La parábola del azulejo y yo

Joaquín y yo hemos construido, sin proponérnoslo, una especie de sociedad en la que los dos somos ganadores.

Foto de la autora

Joaquín vive en cautiverio. Aún así come alpiste todos los días, toma a punta de pico el agua que le doy, muda su plumaje y canta hermoso. Todas las mañanas canta. Aletea de día por toda la jaula. A veces permanece quieto. Duerme en las noches y nos despierta con su cantar. Yo lo observó desde que lo adopté y lo reparo. Es que él y yo nos parecemos mucho: Los dos estamos fuera de hábitat.

Joaquín y yo queremos ser amigos. Siempre que voy a la terraza espero a verlo cantar. Cuando lo hace sonrío. Después me voy. Yo también vivo en cautiverio. Aun así todos los días me levanto y quito la cortina de la ventana  para poder respirar bien. Me alimento sin deseos; pero me alimento. Tomo agua también; pero a “pico de pomo”. Más de la que solía tomar cuando aparentemente era libre. Todavía canto porque intento soltar letras. A veces también permanezco quieta. Demasiado. Otras aleteo igual desesperada y deambulo por mi jaula que es mi cuarto sin aliento y sin paz. A veces me alegro muchísimo de parecerme a Joaquín. Él, a diferencia de sus iguales, al menos está a salvo de los buitres. Y yo ahora también. Afuera hay aves demasiado carroñeras. Aquí no. Aquí estamos solo nosotros; aunque extrañemos -ocasionalmente- la vida antes de la jaula. En la jaula nos cuidan. De algún modo solo esperamos el día de volar.

Él no me lo ha dicho todavía, pero sé que canta para enseñarme. Yo no sé lo he dicho todavía, pero él sabe que escucharlo todos los días cantar, me hace correr desesperada a quitar la cortina de mi ventana para poder respirar bien. Joaquín y yo hemos construido, sin proponérnoslo, una especie de sociedad en la que los dos somos ganadores.

 

 

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Que se llama soledad

Mujer mirando al mar

Foto de la autora

A veces creo que tengo un pacto con la soledad. O que ella me persigue. O que yo nací para esta relación amor odio que nos tenemos. No le tengo miedo. Pero me inquieta. Sobre todo en las noches; cuando tengo demasiado tiempo para pensar. A veces hago inventarios. Analizo todo lo que he ganado y perdido en el último tiempo. Analizo cuán sola estoy en verdad o si no lo estoy tanto. A estas alturas tengo ya una hija; que no pedí por aquel tiempo ni busqué, pero que me cayó del cielo y me arregló la vida. Es ella la única persona en el planeta a la cual le profeso paciencia. Ella me ha sabido educar. Y me acompaña. De verdad lo hace y de la manera más hermosa. De la manera más sincera. A estas alturas he tenido los hombres que me ha dado el deseo tener. Y he estado, muchas veces he estado, demasiado sola teniendo dizque “compañeros”. He tenido buenos amigos que aún son buenos amigos y he perdido buenos amigos que ya no lo son. Y he llorado. En el último tiempo he llorado más por los amigos que por los amores. Mis amigos, los buenos y los malos, me han dejado completamente sola. Todos se han ido de aquí.  Y el que se quedó… el que se quedó en mi orilla -aún en ella- está demasiado distante. Y no hay remedio porque duele. He intentado trabajar dignamente con mi título universitario; pero me ha dolido demasiado engañar a los que sí culpables no son. Entonces he tratado de moverme a través de perfiles afines. Y no ejercer. Porque si ejerzo aquí me van a matar. Porque ser demasiado sincera no sirve en este sitio. Juro que no. He intentado cerrar todos los capítulos de mi vida para seguir en paz: con los hombres, con amigos, con colegas. Unas veces me ha salido bien, otras he tenido que esperar desesperadamente por el tiempo sanador. He tenido ganas de matar, de llorar, de reír, de correr; sobre todo en las noches en que estoy sola.

A eso he llegado en el último tiempo: a una soledad espantosa Sigue leyendo

Profecías

velas encendidas en el mangleHoy fuimos a Cojímar. Mi amigo es paisajista y andaba cazando escenarios. Me le insinué: ¡Cojímar, Cojímar, yo nunca he ido a Cojímar! ¿Vamos?”. Y fuimos. Yo en cambio andaba cazando letras; acaso razones. Cojímar es un pueblito hermoso, como todos los pueblos donde hay mar. Lo descubrimos casi completo.

