Estatuto de medianoche

sentenciaEn el cuaderno

hay un garabato

de tinta azul;

parece un círculo,

pero quiso

pintar un corazón.

Entonces llamémosle

“corazón”.

Sobre el cuaderno

hay una lágrima

que cae

cae

cae.

Entonces la hoja

se moja,

se rompe.

Sobre la cama

duerme ella.

Del otro lado,

aquellos dos

-que amigos- Sigue leyendo

El post que debía a Halia

Halia9 de octubre, 10:40 PM

Acabo de colgar con la madre de Halia. Griselda tiene la voz llorosa, triste, afligida. Sé que hoy y mañana, lo pasará así. Y sé que no solo estará así esta noche, ni mañana que Halia se va. Griselda estará así todos los días que le están por venir.

Halia también va cruzar mar, como tantos que se aventuran a mejorar la vida. Aquí la realidad no mejora y el cubano de “a pie” solo sabe pasar trabajo y sobrevivir a un salario que solo abastece las necesidades elementales. Por eso Halia se va.

Sabía que un día estaría sintiendo el deseo latente de llorar como si Halia, mi amiga, mi pequeña gigante, se me fuera para siempre. Es que cuando se van, aunque sea a noventa millas no podemos asegurarnos de que el recuentro será pronto. Cuando se van, solo sabemos que les va a ir bien, que tendrán un trabajito bueno, o mejor; y que estarán mandando remesas a los familiares.

Acabo de colgar con Griselda y tuve ganas de abrazarla; pero mi abrazo no va a aliviar el vacío Sigue leyendo

¡Ay Galicia!

A Aliet por ser un amigo en palabras mayúsculas, a mi hija… y al futuro; porque nunca se sabe…

pasaportesEnciendo el ordenador. Yo no soy más que un espectro dando vueltas por la habitación. Iba a jugar a la súper ama de casa, pero hace tres días que en el barrio no hay agua. ¡Hasta la cisterna del consultorio se quedó vacía! Nadie está limpiando. Menos lavando. Norma y Lazarita, deben tener el fregadero aún con la loza de anoche, como mi abuela, la pobre. No pueden fregar, Norma y Lazarita por el agua; mi abuela por el agua y porque no tiene detergente.

Iba a bañarme y lavarme el pelo para salir a resolver lo de la foto del carne. Hacer trámites de cambio de dirección es peor que te roben la cartera en una guagua. Al final, te quedas sin dinero igual. Esos trámites cuestan. Después de todo el papeleo cuestan los viajes, y hasta reírte allí en las oficinas, y que te viren para atrás por un número, por un poder del otro propietario, por una “E” en un nombre que debe ser “O”…

Y te viran así con una tranquilidad que asombra. ¡Qué bien se ve que no es la vieja esa la que se monta en un P6 desde Mantilla hasta no sé qué parte del Vedado y después en un P4 hasta La Lisa! Claro, a ella no le duele. Le duele a una ver como Adelfo con sus más de 70, llega sudado, cansado, y… ufff. ¡Pena me da hablar de eso! Nada, que ahora tengo que hacerme la foto nueva porque dice la vieja que la de la foto no soy yo. Que ahora soy pelirroja y tengo el cabello más corto. Y tengo que hacerme la foto, pero no puedo lavarme el pelo, no hay agua ni para descargar el inodoro. Y si no me puedo lavar el pelo, menos bañarme. Pero he de hacerme la foto.

Iba a llevarle a la niña un poquito de batido porque no le gusta la leche. Hoy se fue en ayunas para el circulo infantil. Pero en el círculo no dejan entrar a las madres hasta que no llega la hora de la recogida. Iba a darle dinero a mi abuela para que sacara los mandados, pero hasta mañana no cobro.

Por eso enciendo el ordenador. Total, Sigue leyendo

Nacer

NacimientoMi madre decidió que naciera. “Tu no estabas planificada”, “No estabas en los planes”… es lo que casi siempre me dice cuando llega otro 19 más en el mes de Septiembre. Sí. Nací gracias a ella. Y a ella le agradezco. Aunque en ocasiones sienta -con ánimos de exagerar- que Septiembre me ha mutilado (El link un intento de poema sucio). Mi madre me dio la oportunidad de ser más que un embrión. Entró al salón para que mi tío -ginécologo en aquel entonces del América Arias (Maternidad de Línea) le interrumpiera el embarazo y los pies le temblaron de miedo; dejó a mi tío con la inyección para anestesiarla. Fue entonces que decidió darme vida.
Lo he dicho reiteradas veces; no me gustan las fechas señaladas, pero el 19 de septiembre es el día en que Emilio y mi madre son felices, en que muchos de mis amigos, los que de verdad han sido mis amigos en los momentos difíciles y en los ratos de gozo, toman unos minutos para llamarme, felicitarme, recordarme… Es el día en que -incluso- los viejos amores también me piensan…

El 19 de septiembre, al final del día, cuando pongo la cabeza en la almohada, mis ojos se humedecen, mis ideas vuelan, mi cabeza piensa -y te piensa- mi sonrisa se destapa…

Cuando el calendario marca mi cumpleaños, antes de dormir, agradezco a mi madre por haberme dado la oportunidad de nacer, de crecer, de ser madre igual que ella…

La historia de Johanna, comenzó cuando mi madre -como yo- tuvo miedo a abortar y decidió sentir los cloqueos habiatuales de un recién nacido. Cada mes de septiembre, mi cumpleños pasa,  y me deja el sabor de agradecerle a la Vida por las lágrimas que me han hecho mejor ser humano, y por tanta dicha, solo posible en este mundo, y no en otro.

Huracanes

huracanLlegó tan desaforado que apenas le dio unos minutos para conducirse. Empacó algunos vestidos en la mochila gris y echó a andar a su ritmo. Fue tan rápido que no alcanzó a despedirse de nadie. No hubo abrazos, ni adioses, ni lágrimas… solo la constancia de que se había ido tras su paso.

Los estragos fueron muy intensos; a tal punto que la dejó perturbada. Duda de haber hecho lo correcto, se cuestiona por el miedo que le provoca todo lo visto… Miedo porque nunca había vivido algo así, algo tan fuerte, algo tan exaltado…

Solo unos minutos para accionar, y se fue.

Hay quien entra a la vida así de esta forma; “como huracán”, diría ella. Esta vez no iba a dejarlo volar solo y expandirse por el aire sin su compañía. Irían juntos vagando, revolcados en el ojo centro de la calma y dispuestos a traspasar los fuertes vientos, las intensas lluvias, las marejadas, el oleaje que venía tras la quietud.

Desde que se perdió en el oasis de su cuerpo jamás ha vuelto a temerle a los huracanes. Ahora son dos en un solo evento…

La suerte de que alguien entre a ti como un huracán es que, certeramente, nunca empiezas a olvidarlo.