Memorias de una noche en espera del alba

Amanecer

Ella llora. Yo escribo. Él duerme. Ellos están ebrios. Esos- que son más jóvenes- bailan. Empieza a llover. Se van las estrellas, se esconde la luna llena. Canta la rana. Truena. Ese perro callejero busca refugio en el portal vecino. Otro –también perro callejero- alza la pata y orina el poste de la luz de la esquina de aquel barrio insalubre de La Habana.

Esos dos se besan. Un matrimonio joven pretende templar a las tres y media de la madrugada mientras llueve y el estruendo del trueno no deja que los parientes del cuarto de al lado oigan los gemidos. Tiemplan. Sudan. Relampaguea. Terminan. La embarra de su semen.

Cesa la llovizna. Ella encontró consuelo. Él despierta. Los ebrios ahora están sobrios. Los que bailan descansan. La rana enmudece. Salen los perros del portal vecino. Los que tiemplan se duermen. Los que se besan, tiemplan.

La que escribe, guarda el borrador. Cantan los gallos. Amanece.

 

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2 comentarios en “Memorias de una noche en espera del alba

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