Que se llama soledad

Mujer mirando al mar

Foto de la autora

A veces creo que tengo un pacto con la soledad. O que ella me persigue. O que yo nací para esta relación amor odio que nos tenemos. No le tengo miedo. Pero me inquieta. Sobre todo en las noches; cuando tengo demasiado tiempo para pensar. A veces hago inventarios. Analizo todo lo que he ganado y perdido en el último tiempo. Analizo cuán sola estoy en verdad o si no lo estoy tanto. A estas alturas tengo ya una hija; que no pedí por aquel tiempo ni busqué, pero que me cayó del cielo y me arregló la vida. Es ella la única persona en el planeta a la cual le profeso paciencia. Ella me ha sabido educar. Y me acompaña. De verdad lo hace y de la manera más hermosa. De la manera más sincera. A estas alturas he tenido los hombres que me ha dado el deseo tener. Y he estado, muchas veces he estado, demasiado sola teniendo dizque “compañeros”. He tenido buenos amigos que aún son buenos amigos y he perdido buenos amigos que ya no lo son. Y he llorado. En el último tiempo he llorado más por los amigos que por los amores. Mis amigos, los buenos y los malos, me han dejado completamente sola. Todos se han ido de aquí.  Y el que se quedó… el que se quedó en mi orilla -aún en ella- está demasiado distante. Y no hay remedio porque duele. He intentado trabajar dignamente con mi título universitario; pero me ha dolido demasiado engañar a los que sí culpables no son. Entonces he tratado de moverme a través de perfiles afines. Y no ejercer. Porque si ejerzo aquí me van a matar. Porque ser demasiado sincera no sirve en este sitio. Juro que no. He intentado cerrar todos los capítulos de mi vida para seguir en paz: con los hombres, con amigos, con colegas. Unas veces me ha salido bien, otras he tenido que esperar desesperadamente por el tiempo sanador. He tenido ganas de matar, de llorar, de reír, de correr; sobre todo en las noches en que estoy sola.

A eso he llegado en el último tiempo: a una soledad espantosa Sigue leyendo

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Las promesas que no hacen falta

Alfiler en las manos-¡Ay, se me rompió el zapato!

-¿Se te rompió?

-Si, se le zafó el elástico.

-¿Quieres un alfiler para sostenerlo?

-¡¿Un alfiler?!

Me ha regalado un alfiler. Lo ha hecho de casualidad. Y yo he guardado el imperdible como uno de los mejores regalos que he recibido en la vida, también como una joya entre mis manos. Es que ha sido un regalo raro, muy raro; quizás por eso el más interesante, el más especial. Lo colgué en mi blusa, en el lado derecho; lejos del corazón para no confundir sentimientos. Pero ese acto, el de haberlo querido separar del meollo del que salen las pasiones de nosotros los mortales ha sido una mierda mía, un acto de negación (involuntario); porque mi sentimiento puede ser suyo.

Tuve anoche el primer regalo especial que me han hecho. Muchas veces estoy delante de unos ojos que no esconden -porque no pueden- el deseo, el cariño, la química, la pasión desatada… Él es lo más raro que he visto en muchísimo tiempo, y quizás -repito- lo más interesante. Es el primer hombre que no promete nada, es el primer hombre que deja de semejarse a los demás, el primero que no quiere parecerse al príncipe azul, y eso -al menos para mí- lo hace más atractivo. Una mujer de mi especie está aburrida ya de promesas inservibles y palabras que no convencen. Una mujer de mi especie quiere descubrir esencias.

Él es el único hombre que te regala un alfiler para que arregles tu zapato roto sin saber que te está dando la certeza que -tal vez- en algún momento esperabas: La certeza de que le importas. Ante un hecho así, hablar de promesas puede ser un acto repugnante.

Sentimiento visceral

amantes“No me preguntes esas cosas ahora. Déjame en paz. Me gustas. Te amo cuando estás en la cama conmigo. Una mujer es una cosa adorable cuando se la jode a fondo y el coño es bueno. Te amo, amo tus piernas, amo tu forma, y amo todo lo que tienes de mujer. Me gusta la mujer que hay en ti. Te amo con el cuerpo y con el corazón. Pero no me hagas estas preguntas ahora. No me hagas hablar ahora. ¡Déjame en paz! ¡Déjame en paz!”

David Lawrence, El amante de Lady Chatterley.

Sí. Me gusta. He soñado estar en la cama con él y la tierra ha temblado. No solo es hacer que te mojes, que te excites, que resbale y encaje bien en tus paredes. Eso cuenta, pero no es lo más importante. Cuando un hombre te hace sentir electricidad, es algo difícil intentar a olvidarlo.

Dime cosas de amor

mujer sensualDime que me estas amando cuantas veces desees o necesites. Después de haber colgado, una lluvia de lágrimas inundó mis ojos y amanecí con la plena seguridad de quererte. La madrugada fue el espacio ideal para recordar cuando juntos caminábamos, cuando me besaste tembloroso, cuando te esperé en aquel oasis donde nos citamos por primera vez. Recordé cuando fui tuya. Aquellos besos, tus manos rozando mi cuerpo entero, tu abrazo cubriéndome toda, tu pecho sobre mi pecho, tu miembro en su más firme postura, la entrega prometida. La utopía que destruimos. Después de haber colgado y por un instante creer que podías abandonarme, estremecí por el dolor que me dejaste al apretarme tan fuerte con tu mano. No estabas conmigo y lloré sin consuelo después de haberte dicho que no sentías amor sino pasión. Por unos instantes pensé que tus alas desistirían de conquistar estas nubes. Tenía un teléfono, un buzón, unos recuerdos, una voz; pero necesitaba la certeza de que irremediablemente eras mío. La aurora me dejó la total convicción de soñar la posibilidad de amarte.

La cita

mujer desnuda

Anoche fue la cita que nos prometimos

Anoche te invité a mi posesión

Anoche te esperé desnuda.

Ya lo habíamos pactado,

El convite sería una mezcla de magia, encanto y lujuria donde nuestros cuerpos quedasen extasiados.

Tú llegaste a arrebatarme la mujer provocadora, revoltosa y vivaz que llevo dentro.

Arrancaste unas ganas que tenía guardadas y un orgasmo, y otro, y otro…

Te esperé lista para entregarte toda la fiera que me adueñó en el palpitar de mi clítoris y el calor arrebatador que la presencia de tu cuerpo provocó.

Nos vimos en la tarde y te guiñe un ojo.

Fue la antesala a tu llegada de noche.

Cuando tocaste mi ventana,

Yo -traviesa-

Ordené tu entrada.

Mojada y saboreando tus labios calientes

Dejé caer la sábana blanca que me cubría

Abrí las piernas…

Y te dejé penetrar.

Provocaciones

piernas sensuales con floresEres tú quien me provoca, es tu imagen, tu ser, mi desvarío… Si sientes mi lengua por tu cirio, si sientes mi boca apretándote, si te me arrojas encima sin piedad, no temas ni creas estar soñando… Esa soy yo a más de quinientos kilómetros. Yo escribiéndote.  Yo aquí mojada y con ansias de una noche en la cual pueda recordar que soy mujer y me poseas… Y provoques cosquillas y latidos como los que ahora mismo percibo mientras tú del otro lado duermes… y yo ardiente, pienso en como matar este arrebato de abrir mis piernas y darte la libertad de hacer con ellas lo que -ellas- puedan provocarte…