Los gritos de la carencia

Foto: Tomada de Internet

El perro de mi vecina es amarillo. Ladra mucho. Le conté 124 ladridos en un minuto. Me senté en el sillón a las 6:39 y faltan 20 para las 7. El perro de mi vecina se pasea por el techo de su casa. Junto a él, se oyen tres ladridos diferentes. De otros perros seguro. Tan desesperados como él. Todos los desesperados son así. Gritones. Vocingleros. Son los que escandalizan de más. Hambre no tenía porque mi vecina le ha puesto un plato con comida y no comió. Sed tampoco; no probó un sorbo del agua que hay en la vasija. El perro de mi vecina lleva ladrando alocadamente más de cinco minutos. Desespera. Desde mi sillón lo miro y me percibo asesina de caninos. Descuartizadora de esos bichos de cuatro patas que sólo hacen bulla y ensordecen. Mi vecina subió al techo y se ha agachado dispuesta a jugar con él. Lo acaricia. Desde mi sillón la veo sonreír y al perro lamerle los cachetes. Me balanceo. Disfruto del silencio. Ese silencio que anhelo y adoro. El perro de mi vecina me ha provocado demasiada lástima.

Anuncios

59 kilómetros de ida y vuelta

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Yo lo estaba tirando todo a mis espaldas. Tenía que viajar 59 kilómetros de ida y vuelta para ir a trabajar. También lo había escogido así. O no me había tocado de otra. Pero en realidad estaba deseando La Habana desde que me fui de ella. En el pueblo donde vivía me habían censurado. Ernesto, aquel director improvisado vigilaba todo lo que yo publicaba en un blog que me había hecho. Ni sé para qué. Pero ahí escupía palabras. Y me gustaba. Se molestó cuando escribí ahí que era algo estúpido prohibirle a un periodista que se olvidara del periodismo crítico porque había que decir lo bueno por aquellos días históricos.

Así llevamos años. Diciendo lo bueno, en días históricos y en cualquier día. El ejercicio en profundidad del periodismo anda perdido. Y yo, por eso y por más, cada día quería saber menos del periodismo. Y me importaba menos lo que sucedía con el periodismo y con los que lo hacen. Había llegado a repugnarme. A nausearme.

Luego se molestó más porque se enteró no sé por quién (yo publicaba mis estados en Facebook personalizados para que él y los demás jefes no los vieran) que yo había posteado que mi jefe me había llamado la atención. Así, eso fue lo que escribí: Sinónimo de “templar” que no sea cursi, y que no sea “follar” porque “follar” es de los españolitos… Me han llamado la atención porque dije -según me dijo- una mala palabra en mi blog… Bastó con el debate.

Por aquellos días yo había escrito un relato y usé la palabra “templar” como sinónimo de “singar”. Vaya, que no quise ser tan explícita. Y así y todo, los informantes se Sigue leyendo

Silencio

micrófono vacío“No debe hacerse de la pluma arma de satírico, sino espada de caballeros”.

José Martí

Duermen. Solo algún loco, o neurótico, o los desequilibrados como yo, se apresan de este insomnio.

¿La TV? Para qué. Los titulares del mediodía a esta hora ya no son noticia. Y no tengo internet hasta el amanecer. Y en la TV solo veo espacios informativos hasta el día en que me atreva a descuartizar el aparato porque en un país que pasa de todo y está tan lleno de problemas y el pueblo tan inconforme con estos, en el noticiero –como dice mi papá- casi todo está bueno.

¿Un clásico? No tengo ánimos. Ya observé con detenimiento mi librero y no sé si decidirme a terminar Lolita o a empezar Pedro I, un libro que me han regalado. Esta noche no será.

¿Música? ¿A quién? Hoy no quiero ni a Silvio, ni a Sabina, ni a Pablo, ni a Ana Belén… Quiero este silencio.

En este diálogo con mi interior a esta hora de la noche, llama alguien a mi teléfono: Sigue leyendo

Noticias que duermen y descansan el fin semana

periodicosNo quiero ser periodista en un lugar en el que las noticias se acuestan a dormir. Eso no fue lo que enseñaron en la universidad. No quiero ser periodista en un lugar en el que después de las 5 de la tarde no hay noticia, la puerta de la redacción se cierra, las máquinas se apagan, el periodismo se va a la casa contigo y termina limpiando -contigo también- todo lo que no te alcanzó a limpiar el fin de semana.

