Claustrofobia

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

A las doce y cuarenta y siete de la
madrugada
veo:
seis gafas de sol colgadas de un rosario
en el espejo azul y más de trescientos
libros viejos y roídos por las polillas
tirados a mi derecha en el librero de
guacima.
La carátula del libro de Pedro Juan con
instrucciones para quienes quieran
convertirse en escritores anda en la
esquina de mi cama, que ya no clama
orgasmos ni sombras ni olores.
Claro. Eso lo sé yo. No el mundo.
Afuera nadie sabe que me han resucitado
demasiados golpes.
Ni que la vida me ha vestido de tirana con
tantas decepciones.
A las doce y cincuenta y siete de la
madrugada
veo:
La luna cuarto menguante
La noche oscura
Las constelaciones
La bienvenida
La sala vacía
La muerte prematura
El cielo negro con puntos de plata
El brindis de antier
La foto de un hombre lejano
El Polo Norte.
A la una y tres de la madrugada
pálpito luego de masturbarme
pienso en la distancia
en el hombre ausente
en los aviones
Y
entonces me ahogo.

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Oigo entrevistas, pero no las escucho

Foto: Arnaldo Mirabal

Foto: Arnaldo Mirabal

oigo a través de los audífonos
una voz que me habla de hipótesis y comprobaciones
pero no la escucho
escribo en el teclado sin saber qué escribo
a cada rato rompo la inercia y dejo de transcribir entrevistas
de gente importante que hoy son gente estúpida
porque quizás no pueden amar.
me desordeno
Entonces me levanto y tomo
el esmalte de uñas transparente
y con el pincel acaricio mis dedos
y elevo las manos
y siento el olor
y transcribo entrevistas
y me desconcentro
y me pierdo
¿Adónde vas? ¿Adónde vas?

Cumpleaños

mariposa

Foto: Leslie Lister Reyes


“Tus olores me llegan por el aire mojado y se me vienen a depositar en estas manos que te intentan atrapar, así, como cuando jugamos a cazar mariposas para después dejarlas ir. Quiero que seas Mi mariposa. Como la canción de Silvio”…

y qué soy yo sino un artrópodo
amarillo con alas de colores
que se posa
liba y anda a irse libre
hoy no entiendo
ni las ausencias
ni la cordura
ni el tiempo que no es el tiempo
Sino burla
Y vacío infinito
Y horizonte lejano
Y hacedor de máquinas sin sentimientos
hoy mi mente retorcida se envenena
de recuerdos
Y mis ojos ven arriba
la mitad de la luna
que es plateada y un solo lucero,
también de plata
que se mueve y abre un cráter
hoy es oscuro aquí donde vivo
Y no sé si vivo
O me hacen vivir
Alguien habló hoy de cumpleaños
Y yo me convierto en mariposa
para cruzar el mar.

59 kilómetros de ida y vuelta

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Yo lo estaba tirando todo a mis espaldas. Tenía que viajar 59 kilómetros de ida y vuelta para ir a trabajar. También lo había escogido así. O no me había tocado de otra. Pero en realidad estaba deseando La Habana desde que me fui de ella. En el pueblo donde vivía me habían censurado. Ernesto, aquel director improvisado vigilaba todo lo que yo publicaba en un blog que me había hecho. Ni sé para qué. Pero ahí escupía palabras. Y me gustaba. Se molestó cuando escribí ahí que era algo estúpido prohibirle a un periodista que se olvidara del periodismo crítico porque había que decir lo bueno por aquellos días históricos.

Así llevamos años. Diciendo lo bueno, en días históricos y en cualquier día. El ejercicio en profundidad del periodismo anda perdido. Y yo, por eso y por más, cada día quería saber menos del periodismo. Y me importaba menos lo que sucedía con el periodismo y con los que lo hacen. Había llegado a repugnarme. A nausearme.

Luego se molestó más porque se enteró no sé por quién (yo publicaba mis estados en Facebook personalizados para que él y los demás jefes no los vieran) que yo había posteado que mi jefe me había llamado la atención. Así, eso fue lo que escribí: Sinónimo de “templar” que no sea cursi, y que no sea “follar” porque “follar” es de los españolitos… Me han llamado la atención porque dije -según me dijo- una mala palabra en mi blog… Bastó con el debate.

Por aquellos días yo había escrito un relato y usé la palabra “templar” como sinónimo de “singar”. Vaya, que no quise ser tan explícita. Y así y todo, los informantes se Sigue leyendo

Testamento

escribirYo no necesitaba abrazos

ni alimento, ni agua

ni número de calzado.

Yo no quería besos (ni calientes ni húmedos).

Ni flores, ni lluvia, ni fuego…

Ni ese sol que fastidia a las tres de la tarde.

Tampoco a nadie leyendo unos versos sobre la lápida.

Y menos…

Un cuadro con esa foto linda que me hice a los 22,

encima del mármol caliente, casi disuelto por el sol.

Yo no necesitaba nada. Tampoco lo quería.

¿Qué necesitan los muertos?

¡Nada!

Yo tuve unos ojos, dos brazos.

Tuve el tiempo… y la distancia.

Ahora sumida en esta oscuridad;

escribo.

Supongo que haya muerto;

otra vez.

Huellas

Huellas arenaHe visto tus manos

Las vi en aquel sueño impertinente que me dejaste

Y con ellas me ceñías la cintura y escribías -también-

Un poema inconcluso.

He visto tus ojos (a veces todavía lo hago)

Los vi en aquel sueño impertinente que me dejaste

Y con ellos me retratabas cada poro y leías -también-

Un poema inconcluso.

(…)

He visto el poema

Aquel poema inconcluso:

Dos manos

Dos ojos

El tiempo.

La distancia.