Epístola

La Habana, febrero 17 de 2017

Amor mío:
Hoy se cumplen quince días de nuestro primer encuentro y desde entonces tengo repeticiones que me devuelven otra vez a ese lugar de La Habana que hicimos temblar.

Yo no sé, amor,
qué será de mi vida luego de esa explosión
ni adónde van mis pasos torpes
por estas calles
en las que no te encuentro.

Yo me levanto y nos veo juntos en esa imagen donde me besas o en aquella donde sonríes, y me tiro de la cama, y me acomodo el pelo, y permanezco inmóvil unos minutos pensando en la única posibilidad que tuvimos… Y salgo a la calle, y me visto bonita como si nos tropezáramos otra vez en esa esquina de Galiano y me tomaras de la mano y no me dejaras ir jamás… Por algunos minutos pienso en tu asustada reacción y en el primer abrazo que no debimos separar y que fue esa magia primigenia de captar olores, sabores y que nos condujo a caminar de la mano por esas calles del Trópico.

¡Ay, ese abrazo…!

Pienso en nuestros ataques de nervios (más en el tuyo) en aquella habitación callada que vino a llenarse de sudores, jadeos y caricias y que luego convertimos en n i d o…

¡F u i m o s h e r m o s o s a s í!

Entonces, amor, paso mis días con imágenes nítidas de ese rencuentro primero después de habernos conocido en vidas pasadas… y nos veo en el espejo desnudos, o riendo, o tomados de la mano, o encima de la cama destapándonos los pies…

Yo no sé, amor,
dónde está DIOS que me regala un
amor como el nuestro imposible.
Yo no sé buscarte más que en
fotos o letras,
o sobres de cartas,
o buzones de chats.
Yo no sé, amor,
cómo tocarte más que en los recuerdos
de febrero que no logro quietar
en ningún lugar de los afanes.
Yo te busco, amor, te busco…

Amor:
Yo lloro porque no puedo ir al Polo, porque no sé cuánto tiempo va a existir este castigo de no vernos, porque tu volver fue mejor que haberte ido y porque estoy muerta, amor…

Estoy presa de un miedo que no me deja volar a buscarte al Polo, ni quedarme más cerquita en un puente de California…

Tengo miedo amor, tengo miedo…

Pero hace quince días me acoplé en un cuerpo superior y ando amándote desesperadamente.

Grita tu amor al mundo entero,
ve la nieve que te quema en mi ausencia,
clama mi olor allá tan lejos,
extráñame tanto
                                tanto
                                            tanto…
                                                          y
vuelve.

En esta ciudad de personas tristes, hay una mujer que quiso parar el tiempo.

De ti
J. P

***

Ps: Esta carta fue para H desde su fechado hasta mi firma. Esta carta fue lo último que escribí con sentimiento. Esta carta fue desgarradora, como lo son las despedidas. H volvió y me ha hecho feliz. Me quitó muchísimas letras, pero me trajo muchísimas risas. A veces, ellas, las letras, se asoman… todavía me recuerdan que (aunque con H) sigo estando sola, y por ende, triste. Y yo solo escribo triste…

A veces, ellas, las letras, se asoman; y yo me levanto de la cama, y absorbo el tilo caliente, y cierro el ordenador y no termino las frases, y me abandono en la cama y veo el reloj, y cuento… Entonces H me escribe y yo me siento demasiado viva. Y una demasiado viva no ocupa el tiempo en escribir.

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