Amiga Mayor

Halia y yoNo tengo certeza de las veces que he hablado de los amigos en este blog; pero sé que son varias. No creo ser una persona que tenga muchos enemigos porque no ha sido mi objetivo dañar a los demás nunca; pero si los tuviera, si hubiera alguien en esta vida que me cree su enemigo, me da igual. A mí me importa más la amistad, me preocupa más ser amiga y leal con quien escojo como aliado en la aventura de ese sentimiento que -cuando es sincero- es uno de los más lindos.

Halia, es mi pequeña gigante. Así le digo. Ella sabe cuánto bien me ha hecho el conocerla y tenerla cerca, desde que probamos que sabe ser amiga mayor y ampararme. En nuestra primera conversación ella me sirvió de paño de lágrimas, apenas sin conocernos, esa vez yo no tenía con quien llorar y ella me prestó un hombro, unos oídos que escucharon a una Johanna deprimida (confieso que mis crisis no son depresivas, si no de ansiedad) lloriqueando porque había acabado un amor de estudiante y porque mis padres de se habían separado y yo no entendía eso a mis 20 años.

Hubo tanta química en esa charla que, después, comenzamos a compartir todo en F y Tercera -Halia era la muchachita de primero de Periodismo del cuarto 2 del 13B, yo estaba en tercer año de la carrera cuando ella empezó la universidad-, compartíamos el calentador, un paquete de galletas, unos platanitos para acompañar la comida mala del comedor, compartíamos ratos en el muro del malecón de La Habana, compartíamos risas, noches de disfraces, comidas a deshoras, conversaciones…

Tuve suerte de tenerla desde tercero y hasta quinto año de la universidad, y aún la tengo. No todos los días encontramos amigos como ella. Ella detiene mis lágrimas cuando quieren asomarse, saca mis mejores carcajadas cuando le cuento alguna novedad, me levanta el teléfono con un “Amiguis” o un “Tis” o un “Putanis” más que sentido, me llama cuando me extraña, la llamo, hacemos citas para vernos y estar al tanto la una de la otra.

El día en que me gradué y me tocó la “suerte” de venir para Artemisa a fundar “el artemiseño” pensé mucho en las personas que iba a extrañar. Halia fue de una de esas personas. La nostalgia me invadió entera. Pero seguimos nuestra relación. Yo desde Artemisa, ella desde La Habana, aún en la universidad.

Halia ha sido partícipe de cada acontecimiento en mi vida. Halia estuvo al tanto de mi embarazo, de mi ingreso por hiperémesis gravídica, de mi alumbramiento. Es difícil olvidar que aquel 7 de junio de 2012. Apenas nació mi hija ya mi celular marcaba una llamada suya, y de Omairy, la otra niña del 13B que es mi amuleto. No le bastó y tal cual esperé se llegó a mi casa a conocer a Bela, cuando era una bebita de un mes y unos pocos días…

Yo la extraño. Sobre todo en los días en que quiero tener cerca a un amigo para hablarle de mis desvaríos, o para reír sin parar, o para ayudarla y hacer por ella lo que sea.

No haré el resumen más completo de nuestros ratos en este post, no me alcanzaría un blog, y los aburriría a ustedes de tanto escribir… no sé cómo terminar estas confesiones que ahora se me han ocurrido y el teclado se ha disparado a escribir de mi pequeña como si no encontrara el punto final… (debe ser que la extraño mucho 😉 )

El mejor cierre que le encuentro a mis ideas locas ahora es hablarle…

“Mi pequeña gigante, sabes por qué te digo así y vamos a dejarlo en secretico, si me lees ahora no llores porque te digo que te extraño, que estoy sola en mi casa y empecé a ver nuestras fotos en la beca, que vi el video que hicimos en el malecón una de las muchas veces que se fue contra el muro por la entrada de un frente frío, que he muerto de risa viendo la filmación que me hiciste hablando en el mismo muro cuando se fue la corriente en F y Tercera; que aunque no nos veamos todos los días te tengo presente en mi actuar y sabes por qué, que te admiro, aún con ese pequeño tamaño por quien eres y por tu manera de querer, que eres una hija excelente, que tu alegría es contagiosa, que Isabella aprendió a decir “tía Halia”, que tu amistad es uno de mis mejores logros, que el día en que quizás estemos mediadas por un correo electrónico, o un chat, será muy triste para mí porque pasaremos más tiempo sin vernos.

No sé cómo terminar esto que me produce una sensación extraña con sabor a nostalgia, no sé y no quiero hacer este post tan largo.

Al azar, a la beca, a la universidad, a La Habana le doy las gracias por haberte conocido. No llores mi niña si te digo que eres la amiga que puede ser mi hermana, si te digo por ti haría sacrificios si tuviera que salvarte. Un día, a fines de este marzo, me escribiste en un mensaje cuando te dejé en la beca: “Gracias por tu amistad, he tenido un tenido un día genial contigo”.

Hoy te devuelvo el mismo mensaje pero no por celular porque no tengo un puto centavo de crédito. (Además esta muela que he escrito aquí es gratis 😛 ) “Gracias por tu amistad, he tenido momentos geniales contigo, te quiero mucho mi niña linda”.

No encuentro otro final, y no quiero hacer este post tan largo.

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2 comentarios en “Amiga Mayor

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