jaula nos cuidan. De algún modo solo esperamos el día de volar.

Él no me lo ha dicho todavía, pero sé que canta para enseñarme. Yo no sé lo he dicho todavía, pero él sabe que escucharlo todos los días cantar, me hace correr desesperada a quitar la cortina de mi ventana para poder respirar bien. Joaquín y yo hemos construido, sin proponérnoslo, una especie de sociedad en la que los dos somos ganadores.

 

 

Los gritos de la carencia

Foto: Tomada de Internet

El perro de mi vecina es amarillo. Ladra mucho. Le conté 124 ladridos en un minuto. Me senté en el sillón a las 6:39 y faltan 20 para las 7. El perro de mi vecina se pasea por el techo de su casa. Junto a él, se oyen tres ladridos diferentes. De otros perros seguro. Tan desesperados como él. Todos los desesperados son así. Gritones. Vocingleros. Son los que escandalizan de más. Hambre no tenía porque mi vecina le ha puesto un plato con comida y no comió. Sed tampoco; no probó un sorbo del agua que hay en la vasija. El perro de mi vecina lleva ladrando alocadamente más de cinco minutos. Desespera. Desde mi sillón lo miro y me percibo asesina de caninos. Descuartizadora de esos bichos de cuatro patas que sólo hacen bulla y ensordecen. Mi vecina subió al techo y se ha agachado dispuesta a jugar con él. Lo acaricia. Desde mi sillón la veo sonreír y al perro lamerle los cachetes. Me balanceo. Disfruto del silencio. Ese silencio que anhelo y adoro. El perro de mi vecina me ha provocado demasiada lástima.