Pasaje de un comienzo cualquiera

charcosAbre la ventana. Es oscuro. Pero tiene que empezar. Da el primer paso. Se alista. Saca sus cosas y las acomoda en otro bolso. Saca los libros, el dinero, el santo que no deja, el blúmer, la colonia con flores blancas y cascarilla; y la agenda. Eso es lo necesario.

Le enciende la luz. Le da un beso. Le susurra algo parecido a una canción y luego ríen juntas y chocan los cinco de la mano. Se visten a la par. Una se acomoda con un poco de colorete y sombra para los ojos. La otra, observa.

Abre la ventana otra vez. Ahora llueve. Tiene que esperar un rato. Desde el sillón ve como la abuela toma a la nieta, y la nieta desde la esquina arroja besos y adioses a su madre. Escampa.

Camina; pisando charcos. Tropieza con casi todos. Va saliendo el sol. Llega. “Hoy la gente tiene miedo”. (Piensa). Escribe. Vuelve a esperar. Mientras todo pasa, parpadea un eco recurrente:

“Habana vente, vente peso a La Habana, Habana vente…”

 

Entelequia

EntelequiaCree haberle conocido. Tenía la ávida costumbre de llegar con la mirada inquisidora a “ligar” nuevas conquistas, como buen amante. Le tendió el brazo, le brindó sus ojos, que desgastados, fueron recuperando picardía. Le jugó sucio cuando usó palabras incoherentes. (Las palabras son un juego de azar, y no se puede creer en ellas. Al menos no siempre). Vino a regalarle unos anteojos porque creyó que era demasiado ingenua. No hacía falta que él -precisamente él- le obsequiara aquellos cristales. Ella sabía usarlos, sabía cubrir sus ojos -aunque sin preferirlo- con sus lentes. Esos, que solaparon las lágrimas cuando otra vez, Venus había despertado de aquel espejismo.

Cuba

Melecon

Es el viejo que vende periódicos todas las mañanas al costado de la parada del ómnibus.

Es el pregonero en las calles y el que se acerca noche por noche a venderte cucuruchos de maní mientras tú desde el muro disfrutas ver las olas chocar contra el arrecife…

Es la algarabía de los barrios

Es la inconformidad de los obreros cuando no les alcanza el salario

Es el juego de dominó entre vecinos

Es la fiesta de muchos cuando el campeonato de béisbol

Es el masturbador detrás del monumento del parque

Son los novios que se besan entre luces

Son los médicos que te abren su casa

Es la prensa diciendo lo mismo. Sigue leyendo

Memorias de una noche en espera del alba

Amanecer

Ella llora. Yo escribo. Él duerme. Ellos están ebrios. Esos- que son más jóvenes- bailan. Empieza a llover. Se van las estrellas, se esconde la luna llena. Canta la rana. Truena. Ese perro callejero busca refugio en el portal vecino. Otro –también perro callejero- alza la pata y orina el poste de la luz de la esquina de aquel barrio insalubre de La Habana.

Esos dos se besan. Un matrimonio joven pretende templar a las tres y media de la madrugada mientras llueve y el estruendo del trueno no deja que los parientes del cuarto de al lado oigan los gemidos. Tiemplan. Sudan. Relampaguea. Terminan. La embarra de su semen.

Cesa la llovizna. Ella encontró consuelo. Él despierta. Los ebrios ahora están sobrios. Los que bailan descansan. La rana enmudece. Salen los perros del portal vecino. Los que tiemplan se duermen. Los que se besan, tiemplan.

La que escribe, guarda el borrador. Cantan los gallos. Amanece.

 

Mentiras de Dos

Sombras de parejasEs mentira que sepa lo que quiero,
es mentira que cante por cantar,
es mentira que que sea mejor torero
con toros de verdad.

Es mentira que no tenga ambiciones,
es mentira que crezca mi nariz,
es mentira que escribo las canciones
de amor pensando en tí.

Joaquín Sabina

Yo conocí a dos amantes. Eso. Tenían que ser amantes. Yo conocí a dos que se apasionaron, se desnudaron de alma, de cuerpo, se entregaron…

A esos dos le gustaba Sabina, esos dos eran extraterrestres en el breve espacio en que habitaban…

Yo conocí a dos que querían morir de amor, yo conocí a dos que se volvieron una mierda, yo conocí a dos que mataron una vida, un amanecer, un proyecto…

Esos dos, hoy son un sombi… ellos hoy, respiran, caminan, hablan y viven, pero muerieron. Murieron porque para los dos, la vida nunca será como al principio.

Esos dos murieron porque todo era mentira. Era mentira que supieran lo que querían,  y más mentira, que ella se acercara a lo que él, simplemente había soñado…

Tal  vez, ni ella ni él -que son esos dos- en ningún momento se conocieron…

Máscaras

mascarasTiene dos caras. Sale de su casa y deja la máscara encima de la mesita del televisor. Vuelve a llegar y la busca. Cada tarde usa la máscara, cada noche, cada madrugada, cada amanecer…

O cada día quizás; puede que no la deje encima de la mesita del televisor y salga con ella, y actúe, y engañe, y viva…