Hábitat

Puente San CristobalYo quisiera vender mi casa
y que mi padre se fuera lejos
y que mi hermano no
aspire a estar aquí.
Este lugar es horrendo.
Ya mi madre no anda acomodando regueros,
ya no le prepara el agua a su marido
para quitarle en el baño
la grasa de las piezas que acomodó en el torno
Ya no respiro el jazmín que me llevaba a la escuela,
ya no me despiertan los gallos,
ya mis vecinos no son mis vecinos
y mi tía tampoco viene en
vacaciones
como cuando íbamos a la playa.
Este lugar es horrendo.
Está a punto de romperse el televisor
y ya no dan esa novela que veíamos
los cuatro: La de Ruth y Raquel,
ya no hay vasos ni copas en la repisa
y la mugre se está comiendo
el azulejo de la cocina
Mi viejo está solo.
Su techo que antes fue mío
nuestro,
de todos,
de mi vieja
ahora me sabe a
escombros.
Yo quisiera vender mi casa.
Y que mi padre se fuera lejos
y que mi hermano no quiera estar aquí.
Hoy Emilio nos dio un beso.
¡Oh! Se le ve feliz cuando venimos.
Pero mañana…
Mañana
la soledad le dio un tiro
cuando asentó su cabeza en la almohada.

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Cólera, ¡no me entres!

hija madre abueloLa idea es la siguiente. Supongamos que mi madre (que adoro) es el Partido Demócrata y yo (que me adoro) soy el Republicano:

“¿Con quién hablabas por teléfono?”No te pongas esa ropa para trabajar”. “¡Quítate ese short para ir a la calle!” “Con esa saya estas muy corta”. “¿Quién ese hombre que te dio botella?” “¡Que la niña se duerma antes de las 9 de la noche!” “¿Tienes que estar el día entero sin trabajar frente a la computadora?” (Como si me causara más placer este trabajo que hago para ser una mujer que vuela alto por salir del nido que unas vacaciones en Varadero) “¿Por qué te ríes ahora revisando el correo?” “¿Y tú tienes algo importante que andas tan elegante?” “¿Y por qué no te peinas con ese flequito que…? ” ¿Te demoras?” “¿A qué hora era la reunión?” “Compra la carne, y se acabó el aceite ya” ¿Adónde van tú y la niña ahora?… 

Es una lista infinita de preguntas y deberes. Y yo -que he aprendido a ser más sensata- soy paciente. A veces temo convertirme en ella cuando mi hija tenga mi edad. (A lo mejor es bueno, porque eso así, he de reconocer que mi madre es el ser humano más noble que existe, aunque no pensemos igual).

Hoy en la mañana, antes de salir a la calle, sentí una nostalgia inmensa. Yo; que desde la cuna he sido una mujer de las que siempre ha pujado por volar anduve llorona y sensible. He de confesar lo que me pasa. Tengo unas violentas ganas de abrazar a mi papá.

 

 

 

Yo no quiero una muerte así

manos-enf-alzheimerYo no quiero una muerte así. El Alzheimer le jugó a mi abuela tremenda putada. Vivió sus últimos días sin noción de nada, sin conocer a sus hijos, sin acordarse ni del nombre que llevaba. Eso es duro. Mucho peor es ver cómo quien así muere se destruye poco a poco…

Mañana serán dos años de su ausencia, y las pascuas de diciembre que se asoman me la traen de vuelta en un recuerdo vivo, diferente… A mi abuela prefiero recordarla linda, presumida; como pocas mujeres de su pueblo y de su tiempo…

La caricia a la vida que nace

MaternidadSus manos abrazan otra vida. Dentro, aletea -ella o él- cual si fuese un pez en medio del océano; feliz por tanto espacio. Revolotea porque Alicia le ha dado la oportunidad de existir. Ahora, quien se alista para la nueva etapa, disfruta su estado, y con sus manos vuelve a acariciar su fruto.

Hasta hoy Alicia es la niña de la casa. Por estos días la consienten más. Su padre, que en abril se estrenará como abuelo, quiere complacer todos los antojos por aquello de “que le salen orzuelos”. Todos la miman, todos, excepto su abuela que ya no la reconoce. Su abuela no la mima; sin embargo la ve diferente. Será por eso del instinto maternal. (Que sí existe, aunque algunos estudiosos digan que eso lo hemos inventado nosotras las mujeres).

