Diferentes; y amigas

Yaimi y JohannaLos buenos amigos no han de pasar un tiempo en el que al menos no hayan tenido un día para fajarse. Eso no lo inventé yo. Lo he escuchado por ahí…

Yaimi y yo somos muy diferentes; pero nos queremos cantidad. Anoche discutimos. Cuando digo que discutimos hablo muy en serio. Digamos que nos fajamos -en Cuba fajarse es tener discrepancias, no estar de acuerdo- a las palabras incómodas.

La cosa empezó porque osé comentarle estaba loca por terminar las vacaciones y empezar a trabajar. Es que nunca he soportado la casa y los días en que amanezco y no salgo ni a la esquina, llego al estado de no soportame.

Ella con su tesis de que la casa es lo mejor, que es más tranquila, que en la calle no hay nada que buscar…

Yo; con que la casa envejece, que te pasas el día desgreñada, que no te arreglas, que solo te enredas con la lavadora, el fregadero, con el palo y la colcha de limpiar…

Yaimi vino entonces con sus ideas de que para qué tanto estudio, si “siempre a fin de mes tienes que llamar a tu papá porque eres una profesional y no te alcanza lo que cobras”. Sí. Ella tiene razón. Es verdad que mi papá me mantiene siempre a fin de mes. Es verdad que no me pagan quizás como ella gana en el negocio que tiene con su esposo hace tres años. Pero… ¿y si mañana su esposo y ella rompen?

– ¿Que has hecho de tu vida? Meterte dentro de la casa a imprimir cuadritos sin título universitario, sin amistades, sin temas para conversar, sin libros que leer… ¿Te conformas con haberte quedado ahí y así?. Pregunté.

Hubo un momento en el cual -las dos- nos percatamos del tono que estaba tomando la conversación que había iniciado un comentario mio. En medio de ese barullo estaba mi hija Isabella mandándonos a callar. La miramos a ella y nos miramos.

Decidimos obedecer a la niña. Al final cada quien tiene derecho a hacer lo que crea conveniente con su vida mientras se sienta bien.

Yaimi se fue a su casa. Y como vivimos tan cerquita -una frente a la otra- y yo no podía estar tranquila luego de tamaña discusión, subí las esclaras y toqué su puerta. Le dije necesitar imprimir una postal para un intercambio de regalos en el trabajo. Busqué esta frase que un día leí (creo de es de Leonardo da Vinci): “Reprende al amigo en silencio y alábalo en público”.

Y ella -mi amiga- imprimió la postal. Dejé los 10 pesos encima de la mesita (el negocio es negocio 😉 ) y antes de irme se la di. Las dos lloramos, nos apretamos en solo abrazo… Y es que una amistad de tantos años no puede joderse porque ella sea feliz de una manera;  y yo de otra 😉

 

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9 comentarios en “Diferentes; y amigas

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