No quiero ser periodista en un lugar en el que los domingos las noticias descansan. Las noticias no tienen fin de semana. Las noticias pueden ocurrir en cualquier momento, las noticias pasan y no te avisan antes para que despiertes o molestes a tu jefe para que preste un segundo la lleve de la redacción y puedas actualizar la web. Las noticias pasan. Ocurren. No te notifican antes que va a ocurrir tal accidente, que se va a morir Yadier Pedroso, que el edificio Campoamor se va a derrumbar. Ocurren y ya.

No quiero ser periodista en un lugar en el que un periódico está en medio del campo. Esto, creo es una de las cosas que obliga a que las noticias duerman. ¿Quién va a actualizar una página digital o un blog personal Sigue leyendo

La escuela de mi existencia

RSCN4487Muchos de los que me leen han dejado en mi buzón mensajes para que escriba algo lindo por el Día de las Madres… Confieso que no puedo. Hoy, al menos hoy, no puedo.

Un sábado cargado de trabajo. Tres crónicas, un reportaje, dos informaciones, y algún rato para la poesía -poesía que no completo- cuando el tema de las personas indolentes de mi reportaje, la producción de frijol en Artemisa de mi noticia, y la realización del sonido de mis crónicas sobre la maternidad me dejaba abrumada. Ese rato para la poesía aliviaba mi sentir.  Confieso no sentirme bien. Al menos hoy tendré insomnio, ataques de ansiedad, tristeza y duda. Bela tiene fiebre.

¿En que pensaba? En mi hija.

Penssaba en mi hija desde que mi madre llamó a cabina para decir que tenía fiebre de 38. Pensaba en mi hija porque el periodismo emana una constancia que a mí me sobra pero la maternidad emana un amor ilimitado y yo hoy he estado desconcentrada en la oficina.

Mi hija hoy ha tenido fiebre. Mañana no sé si estará aún enferma.Creo que está enfermita del estómago.

La maternidad, un tema que si de escribir se trata llenaría mucho más que un blog… Mi maternidad, al menos así lo siento hizo a mi vida girar de forma circunferencial... Sigue leyendo

Amiga Mayor

Halia y yoNo tengo certeza de las veces que he hablado de los amigos en este blog; pero sé que son varias. No creo ser una persona que tenga muchos enemigos porque no ha sido mi objetivo dañar a los demás nunca; pero si los tuviera, si hubiera alguien en esta vida que me cree su enemigo, me da igual. A mí me importa más la amistad, me preocupa más ser amiga y leal con quien escojo como aliado en la aventura de ese sentimiento que -cuando es sincero- es uno de los más lindos.

Halia, es mi pequeña gigante. Así le digo. Ella sabe cuánto bien me ha hecho el conocerla y tenerla cerca, desde que probamos que sabe ser amiga mayor y ampararme. En nuestra primera conversación ella me sirvió de paño de lágrimas, apenas sin conocernos, esa vez yo no tenía con quien llorar y ella me prestó un hombro, unos oídos que escucharon a una Johanna deprimida (confieso que mis crisis no son depresivas, si no de ansiedad) lloriqueando porque había acabado un amor de estudiante y porque mis padres de se habían separado y yo no entendía eso a mis 20 años.

Hubo tanta química en esa charla que, después, comenzamos a compartir todo en F y Tercera -Halia era la muchachita de primero de Periodismo del cuarto 2 del 13B, yo estaba en tercer año de la carrera cuando ella empezó la universidad-, compartíamos el calentador, un paquete de galletas, unos platanitos para acompañar la comida mala del comedor, compartíamos ratos en el muro del malecón de La Habana, compartíamos risas, noches de disfraces, comidas a deshoras, conversaciones… Sigue leyendo

La muerte anunciada

Gabriel García Márquez…”y el gozo que le produjo esa mujer, le había permitido entender por qué los hombres tenía miedo a la muerte”.

Cien Años de Soledad, Gabriel García Márquez

Cuando supe que había muerto lloré. Lloré porque era como si lo hubiese conocido de siempre, era como mi abuelo. Lloré porque recordé al papá de mi mamá. Porque mi abuelo y él se parecían mucho. Los dos eran viejitos lindos, bajitos, canosos, inteligentes…

Mi abuelo quería que su nieta fuera la mejor periodista del mundo y especulaba en el barrio y en la Casa de Combatientes de Artemisa que su nieta había empezado a estudiar periodismo en la Universidad de La Habana y que iba a escribir como el que escribió “Cien años de Soledad”; para él, el mejor periodista. Sigue leyendo