La parábola del azulejo y yo

Joaquín y yo hemos construido, sin proponérnoslo, una especie de sociedad en la que los dos somos ganadores.

Foto de la autora

Joaquín vive en cautiverio. Aún así come alpiste todos los días, toma a punta de pico el agua que le doy, muda su plumaje y canta hermoso. Todas las mañanas canta. Aletea de día por toda la jaula. A veces permanece quieto. Duerme en las noches y nos despierta con su cantar. Yo lo observó desde que lo adopté y lo reparo. Es que él y yo nos parecemos mucho: Los dos estamos fuera de hábitat.

Joaquín y yo queremos ser amigos. Siempre que voy a la terraza espero a verlo cantar. Cuando lo hace sonrío. Después me voy. Yo también vivo en cautiverio. Aun así todos los días me levanto y quito la cortina de la ventana  para poder respirar bien. Me alimento sin deseos; pero me alimento. Tomo agua también; pero a “pico de pomo”. Más de la que solía tomar cuando aparentemente era libre. Todavía canto porque intento soltar letras. A veces también permanezco quieta. Demasiado. Otras aleteo igual desesperada y deambulo por mi jaula que es mi cuarto sin aliento y sin paz. A veces me alegro muchísimo de parecerme a Joaquín. Él, a diferencia de sus iguales, al menos está a salvo de los buitres. Y yo ahora también. Afuera hay aves demasiado carroñeras. Aquí no. Aquí estamos solo nosotros; aunque extrañemos -ocasionalmente- la vida antes de la jaula. En la jaula nos cuidan. De algún modo solo esperamos el día de volar.

Él no me lo ha dicho todavía, pero sé que canta para enseñarme. Yo no sé lo he dicho todavía, pero él sabe que escucharlo todos los días cantar, me hace correr desesperada a quitar la cortina de mi ventana para poder respirar bien. Joaquín y yo hemos construido, sin proponérnoslo, una especie de sociedad en la que los dos somos ganadores.

 

 

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Epístola

La Habana, febrero 17 de 2017

Amor mío:
Hoy se cumplen quince días de nuestro primer encuentro y desde entonces tengo repeticiones que me devuelven otra vez a ese lugar de La Habana que hicimos temblar.

Yo no sé, amor,
qué será de mi vida luego de esa explosión
ni adónde van mis pasos torpes
por estas calles
en las que no te encuentro.

Yo me levanto y nos veo juntos en esa imagen donde me besas o en aquella donde sonríes, y me tiro de la cama, y me acomodo el pelo, y permanezco inmóvil unos minutos pensando en la única posibilidad que tuvimos… Y salgo a la calle, y me visto bonita como si nos tropezáramos otra vez en esa esquina de Galiano y me tomaras de la mano y no me dejaras ir jamás… Por algunos minutos pienso en tu asustada reacción y en el primer abrazo Sigue leyendo

La soledad es un gato silencioso

Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

tengo un poema provocando contracciones
los perros callejeros que son muchos
allá afuera ladran
y muerden la tela de los pantalones de la
gente que no sabe más que caminar y
quitarse la ropa en una esquina
las venas se me vasocongestionan y
se me acerca la muerte vestida de ocre
y me le alejo
y viene una cucaracha a meterse en mi
zapato
y un grillo a grillar
y un gato negro a acariciarme el rostro
y una soga de saco a apretarme el cuello
y voy respirando sin apenas poder
y voy quedándome sin uñas
y me voy hundiendo en esta noche de
silencios y agonías y faltas y soledades
vuelven los perros las aspas del ventilador
los ronquidos el agua del pozo
el mensaje de texto los árboles del patio
los lirios del jardín las bufandas de colores
la sombra viva a tocar la puerta
la orilla vuelve a naufragarme como
otras veces cuando he muerto ahogada
hay un gato que me salva
todas las noches viene
y me mira y lo miro y no hablamos
y se va y vuelve y regresa y se va porque
de manso es jíbaro
y me deja el silencio y sube a los tejados
y no comparte nada conmigo
más que la soledad de todas las noches
todos los días
y todas las vidas que tenemos los dos.

Notificaciones

mujer-carreta-2Yo no puedo escribir. Al menos no ahora. No hoy. Tengo demasiado trabajo, estoy leyendo mucho, estudiando además otra vez y presentándome para formar parte de un centro de formación literaria. Solo me asomo para escupir dos cosas:

a-) Recibí esto: “Inmerecido… Agradecido”. Quiero responder esto: “Me da la gana”. De eso se trata la vida, ¿no? De hacer lo que nos da la gana/deseo/instinto/impulso… etc. En esencia, de vivir… Y que no viva el orgullo! Aunque bueno, vive el orgullo. No respondí.

b-) Acaban de proponerme por primera vez en la vida un trabajo cuya condición es tener buena presencia. Así. Tal cual se lee: “Necesitamos alguien como tú”. (Pensé, uff, “están buscando a alguien que gestione los social media, que organice y gestione sistemas de información o que escriba, periodísticamente hablando). Y no. No era eso. Necesitamos una muchacha de buena presencia física, o sea, una niña linda”.

