Un árbol de navidad y la muñeca azul

isabella-y-johannabueno
así
ella
el SOL
entonces quiere un árbol de navidad
de color blanco con adornos rojos y azules
y plateados como el menguante
dice:
Mamita, mamita, mami
mamá
mamitica
repite
repite
y se ríe
y rompe el silencio
de todos las noches.
por las mañanas
abre los ojos
y cambia mi perspectiva
y me devuelve a mí cuando
tenía cuatro años
entonces me besa
me susurra
me acaricia la mejilla
enamora mi oído
“cómprame un gatico mamá
un arbolito de navidad para el invierno
y la muñeca azul”
bueno
así
ella
el SOL
la compañía de verdad.

 

 

 

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Cólera, ¡no me entres!

hija madre abueloLa idea es la siguiente. Supongamos que mi madre (que adoro) es el Partido Demócrata y yo (que me adoro) soy el Republicano:

“¿Con quién hablabas por teléfono?”No te pongas esa ropa para trabajar”. “¡Quítate ese short para ir a la calle!” “Con esa saya estas muy corta”. “¿Quién ese hombre que te dio botella?” “¡Que la niña se duerma antes de las 9 de la noche!” “¿Tienes que estar el día entero sin trabajar frente a la computadora?” (Como si me causara más placer este trabajo que hago para ser una mujer que vuela alto por salir del nido que unas vacaciones en Varadero) “¿Por qué te ríes ahora revisando el correo?” “¿Y tú tienes algo importante que andas tan elegante?” “¿Y por qué no te peinas con ese flequito que…? ” ¿Te demoras?” “¿A qué hora era la reunión?” “Compra la carne, y se acabó el aceite ya” ¿Adónde van tú y la niña ahora?… 

Es una lista infinita de preguntas y deberes. Y yo -que he aprendido a ser más sensata- soy paciente. A veces temo convertirme en ella cuando mi hija tenga mi edad. (A lo mejor es bueno, porque eso así, he de reconocer que mi madre es el ser humano más noble que existe, aunque no pensemos igual).

Hoy en la mañana, antes de salir a la calle, sentí una nostalgia inmensa. Yo; que desde la cuna he sido una mujer de las que siempre ha pujado por volar anduve llorona y sensible. He de confesar lo que me pasa. Tengo unas violentas ganas de abrazar a mi papá.

 

 

 

Mientras mi casa duerme…

desorden de juguetes niñaSon las 0:32 AM, o lo que es lo mismo 12:32 de madrugada. Ando sin sueño, pero he de acostarme a descansar. Estaba frente al ordenador y mi vejiga apretada me empujó a ir al baño. No quería levantarme porque escribía un correo que me iba a ayudar a quitar sueños fangosos. Terminé el correo. Pulsé “send”. Y fue inevitable: Corrí al baño. Luego me vi en el espejo. Me cepillé los dientes. Caminé al cuarto de mi madre. Las vi dormir a las dos… Sonreí.

Ya en la sala, alcé los pies, tropecé con pomos de pintura vacíos, con dos peluches, con la sillita naranja pequeña… y con el sofá. El sofá de mi casa parece un árbol de las más felices navidades. A veces yo misma me quejo de ese desorden. Cuando eso pasa, vienen a mí de forma automática las palabras de aquella anciana (bisabuela de Isabella) que osó decirme un día “No, no te preocupes por los juguetes. La casa que exhibe ese tipo de reguero, es una casa feliz. En la casa donde no hay un niño no hay felicidad y ese reguero no debería inquietarte”. Y es entonces cuando me rio sola en medio de la sala a la 1:10 de madrugada. Y es entonces cuando saco la cámara y hago esta foto y vengo a mi blog y lo actualizo… Y digo que soy feliz y apago la PC… y me acuesto.

