Pugna contra el tiempo

piernasMe viste de abajo hacia arriba. Claro, se te había caído aquella moneda de insignificante valor, y tú te habías agachado a tomarla del suelo. Justo pegado a mis pies, estaba ese centavo. Un centavo que podías haber ofrecido a aquella mujer enclenque que se veía tirada en la esquina de la acera pidiendo ayuda. Pero tú decidiste tropezarme, chocarme, detenerme… Y por eso me viste de abajo hacia arriba. Estabas pasmado. Tus ojos se quedaron mirando esas piernas, ¡sí, las mías!… Las que todos miran. No reaccionaste. Quise seguir mi paso. Tú estabas fijo delante de mí en medio de la acera estrepitosa, cargada de gente apurada por pasar. Cuando tomaste el centavo, me miraste a los ojos. Fue entonces cuando me detuve yo unos minutos. Ese día yo quería matarte. Ese día tú hubieses querido morir.

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