Las promesas que no hacen falta

Alfiler en las manos-¡Ay, se me rompió el zapato!

-¿Se te rompió?

-Si, se le zafó el elástico.

-¿Quieres un alfiler para sostenerlo?

-¡¿Un alfiler?!

Me ha regalado un alfiler. Lo ha hecho de casualidad. Y yo he guardado el imperdible como uno de los mejores regalos que he recibido en la vida, también como una joya entre mis manos. Es que ha sido un regalo raro, muy raro; quizás por eso el más interesante, el más especial. Lo colgué en mi blusa, en el lado derecho; lejos del corazón para no confundir sentimientos. Pero ese acto, el de haberlo querido separar del meollo del que salen las pasiones de nosotros los mortales ha sido una mierda mía, un acto de negación (involuntario); porque mi sentimiento puede ser suyo.

Tuve anoche el primer regalo especial que me han hecho. Muchas veces estoy delante de unos ojos que no esconden -porque no pueden- el deseo, el cariño, la química, la pasión desatada… Él es lo más raro que he visto en muchísimo tiempo, y quizás -repito- lo más interesante. Es el primer hombre que no promete nada, es el primer hombre que deja de semejarse a los demás, el primero que no quiere parecerse al príncipe azul, y eso -al menos para mí- lo hace más atractivo. Una mujer de mi especie está aburrida ya de promesas inservibles y palabras que no convencen. Una mujer de mi especie quiere descubrir esencias.

Él es el único hombre que te regala un alfiler para que arregles tu zapato roto sin saber que te está dando la certeza que -tal vez- en algún momento esperabas: La certeza de que le importas. Ante un hecho así, hablar de promesas puede ser un acto repugnante.

Sentimiento visceral

amantes“No me preguntes esas cosas ahora. Déjame en paz. Me gustas. Te amo cuando estás en la cama conmigo. Una mujer es una cosa adorable cuando se la jode a fondo y el coño es bueno. Te amo, amo tus piernas, amo tu forma, y amo todo lo que tienes de mujer. Me gusta la mujer que hay en ti. Te amo con el cuerpo y con el corazón. Pero no me hagas estas preguntas ahora. No me hagas hablar ahora. ¡Déjame en paz! ¡Déjame en paz!”

David Lawrence, El amante de Lady Chatterley.

Sí. Me gusta. He soñado estar en la cama con él y la tierra ha temblado. No solo es hacer que te mojes, que te excites, que resbale y encaje bien en tus paredes. Eso cuenta, pero no es lo más importante. Cuando un hombre te hace sentir electricidad, es algo difícil intentar a olvidarlo.

Dime cosas de amor

mujer sensualDime que me estas amando cuantas veces desees o necesites. Después de haber colgado, una lluvia de lágrimas inundó mis ojos y amanecí con la plena seguridad de quererte. La madrugada fue el espacio ideal para recordar cuando juntos caminábamos, cuando me besaste tembloroso, cuando te esperé en aquel oasis donde nos citamos por primera vez. Recordé cuando fui tuya. Aquellos besos, tus manos rozando mi cuerpo entero, tu abrazo cubriéndome toda, tu pecho sobre mi pecho, tu miembro en su más firme postura, la entrega prometida. La utopía que destruimos. Después de haber colgado y por un instante creer que podías abandonarme, estremecí por el dolor que me dejaste al apretarme tan fuerte con tu mano. No estabas conmigo y lloré sin consuelo después de haberte dicho que no sentías amor sino pasión. Por unos instantes pensé que tus alas desistirían de conquistar estas nubes. Tenía un teléfono, un buzón, unos recuerdos, una voz; pero necesitaba la certeza de que irremediablemente eras mío. La aurora me dejó la total convicción de soñar la posibilidad de amarte.

La cita

mujer desnuda

Anoche fue la cita que nos prometimos

Anoche te invité a mi posesión

Anoche te esperé desnuda.

Ya lo habíamos pactado,

El convite sería una mezcla de magia, encanto y lujuria donde nuestros cuerpos quedasen extasiados.

Tú llegaste a arrebatarme la mujer provocadora, revoltosa y vivaz que llevo dentro.

Arrancaste unas ganas que tenía guardadas y un orgasmo, y otro, y otro…

Te esperé lista para entregarte toda la fiera que me adueñó en el palpitar de mi clítoris y el calor arrebatador que la presencia de tu cuerpo provocó.

Nos vimos en la tarde y te guiñe un ojo.

Fue la antesala a tu llegada de noche.

Cuando tocaste mi ventana,

Yo -traviesa-

Ordené tu entrada.

Mojada y saboreando tus labios calientes

Dejé caer la sábana blanca que me cubría

Abrí las piernas…

Y te dejé penetrar.

Provocaciones

piernas sensuales con floresEres tú quien me provoca, es tu imagen, tu ser, mi desvarío… Si sientes mi lengua por tu cirio, si sientes mi boca apretándote, si te me arrojas encima sin piedad, no temas ni creas estar soñando… Esa soy yo a más de quinientos kilómetros. Yo escribiéndote.  Yo aquí mojada y con ansias de una noche en la cual pueda recordar que soy mujer y me poseas… Y provoques cosquillas y latidos como los que ahora mismo percibo mientras tú del otro lado duermes… y yo ardiente, pienso en como matar este arrebato de abrir mis piernas y darte la libertad de hacer con ellas lo que -ellas- puedan provocarte…

Espejismo

EspejismoIban solos. Iban en un auto por los tramos de la autopista. Ella iba con miedo. Él no sé. Ella conversaba y sentía que él la veía diferente. Hablaron con la certeza de que no sería la última vez en la cual estarían frente a frente. Hablaron más con los ojos, con la mirada, con los latidos -quizás intensos- de la bomba que los traía medio inquietos.

Su boca era lo más ansiado desde que lo descubrió; pero era lo más temido. Iban en ese auto y cruzaban un paisaje de ensueño; pensaban que habría otro encuentro; una próxima vez.

Se despidieron con un abrazo especial. Fue un encuentro extraño; pero grato. Ella -ahora que lo piensa- tuvo deseos de besarlo, de seguir conversándolo, de tenerlo.

Él las tuvo más. Una mujer como ella provoca la resistencia de pocos hombres. Nada sucedió. Él se fue a dos horas de ella y a unos cuantos kilómetros. Sigue leyendo