Saga de una novia soltera

apaga la luzEs tarde. Y para ella el tiempo no ha corrido lo suficiente. Hubiese querido adelantar no solo horas, si no días a su reloj. Es tarde. Pero deambula por la casa, por ese silencio torpe. Un silencio que la castiga. Anda desnuda, como una vez se vio mojada frente al espejo de su cuarto. Pero ha dejado de existir. Ella no; el espejo. Se fue cuando se fueron aquellos recuerdos.

Va a la sala. Allí, se quema el pelo. Se alista para la jornada matutina. Ve cómo sale humo de sus cabellos, ahora más lisos. Ve el humo a través del espejo y con el vapor siente que se le va lo único que le viene quedando de memorias. Se recuesta al ordenador. Cruza sus manos. Piensa. Se aturde. Hay demasiado silencio. Intenta entender. Escupe la soledad. Piensa demasiado. Sacude una letra que quizás él esté disfrutando: “Hello, it’s me/I was wondering if after all these years/You’d like to meet, to go over everything/They say that time’s supposed to heal ya/But I ain’t done much healing”

Vuelve a quemar su pelo. Se quita el anillo del dedo anular. Apaga la luz.

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