Como pez fuera del agua

piernas-de-mujer-y-nina-jpgEstas gentes que me rodean son una larva
son paridos por una sociedad enferma
que emigra al lugar donde la
desesperanza no vive.
Todos se callan.
Al frente hay un hombre africano que
sintoniza el noticiero
a la derecha este otro lee la sección de humor del periódico
y el del primer asiento visita el mundo
mientras apunta con su dedo cualquier
goegrafía en el mapa.
Yo voy aquí
en este barco herrumbroso
que hace ruido
que no vive
con un ADN no marcado
por el comportamiento de quienes son la
masa
a veces no me encuentro entre los
obreros, ni los sufridos, ni los primeros
con privilegios
ciertamente no sé por dónde vago
ni las ciudades que visito
ni por qué el color violeta del que antes era un
mar turquesa.
Hay un loco que canta un rap a mi lado y
me agiganta con su coro el tiempo.
Yo quiero amar a un hombre para olvidar
la inercia
y
huir con ese hombre.
Pero hay un ancla en este puerto que no me
deja.

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Oigo entrevistas, pero no las escucho

Foto: Arnaldo Mirabal

Foto: Arnaldo Mirabal

oigo a través de los audífonos
una voz que me habla de hipótesis y comprobaciones
pero no la escucho
escribo en el teclado sin saber qué escribo
a cada rato rompo la inercia y dejo de transcribir entrevistas
de gente importante que hoy son gente estúpida
porque quizás no pueden amar.
me desordeno
Entonces me levanto y tomo
el esmalte de uñas transparente
y con el pincel acaricio mis dedos
y elevo las manos
y siento el olor
y transcribo entrevistas
y me desconcentro
y me pierdo
¿Adónde vas? ¿Adónde vas?

Esquizofrenia

Mi árbol de cerezos no es de cerezos porque me dio claveles
y los claveles que vi en el retrato no eran claveles porque me dieron
rebanadas de queso.
Algo anda mal en mi misma y soy mi misma
yo no tengo cerezos, ni claveles, ni como rebanadas de queso.
Oh, no existe árbol en mi patio, no existen claveles
hay una mujer esquizoide que abre la boca para respirar
que se ahoga sin claveles, sin mensajes y con el telón abajo.
Algo anda mal en mi misma y soy mi misma
y sin embargo, todos los días apunto con la regadera
y dejo las gotas de agua caer.

Ya para entonces

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Intento hace días escribir una historia de amor. No me sale. La historia que quiero contar es tan real como todas las historias de amor y tan absurda como el propio sentimiento. En esa historia había un hombre raro, mustio y apuesto. Tan trigueño como el hombre que se quiere ver en los póster de publicidad. Había una mujer rara, empinada y atractiva, tanto como la mujer que arrebata a los hombres con solo dos cosas: los ojos y el corazón. El centro de esa historia de amor era un clavel. Ella se lo regaló un día. Él lo aceptó. Ella no sabe si aún lo guarda, (deshojado). A lo mejor él sospecha que ella guarda el pañuelo como único rastro. Un pañuelo con semen y lágrimas manchado de amarillo y con un mínimo olor a aquel perfume suyo. A ese hombre le vibró el pecho una vez mientras la besaba. A esa mujer le vibró el cuerpo una vez mientras lo tenía. Pero fue extraño.

Un día en la escalera hicieron el amor. Un mes después, en la misma escalera, él le hablaba de incapacidad. Ella no entendía. Se tendría que ir. De espaldas él la detuvo: “Tú sabes que yo te quiero, ¿verdad?”. Ella tembló. Se abrazaron, claro. A los días él se fue a un país lejano. (Kazajstán creo). Después a una ciudad inca. Ella lo esperaba. Él no podía imaginar que ella lo esperaría una vida. Pero fue ridículo. Todo lo fue. Cuando él llegó, hablaron unas tres horas por teléfono. Él no colgaba. Ella tampoco. Él no decía que no. Ella tampoco. Sin embargo ninguno de los dos decía que sí. Ella se alejó del aparato con la línea ocupada. Sentía rabia. Quería haber sacudido a ese hombre. Besarlo, apretarlo, acribillarlo, morderlo, hacerle el amor, apretar su entrepierna y acariciarla con su boca y luego ofrecerse encima de la cama, o en el baño frente al espejo, desnuda para él, como otras veces. O en el sofá. O encima de la mesa. O en la escalera. Pero no fue. A los tres días él no la llamó jamás. A los tres días ella salía con otro.

We’re gonna get it

 

mujer-lirio

Foto: Tomada de Internet

Cuando vengas por mí
no me hartes
con discursos de amores
ni de única mujer
ni de lo jamás sentido;
Si acaso,
jadea/suda/
muérdeme/estrújame
mírame.

Cuando vengas por mí
no me prometas,
no me idolatres,
no me ames,
no te quieras casar conmigo,
no me quieras llevar
para luego verme en el humo del café.
No te duermas en los montes de
mis senos pequeños e imperfectos,
no te rías,
no me abraces,
no quieras hacer milagros con tu boca
en el oasis de (mi) placer,
No te quieras llevar mi yo contigo
ni escribas mi nombre en
el dorso de tu tarjeta
después.

Cuando vengas por mí
veme sabiendo
impúdica,
coqueta,
loca,
entretenida
espontánea
sencilla.

Cuando vengas por mí
Tú,
jadea/suda
muérdeme/estrújame
¡mírame!
y solo ayúdame a encontrar el talismán que lancé al pozo.