El mundo se está volviendo loco. Se queda en blanco y negro o aparecen nuevos colores. A estas alturas ya ni sé.

Láser

 Foto: Tomada de Internet

Foto: Tomada de Internet

Nada que escribir. Mis ojos están de reposo. Me asomo por aquí solo para que mis lectores del blog lo sepan. Mañana me opero. Dice el médico que no puede hacerme la refracción hasta tanto no me opere del ángulo, que lo tengo muy estrecho y que el láser va impedir que desarrolle luego, más tarde, un glaucoma de ángulo estrecho. Yo tengo mucho miedo. Pienso que será sencillo, que saldré bien. Pero temo. No me indispongo, me predispongo; que no es igual. Me sucede con todo. Le pregunté al médico si podía dejar de hacerme ese tratamiento y me dijo que no. Que era si o si si no quería terminar ciega, como mi bisabuela. Mientras dejo listo todo lo del trabajo que no me tendrá esta semana, tomo tilo. A lo mejor mañana llego al hospital más calmada. No lo he dicho mucho. Nadie sabe que me opero y menos de mi miedo. Ay, el miedo. Ese y yo tenemos historia. Pero no les voy a contar. No ahora. Voy en mute hasta que mis ojitos sean dados de alta. Hasta ese entonces, deséenme suerte. (Si es que eso existe).

de-Construcciones

Foto: Tomada de Internet

Ha pasado algo terrible. No debo contarlo pero me han dicho que escriba un cuento sobre lo que llaman terrible. Sin embargo eso no es terrible, es más: Es horrendo, espantoso, horripilante, venenoso, vomitivo. Lo que ha pasado me deja sin ser. Y me han dicho que escriba porque eso tan terrible me ha pasado a mí. Y ahora mismo estoy segura de que en el planeta donde habito nadie se siente peor que yo. (Yo me siento de muerte). Se me ha muerto el alma. Se me van a morir los pensamientos, las ideas, todo lo que veo que luego viene a ser contado en pedazos de documentos o en los trozos de servilletas que escribo y luego transcribo, se me van a morir esos residuos de casi poemas y otros retazos de historias. Me voy a morir yo. No debo contarlo pero me han dicho que escriba un cuento sobre lo que llaman terrible. Yo no sé cómo se escribe un cuento. Si supiera, escribiría de un personaje con diez dedos y un teclado inservible que se sabe de memoria, hablaría de una mujer mustia y solitaria sin más compañía que las historias que guarda para contar desde un archivo en su vieja laptop, hablaría del maldito consumismo y los robots que viven para pagar lo último del mercado, hablaría del sacrificio, hablaría de la (in)felicidad. Ha pasado algo terrible. Mi madre ha regalado la máquina de escribir y al teclado de la vieja laptop se le cayeron letras; como a la ciudad edificios. Ya no tiene delete, ni backSpace, ni acentos, ni i griega, ni te, ni asteriscos. Si yo supiera escribir, mi historia fuera concisa y no tuviera titular:

“Soñé con mi teclado roto, con una ventanilla de avión y con aquella raspa dura que vendían antes. Todo eso en el mismo sueño. Yo no sé qué sucedía en mi sueño ni quiénes vivían en él. Yo estaba. Y huía”.

Elogio a la neurosis de escribir

Foto: Leslie Lister Reyes

Mira,
son diecinueve madrugadas
Sin dormir,
quinientas tazas de tilo,
diez blíster de somníferos,
siete puñaladas en mi vientre
con el cuchillo de la cocina
y no sale.
¿Acaso eres Bukoswki para dejar escrito
en un papel la ley de cómo hacerlo?
¿Despertaste a Lezama, a Vallejo o Idea?
¿Y a Borges, pudiste verle?
¿Cuántos manuales te leíste?
Mira,
yo me he halado los pelos,
me he dado trastazos contra las
paredes
he dicho:
“este si”
y luego he tirado esa mierda
a la basura,
he guardado más de treinta
servilletas con letras,
he venido con un trozo de
cartón mustio envuelto en garabatos
y no sale.
Mira,
No.
No. No. No.
Hacer un poema no es fácil
Un poema lleva mucho más que
entregar a tu madre una carta de amor
que escribiste a otro.
Un poema lleva más que un jardín, que
un puente,
que un doctorado con lupus eritematoso o
con cáncer de pulmón.
Un poema no lleva lágrimas,
ni sentimiento.
Tampoco frases ridículas
y menos declaraciones.
Mira,
No es mi momento
de hacerlo.
Un poema sale de adentro
y arde.
Llevo años
rompiendo mi cabeza,
sangrando
pujando
tratando de parir.
Mira,
hacer un poema no es fácil.
Estoy a punto
de volverme
loca en una habitación minúscula
Es la única forma.
Hasta que no suceda,
no voy a desistir.