Cojímar tiene un puente sucio, despreocupado, callado y alborotado a la vez. Tiene un mar de un azul lindísimo y mucha gente devota que le quiere. ¡Ah!, Cojímar tiene algo raro. Cojímar tiene brujería. Mucha. Hoy vi a tres grupos de personas en diferentes pedazos de arena sucia hacerse eso que le dicen “ebbo” en lengua yoruba. Eso me dio risa y me reí casi a carcajadas. Ya estaría atenta. Tenía que saber dónde ponía el pie, por si las moscas. Había dos velas encendidas cerca del mangle. Me llamaron la atención y quise fotografiarlas. Cuando apreté el zoom de la cámara las velas se apagaron. Cuando hice la foto estaban encendidas. Cuando me di la espalda la llama otra vez quedó muerta. Cuando me retiraba de allí las velas eran toda luz. Eso me dio mucho miedo. Llamé a gritos a Roly y echamos a correr. Hoy tuve la certeza de que Cojímar estaba queriendo decirme algo.

Estatuto de medianoche

sentenciaEn el cuaderno

hay un garabato

de tinta azul;

parece un círculo,

pero quiso

pintar un corazón.

Entonces llamémosle

“corazón”.

Sobre el cuaderno

hay una lágrima

que cae

cae

cae.

Entonces la hoja

se moja,

se rompe.

Sobre la cama

duerme ella.

Del otro lado,

aquellos dos

-que amigos- Sigue leyendo

Necesidades… no tan necesarias

IntimidadesPara ella lo más importante es una relación amorosa. Y yo le digo que no puede pensar así, que tiene que aprender a vivir su vida sabiéndose capaz de sentirse plena con las cosas que de por ella ha de hacer y hace. Me dice que no le importa, que yo no soy capaz de entenderla porque nunca he enfocado mi vida en saberme dependiente de nadie y que soy feliz cuando me disfruto libre.

Me dice de hablar ahora, precisamente ahora que yo estoy viendo el Noticiero y hasta me emociono con este lío de la apertura de la embajada de Cuba en Washington. Le digo que me espere en el portal que ya voy para allá. Ella llora desesperada. Yo la escucho. Agrega que le importa poco o “un carajo” lo que va a pasar entre estos pueblos, que el centro de su vida -repito- es una relación amorosa.

Mi amiga se ha muerto estando viva. Mi amiga no vive porque no se conoce. “Para ti esto no es importante Joha, nunca lo ha sido, tú eres diferente, tú te vas, tú vienes, tú estás bien con alguien y si no sirve, pues lo arrancas y sigues, tú puedes hacerlo todo sola… yo no”. Yo necesito una relación amorosa. Pero amorosa de verdad, no vivir con alguien como si fuera mi hermano”.

Le presto mis oídos, la escucho con atención y le digo par de disparates que ni sé cómo pudieron haber salido de mi cabeza. Las amigas de verdad se ayudan ¿no? Y esta es amiga mía en palabras mayúsculas.

Y luego me quedo pensando. ¿Será que le dije algo alocado? ¿Será que fui insensible a su pena?

¿Será que soy yo la que no entiende nada de la vida? Puede ser. Todo puede ser cuando uno solo es una aprendiz.

Ella me duele y me duele su tema. Es que me jode el hecho de que otros necesiten de algo, más -incluso- de lo que pueden llegar a desearlo o quererlo. Cuando comenzamos a depender, comenzamos también a morir de algún modo. Y eso, es lo único que no he querido hacer en ese “lío” de las relaciones. Tal vez por eso Yaimi no me entienda. De verdad.

Contenerme… ¿a mi?

paloma_volando

No son caídas. Yo no me caigo. O prefiero creer que no. Cada experiencia es otra motivación. De cada persona que llega a mi vida (amigo, compañeros de trabajo, de barrio, relación de pareja) guardo siempre las risas, los placeres y las buenas charlas. Tengo lo que tenía que tener: Un título –que en mi caso particular me importa menos que lo que puedo aprender o he aprendido- y un montón de amigos y relaciones, esto último casi siempre más importante que el título.

Tengo una hija, que merecía. Por tanto ya gané el único amor genuino que existe en el planeta. Tengo una enorme sed de libertad. Tengo sexo cuando me da la gana y con quien me da la gana. No se dejen engañar caballero, una mujer como yo es quien decide con quien se acuesta. (Al final creo que todas tenemos esa ventaja). ¿O no?

Tengo esa cosa a la que le llaman seguridad, por tanto, tengo también eso que mi padre suele nombrar “malas pulgas”.

No sean ingenuos. Este tipo de ente no perteneciente -peligrosamente bueno además- que soy yo, no nació para ser domada. El gozo de mi libertad está, sencillamente, por encima de todo.