Ruta

caminosMe monté en una bicicleta para buscar la carne de la comida, saqué las cuentas del mes y sentí una cosa rara viéndome “en la lucha” porque no nos falte el alimento. Bajé y subí en ese aparato de dos ruedas con un impulso que fue divertido, dos días del fin de semana. Empecé a comer de nuevo, me prepare mis vitaminas y la fórmula secreta para recuperar las libras que he perdido. Salí con un amigo a conversar, me compró una jarra de cerveza y la vomité después en mi casa. (Todavía no sé cómo digerir el alcohol). Estudié para el trabajo final del último módulo de la maestría. Senté a mi madre y le pedí disculpas por como soy con ella algunas veces. Disculparse no soluciona, pero consuela. Ella no merece mis malas pulgas. Igual me llamó la atención y me dijo que debo aprender a no ser dominada por la ira, que eso lleva trabajo, pero se logra. Me dijo que fuera a la iglesia. Le dije que no. Vi a Isabella tirar un juguete al piso en un arrebato de rabia. Me preocupé en demasía. Desde entonces la he observado bien, esos genes no son buenos. Gocé de un pedazo del concierto de John Mayer por el canal educativo el domingo, o sea hoy. No lo terminé. Recuperé los capítulos perdidos de la añeja Breaking Bad. Me acomodé el cerquillo de colegiala que tengo en el pelo desde hace una semana. Dijeron que me queda bien. Decidí cambiar el ropero y usar más vestidos. La tomé de la mano y la invité al parque. No quiso ir. Le pregunte por qué. Me dijo estar ocupada. Luego asintió que en el parque había payasos. Me dijo que yo era linda. Le dije gracias. Me dijo “te quiero mucho”. Le dije “también yo”. Yo no debería estar posteando esto, pero ella terminó el fin de semana pidiéndome que no me enferme más. Ah, tampoco fui a ninguna sesión de Neuróticos Anónimos, aunque a veces sienta que me hace falta. Algo así es lo que yo soy. Sospecho que la vida que llevo me haga grande.

La bendita intranquilidad que me regaló un 7 de junio

MaternidadYo no sabía lo que estaba haciendo a punto de cumplir los 24 años cuando fui a parar a la sala de partos de aquel hospital. Yo sabía que tenía una panza que había tomado prestada por 41 semanas y tres días, que me faltaba el aire en ocasiones, que me daba cosa rara ver por encima de mi piel la forma de un codo… o de un pie, que lo que me habitaba adentro tenía que salir… y que además, no me podía morir en el parto. También sabía que no iba a llorar cuando naciera, que iba a sentirme como quien viaja al cosmos por primera vez, que iba a tener un “renacuajo” diminuto en mis manos y que si mi mamá no entraba a ayudarme a recuperación, yo estaría lejos de hacerle algo conforme a ella. Jamás había puesto un culero, me daban asco los buches y las cacas, me molestaban los llantos tediosos de otros “renacuajos” que veía por ahí, criticaba a esas madres que se sacan la teta en plena guagua y dije mil veces “Dios me libre” si hacía alguna vez escenas similares. Yo decía que parir era la última carta de la baraja, que a los 35 estaba bien y que bastaba con uno, si me daba la vena… como quien apuesta a la casualidad.

Y fue la casualidad, un coito que no interrumpí, la cuenta mal sacada, y las hormonas Sigue leyendo

El día feliz…

Niña con bandera cubanaHijo:
E
spantado de todo me refugio en tí.

Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en tí.

José Martí, Ismaelillo

Llegué corriendo a ver hija. Empujé la puerta como casi todas las tardes noches en las que abro y le hago ¡Tra!, y ella sonríe. Rió a carcajadas y me dijo:

-Mamá, ¡me asustaste! ¿Me trajiste cosas?

Yo no le había llevado nada. No le dije que cerrara los ojos, como otras veces para sacar caramelos de mis bolsillos o un paquete de galleticas de mi bolso. Esta vez mamá vino vacía. Pensé entonces en el día de ayer, en la mejor noticia recibida para quienes tenemos que ver con Cuba en cualquiera de las dos orillas, o de las tres o en cualquier parte…

Fue cuando lancé el bolso, me reí, le apreté un cachete y le dije:

-Si mimi; mamá te trajo cosas. Mamá te trajo esperanza, te trajo porvenir…