Viaje al edén

mano-y-cinturaLa vio desnuda y quedó preso en aquella imagen casi perfecta. Apretó su cuerpo contra sí y la dejó comenzar el baile. La miraba. La danza había empezado; y él -al estrechar sus manos en la cintura más ceñida que jamás vio- no pudo evitar perder la cabeza.

Cuando mordió la manzana, el mundo había dejado de existir.

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