Alicia espera tranquila la primavera que traerá a la persona que más ha de amar. Comenzó a crecer cuando vio que su vida valía por dos vidas. Asume que el gesto más humano de una mujer es precisamente el de ser madre.

Por eso, Alicia voltea la mirada hacia su vientre, sonríe con vehemencia y con sus manos colma de caricias a su hijo. A una madre no le alcanzan los ratos para dar amor, a la vida que ya le está naciendo.

Las fotografías duelen

Niña FelizLas fotografías de Ariadna* duelen. Duelen como duele despertar sin su beso mañanero, sin la mirada más sincera que jamás lo vio, sin el amor más sano y desinteresado, sin los brazos extendidos para el abrazo de papá, sin la vocecita traviesa, sin el deber de ir por ella al círculo infantil…

Desde que decidió recomenzar en otra latitud ha tenido que pagar el precio más alto: la ausencia.

Le regala unas letras, una llamada, una pensión mucho más remunerada que la que estuviera dando si se hubiese quedado en Cuba, un paquetico de vez en cuando para ahorrar los gastos de mamá, y otra vez; la ausencia.

Una nostalgia le aprieta el pecho cuando, al final del día, piensa en los ojos más lindos que ha conocido. Según me dijo, es el sentimiento perenne mientras conversa con la almohada.

Quedarse… quizás no haya sido tan necesario. Las fotografías de Ariadna duelen mucho. La sonrisa que ella dibuja es la muestra de que haberse ido, fue una decisión que no imaginó le costase tan cara.

*Yo no conozco a Ariadna. Conozco a su papá. Pero Ariadna puede ser cualquier niña que tenga un padre distante. Puede ser mi hija que también tuvo la “suerte” de la ausencia de su papá desde los tres meses de edad, puede ser Elena, puede ser Fabiana, puede ser mi vecinita Amanda que no ve a su papá desde que saliera como médico a cumplir misión en Venezuela en el 2000 y -este- decidiera quedarse. Ariadna puede ser cualquier niña que tenga un padre lejos, un padre que solo conozca por fotos, por algunas letras y un paquetico para solapar los gastos de mamá.

Emilio

5“No es, no, la luz del día
La que me llama,
Sino tus manecitas
En mi almohada.
Me hablan de que estás lejos:
¡Locuras me hablan!
Ellos tienen tu sombra.
¡Yo tengo tu alma!”

José Martí, Ismaelillo, Hijo del Alma

Es mi mejor amigo y él lo sabe. Resabioso. Con bigotes. Jamás usa sandalias y menos, short que muestre sus piernas; pantalón, siempre pantalón y pulovers a la antigua. Por ser “a la antigua” creí que nuestra relación no sería tal cual es. Pero mi padre es muy inteligente.

Tuve miedo de su reacción el día en que me hice noviecita de Ajelandrito, tuve miedo de su reacción el día que supo que ya su niñita, su vejez como él mismo dice había perdido la virginidad, tuve miedo cuando llegué a mi casa de San Cristóbal una vez pasadas las tres de la madrugada y él me esperaba en el sillón. Esa noche solo me dijo: “Es que estaba preocupado”. Sigue leyendo

La pelota, la identidad

Peloteros en San CristobalMás de una semana ausente de este blog. Vacaciones en Cuba para quienes tenemos internet en el trabajo y somos cubanos de “a pie” implica distancia de Twitter, Facebook, WordPress, y de portales de noticias o de ocio… Ausencia de información, para ir al extremo.

Una semana en una especie de “retiro” en San Cristóbal, un lugar que quiero por los lindos recuerdos que me trae, un lugar por el que siento nostalgia algunas veces, pero un lugar en el creo no viviría nunca más.

Compartir con la familia siempre es reconfortante y más cuando tienes una familia medio loca a la que se le ocurre hacer pasarelas al estilo “Miss universo” o hablar del bloqueo y los problemas de Cuba pasadas las doce de la noche. Sigue leyendo